18/05/2019 / 13:44
José Serrano Belinchón


Imagenes

Las aves de nuestro campo, ¿en peligro?

La asociación SEO (Sociedad Española de Ornitología) hizo públicos tiempo atrás los resultados sobre el desenvolvimiento por especies del campo español.


No es la primera vez que toco este tema. Recientemente, y con referencia a nuestro país, hemos vuelto a saber del momento actual por cuanto a estadísticas y recuentos acerca de la población de aves menores que pueblan en libertad nuestro entorno. Todos los animales del hábitat silvestre en nuestros campos, han sufrido un descenso de población alarmante, tanto que de alguna manera nos debe preocupar, y especialmente por cuanto se refiere a las aves.
La asociación SEO (Sociedad Española de Ornitología) hizo públicos tiempo atrás los resultados sobre el desenvolvimiento por especies del campo español, por cuanto a aves menores, muchas de ellas propias de nuestros campos, y que con referencia al año 2000, el descenso ha sido superior al cincuenta por ciento en algunos casos. Y así, del alcaudón real habían desaparecido el 57% de la población;  de la codorniz, pieza especialmente considerada por nuestros cazadores, había sido del 53%; de la grajilla común faltaban el 44%; de la golondrina el 41%; y en número menor, pero no por eso menos preocupante, figuran el mochuelo, cuya presencia en nuestros campos había descendido un 37%, y en el mismo porcentaje lo habían hecho el cernícalo vulgar y en un 34% la cantora calandria. En dicha estadística figuraban también la perdiz roja castellana, de la que en aquella primavera registraba una caída del 16% , y el gorrión común, poblador infatigable de los huertos y de las calles de nuestros pueblos, los cuáles, por tener más medios de subsistencia, habían descendido en número sólo un 5%.
Las causas principales por las que se venía produciendo este fenómeno eran varias y muy distintas, provocadas por las nuevas maneras de vivir, así como por el desprecio generalizado a la Naturaleza y la falta de respeto a sus leyes inapelables, de lo que antes o después acaban pasando factura. El desarrollo de la agricultura intensiva , la desaparición de una buena parte de la ganadería y el abandono del medio rural, también suelen contar entre esas causas; y con una incidencia todavía mayor, el uso masivo de productos químicos en la agricultura: abonos no naturales y pesticidas; a lo que habría que añadir la práctica de actividades cinegéticas incontroladas, vaciado de nidos, y otras artes tan antiguas y tan dañinas como la existencia del hombre sobre la tierra.
No me resisto a omitir la abundancia de palomas que ensucian nuestra ciudad, y que podría ser asunto exclusivo de otro comentario.


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