Hasta el 40 de mayo
Anda despendolado el personal, especialmente el juvenil femenino, quitándose ropa con las temperaturas que tras Semana Santa han disparado hacia arriba el mercurio, como se decía en viejuna metáfora cuando este metal reinaba en los termómetros.
“Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo”, reza un archifamoso refrán. Para muchos obedece a la inestabilidad de la primavera y sigue siendo una advertencia para permanecer abrigado hasta estar seguro de que desaparece el tiempo frío. O sea, el 10 de junio. Al menos, antes. Recuerdo por ser mi cumpleaños haber visto nebusquear en mi pueblo un 29 de mayo.
Jovenzanos y urbanitas de hoy no saben y seguramente se la refanfinfla que el sayo era una prenda de abrigo habitual de campesinos y gente modesta durante el invierno. En ocasiones se le denominaba “capisayo” si tenía capuchas o capas.
En mis primeras lides informativas en Madrid un sabelotodo de la calle Montera me rebatió que el proverbio tuviera que ver con la sabiduría ancestral. Defendía la teoría de que su origen no se refería a una fecha sino a un lugar concreto: un burdel de postín en la afamada calle.
Era una especie de advertencia a hombres forasteros, muchos campesinos llegados tras haber vendido ganado, grano o miel, para que viniendo desde la Puerta del Sol no entraran en los primeros de la rúa, sino que mejor llegaran hasta el final llamado “40 de Mayo”. Allí podrían quitarse el sayo ante las ‘cariñosas’ más sobresalientes de la capital.
El dicho habría evolucionado con el tiempo hasta su uso actual vinculado a la climatología.
En mi pueblo, muy dados a añadidos a modo de estrambote a refranes, agregaban tras “Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo”: “Y si junio viene ruin, hasta el fin”. Pues eso.