La historia de un pueblo fantasma y sus alrededores

23/02/2023 - 19:24 M.A.M.

España tiene multitud de pueblos fantasma, unos, como Belchite, porque desgraciadamente cayeron en las garras de la contienda bélica del 36. Otros, como consecuencia del azote de la despoblación que afecta a gran parte de los municipios de España y Guadalajara.

Ya se veía venir en los años 60. Los jóvenes ya se empezaban a marchar de los pueblos rumbo a las grandes ciudades, donde comenzaba a llegar una prosperidad y un bienestar desconocido hasta entonces. Fueron pasando los meses, los años, y ya, a comienzos de los años 80, el problema comenzaba a ser serio, inquietante. Donde había ganado o cultivos, tanto las cabezas de ovino, o bovino, como las hectáreas, iban disminuyendo año tras año. Al principio, se tenía la sensación de que era algo pasajero. Pero el avance de la despoblación era tan sutil, que ya se notaba severamente a finales de los 80.

 

Los pueblos perdían habitantes y, lo que es y sigue siendo peor, personas empadronadas, que es el medio de presión que usan los Ayuntamientos para lograr subvenciones y mantener los servicios e infraestructuras. En la actualidad muchos de ellos se han convertido en auténticos museos etnográficos, para los turistas de festivos y fin de semana, y lugares de descanso y esparcimiento, para los jubilados y naturales del pueblo.

 

    

El municipio de Anguita, y sus cuatro pedanías, reflejan a la perfección cómo evoluciona el fenómeno de la despoblación en la denominada Serranía Celtibérica, una zona en la que se registran niveles de densidad poblacional muy cercanos a los de Laponia. Y eso que hablamos de población censada, que si habláramos de población real…

         

El alcalde de Anguita, Pedro Martínez, de 48 años, y natural de Villarejo de Medina, uno de sus núcleos, nos ilustra lo que supone un problema, sobre todo si no llegan las ayudas, para mantener estos pueblos, por un lado, para cuando llegan sus vecinos desde Madrid o Aragón, con el objeto de descansar del trabajo, o de vacaciones, y, por otro,  atender las necesidades de los que viven de forma permanente, con una edad media próxima a los 70 años.

 

Pedro Martínez (PSOE) es el alcalde de Anguita, término que abarca cuatro pedanías y un total de 160 empadronados, incluyendo los núcleos.

En Anguita hay 100 inscritos en el padrón, pero en realidad residen a diario entre 70 y 80, según los prejubilados que lleguen en primavera. Cuando llega el verano, se supera ampliamente el centenar de personas. Su  población fija se dedica a la agricultura, la albañilería, a atender la tienda, el bar y la farmacia. Tiene un colegio que está cerrado, porque no hay más de tres niños, y un médico que viene dos días por semana. Sumando los habitantes de las pedanías alcanza las 165 almas oficiales, aunque, en realidad, no residen más de 110, la mayoría fijos, pero otros van y vienen, de forma flotante. 

 

No hay consultorio permanente. El resto de días, o cuando hay una urgencia, se llama o se acude al centro de salud Alcolea.

 

“Son pueblos pequeños que cuando llegan los fines de semana, o el verano, llegan los jubilados, la gente nacida aquí en general, y algunos de fuera”, explica el regidor de Anguita.  “Desde diciembre a marzo es una época que desaparece todo el mundo”.

 

Sin embargo, los servicios básicos siempre están garantizados. Las carreteras fueron totalmente reparadas tras el incendio de 2005, que arrasó la zona. En cuanto a cobertura móvil, indica, “estamos poniendo una especie de conexión de fibra vía satélite y renovando las redes de agua, pero al final –continúa- implica una inversión muy grande por habitante”.

Pequeñas obras en pueblos medianos se convierten en una pesada losa cuando hablamos de este tipo de núcleos. “El deposito de Padilla esta con grietas. Hay una inversión muy fuerte que hay que hacer en materia de agua potable, pero si fuera por habitante empadronado no lo harías”, sin embargo, “gracias a que Junta y Diputación nos subvenciona este tipo de obras, podemos sacarlas adelante”.

           

Uno de los principales problemas es el empadronamiento. Es la forma de lograr más servicios, y, por tanto, un mayor crecimiento. “Es lo que reivindicamos a los vecinos –comenta- pero es muy difícil, hay cosas que no pueden ser; como vengas de otra comunidad, es un problema”. Muchos de los naturales de estos pueblos del Ducado tienen su residencia habitual en grandes ciudades de otras comunidades, donde reciben la atención médica. Otros tienen hijos en edad escolar y no pueden, también por motivos sanitarios o educativos.

           

Entre tanto, comenta Pedro en tono distendido, “vamos tirando. En Anguita con el presupuesto hacemos lo que podemos”. Cuando salen las subvenciones “nos lanzamos a por ellas, y, si hay alguna que es posible, lograrla”.

 

           

El alcalde pide un “plus” de población flotante

Anguita más sus cuatro pedanías alcanza 165 censados. “Atendemos las necesidades, y los servicios básicos están cubiertos, pero, a la hora de atender los imprevistos de cada pueblo, hay que priorizar las actuaciones por orden de urgencia”, afirma, con un dinero que en su mayoría llega a través de las subvenciones.

 

“Cuando tenemos alguna reunión a alto nivel lo que intentamos trasladar es un plus por población flotante en verano, porque para cuando llega debo tener agua o saneamiento para 1.000 personas, casi 10 veces más”, remarca el responsable municipal, por lo que pide “un fondo de compensación para dar servicio a la población fija y la flotante”.

 

Hace décadas

En Anguita y sus pedanías, en los años 60, Pedro Martínez detalla que “había el doble o el triple de vecinos; estaba la escuela abierta en Anguita, los chavales iban a estudiar a Sigüenza, había gente en la calle, niños, adolescentes, se trabajaba en obras, el monte, teníamos más albañiles, agricultores, ganaderos…”.

 

Pero todo empezó a decaer, poco a poco, en esa década (60-70). Según se acercaban los 80, “la gente empezaba a irse y no volvía nada más que en verano, los que decidían quedarse lo hacían hasta que sus hijos crecieran y los abuelos que se quedaban han ido muriendo”, resume. “Y a menos que vamos a ir”, lamenta.

 

Son pueblos tan pequeños que poco futuro les queda, aldeas cerradas entre semana y abiertas con el buen tiempo o el fin de semana, algo que, a su juicio, “no es reversible en pueblos que no tienen más de 15 habitantes”.

 

¿Y en Anguita?

- “En Anguita, seguramente también, a medio largo plazo es irreversible".

 

Visto desde fuera, seguir adelante es muy complicado y en ocasiones poco reconfortante. Sin  embargo, a Pedro Martínez le motiva luchar por sus pueblos,  “para garantizarles unos servicios mínimos, medianamente cuidados, arreglados los edificios municipales" y, sobre todo, “visto que atraer población estable es muy difícil, que la gente venga lo más posible los fines de semana, que los chavales sigan teniendo ese cariño al pueblo, que sigan arraigados y que sigan viendo, porque si no,  pueblo cerrado”, concluye.