Málaga abre el telón: vejez, educación y salud mental en una primera jornada con alma


El Festival de Málaga arrancó su vigesimonovena edición con una jornada que combinó emoción, reflexión social y un cine profundamente humano. Tres películas muy distintas marcaron el tono de un primer día en el que la ciudad volvió a convertirse en capital del cine en español, entre alfombras rojas, salas llenas y conversaciones apasionadas en cada esquina del centro histórico.

 

La inauguración: la belleza de envejecer con dignidad

La jornada comenzó con la película inaugural, Calle Málaga, dirigida por la cineasta marroquí Maryam Touzani, una de las voces más interesantes del cine mediterráneo actual. Touzani ya había demostrado su talento con títulos como Adam (2019) y El caftán azul (2022), dos obras de enorme sensibilidad que la situaron en el mapa internacional. En esta ocasión firma su primer largometraje rodado en español, una coproducción entre Marruecos, España, Francia, Alemania y Bélgica. La película tuvo su estreno mundial en el Festival de Venecia, donde obtuvo el premio del público en su sección correspondiente, y fue elegida por Marruecos como candidata al Óscar a mejor película internacional.

La protagonista es Carmen Maura, que ofrece una interpretación colosal como María Ángeles, una mujer de 79 años que vive en Tánger, en el barrio donde transcurrió toda su vida. Su existencia tranquila, llena de pequeños rituales cotidianos y relaciones con vecinos y comerciantes, se ve alterada cuando su hija Clara —interpretada por Marta Etura— llega desde Madrid con la intención de vender el piso familiar. 

La película explora el conflicto entre generaciones, pero también algo mucho más profundo: la defensa del derecho a decidir sobre la propia vida cuando se llega a la vejez. En ese proceso, María Ángeles se resiste a abandonar su casa y, casi sin esperarlo, redescubre el amor al conocer a un anticuario interpretado por Ahmed Boulane.

Es una película luminosa, emotiva, profundamente nostálgica. Un canto a la memoria, a los lugares que nos sostienen y a la libertad personal incluso en la última etapa de la vida.

Tras la proyección tuvo lugar la rueda de prensa, con la presencia de la directora y del equipo artístico. Como era de esperar, todas las miradas se dirigieron a Carmen Maura, auténtica estrella de la mañana. La actriz se mostró cercana y divertida, reivindicando la idea de que después de los ochenta se puede seguir viviendo con intensidad, independencia y deseo.

En una breve conversación posterior comentaba algo muy revelador: durante años le incomodaba que la gente la parara por la calle, pero ahora disfruta ese contacto con el público. Porque —decía— una película no solo se hace para rodarla, sino para que alguien la vea.

La rueda de prensa estuvo moderada por Fernando Méndez-Leite, presidente de la Academia de Cine, que como es habitual dirigió el encuentro con su tono pausado y cordial. Antes de empezar, saludó afectuosamente al grupo de críticos que ocupábamos las primeras filas, junto a la jefa de prensa del festival.

 

 

La tarde en el Albéniz: educación, clase social y postureo

La segunda película del día se proyectó a las cuatro de la tarde en los Cines Albéniz, una de las sedes más emblemáticas del festival. Situados junto al Teatro Romano y a los pies de la Alcazaba, a escasos metros de la Plaza de la Merced, estos cines tienen ese encanto de los lugares con historia donde el cine todavía se vive con cierta liturgia.

La película era Altas capacidades, dirigida por Víctor García León, una comedia dramática protagonizada por Marián ÁlvarezIsrael Elejalde y Juan Diego Botto.

La historia parte de una premisa muy reconocible: los padres de un niño conflictivo deciden cambiarlo de colegio y matricularlo en un centro privado de élite. Lo que en apariencia es una decisión educativa se revela pronto como un intento de ascenso social.

La película arranca con fuerza y contiene momentos realmente divertidos, especialmente gracias al personaje interpretado por Juan Diego Botto, que aporta comicidad. Sin embargo, a medida que avanza el relato parece perder algo de fuelle. La idea es estupenda, pero el desarrollo no siempre está a la altura de sus posibilidades.

Eso sí, la película acierta al retratar una sociedad dominada por el postureo y la obsesión por el estatus. Todos los personajes parecen atrapados en una especie de competición social permanente, donde el colegio del niño funciona casi como una tarjeta de presentación.

Curiosamente, los únicos personajes que conservan algo de cordura son los abuelos, padres del personaje de Marián Álvarez, representantes de una generación que observa con cierto estupor el delirio competitivo de los adultos actuales.

 

La noche: correr contra los fantasmas

La tercera y última película de la jornada fue Corredora, dirigida por Laura García Alonso, un drama que aborda la salud mental con notable sensibilidad.

La protagonista es Alba Sáez, que interpreta a una joven atleta marcada por la muerte de su madre en un accidente. Ese trauma desencadena un episodio de delirio paranoide, que culmina en un grave accidente.Tras el ingreso hospitalario y el tratamiento con neurolépticos, la película se centra en su difícil proceso de reconstrucción personal.

Junto a ella destacan Marina Salas, en el papel de su hermana, y Álex Brendemühl, un actor que siempre aporta profundidad y matices a cualquier historia en la que participa.

Corredora es una película sencilla en su planteamiento, pero interesante en su mirada. Retrata con bastante precisión ese universo del pensamiento paranoide que tantas veces resulta incomprensible para quienes lo observan desde fuera. Más que una historia sobre el deporte, es un relato sobre la fragilidad mental y la posibilidad —siempre compleja— de volver a levantarse.

 

 

Un festival que vuelve a latir

Así terminó la primera jornada del Festival de Málaga, con tres películas que, cada una a su manera, hablaban de la vida cuando ésta se complica: la vejez, la presión social o la enfermedad mental.

Málaga volvió a demostrar que no es solo un festival de alfombra roja. Es también un lugar donde el cine se encuentra con la vida cotidiana, donde las historias pequeñas adquieren dimensión universal.

Y apenas es el primer día. El festival acaba de empezar.