15/01/2021 / 18:19
José Serrano Belinchón


Imagenes

La escultura funeraria en España

Como edición que tiene su merecido espacio dentro de la bibliografía castellanomanchega, y siendo la nuestra una de las tres provincias que entran en su contenido, el libro me ha parecido de extraordinario interés.


Las Bellas Artes son las siete formas posibles de llevar a término lo que el hombre considera bello, es decir, acorde con la complacencia general en cualquier momento de la Historia, y la Escultura es una de esas formas posibles. La podríamos definir como el arte de modelar la arcilla, tallar la piedra, la madera y distintos metales. A través de ello el artista se expresa creando volúmenes y conformando espacios dentro de unas determinadas reglas. El escultor crea formas nuevas en el espacio tridimensional sirviéndose de materiales apropiados, entre los que se encuentran los acabados de referir como los más al uso. Hoy, amigo lector, te hablo de esto porque he sacado de mi biblioteca el estupendo ejemplar, editado por Aache en el año 2000, segunda impresión de aquella primera que viese la luz en Madrid el año 1919, y que tiene por título “La Escultura Funeraria en España”, con referencia a las provincias de Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara, las tres integradas hoy dentro de nuestra Comunidad Autónoma, y antes lo fueron de Castilla la Nueva. El libro lo escribió don Ricardo de Orueta no menos de cien años atrás, estupenda edición, tapas duras y primer tomo de la colección “Proyecto Lucena” de la dicha editorial guadalajareña, coincidiendo con la apertura del nuevo siglo.

Como edición que tiene su merecido espacio dentro de la bibliografía castellanomanchega, y siendo la nuestra una de las tres provincias que entran en su contenido, el libro me ha parecido de extraordinario interés. Es parte, entiendo, de un proyecto que se cerró sin haber concluido, en el que deberían de entrar las cinco provincias de la extinta Castilla la Nueva, incluida Madrid. Por cuanto a Guadalajara se refiere, el trabajo estrella está dedicado al artístico enterramiento de don Martín Vázquez de Arce, el “Doncel” de la catedral de Sigüenza; capilla familiar en la que se encuentran, así mismo, las estatuas yacentes de sus padres, don Fernando de Arce y doña Catalina de Sosa, y en lugar aparte, dentro de la misma capilla, queda el enterramiento de su hermano don Fernando, arzobispo de Canarias. A estas pétreas figuras habría que añadir las menos conocidas de los Condes de Tendilla, don Íñigo López de Mendoza y doña Elvira de Quiñones su mujer, en San Ginés de Guadalajara, y algunas más, repartidas por lugares distintos de la provincia, como pudiera ser la de don Rodrigo de Campuzano en San Nicolás, o las de don Francisco de Eraso y doña Mariana de Peralta en Mohernando, además de las de don Alonso de la Fuente y el obispo don Garcí-Gil Manrique, en la Fuensaviñán y en el Pobo de Dueñas respectivamente.

 


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