27/03/2021 / 11:53
José Serrano Belinchón


Imagenes

La Isabela en el recuerdo

  Debo confesar que leído todo aquello que fue cayendo en mis manos acerca de aquel Real Sitio. 


Es ésta la tercera o cuarta vez que viajo hasta el espacioso valle del río Guadiela, en donde estuvo el Real Sitio, del que todavía conserva su nombre. Hace tiempo que vi todo aquello cubierto de agua. El agua del embalse se aproximaba a los muros derruidos de La Isabela, dejando los paredones todos en pie, todos como alineados sobre el altillo que les sirve de pedestal, teniendo al poniente el remanso de las aguas que cubría los árboles hasta la cruz, y al lado opuesto las tierras llanas removidas por el arado, pendientes de si se volverán a inundar alguna vez como antes lo estuvieron.

   A eso de la caída del sol los peces saltan y se chapuzan en la brillante superficie del pantano, dejando en su entorno una serie de círculos concéntricos, de menor a mayor, que enseguida desaparecen. Pregunto a un campesino de Sacedón que anda cogiendo aceitunas de los olivos, si él llegó a conocer el balneario de La Isabela antes de que subieran las aguas. Se ve que el hombre no estaba bien informado, que de niño estuvo alguna vez por allí, pero su recuerdo era impreciso. Aquí le decíamos Los Baños -me respondió-; pero mucho antes había sido palacio real.

  Debo confesar que leído todo aquello que fue cayendo en mis manos acerca de aquel Real Sitio. Aparte del recuerdo de las gentes, que tal vez sea lo que menos cuenta a medida que transcurre el tiempo, hay bastante información escrita como para hacerse una idea aproximada de lo que pudo ser y de lo que allí hubo. La Enciclopedia Madoz y el Manual del bañista de don Basilio Sebastián, publicados ambos a mediados del siglo XIX, contienen información de primera mano, de la que tomo. “A este lado se hallan los jardines y huertas del Real Patrimonio, que coge un gran terreno y en el que se ven multitud de flores y árboles frutales de todas clases, arreglados, arreglados en calles, y en un ingenioso laberinto en el que se divierten los bañistas, para los que se halla abierta la posesión todas las tardes, paseándose en preferencia siempre en este sitio las señoras”.


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