Miércoles 11 de marzo en el Festival de Málaga: cine, churros malagueños y un proyector que decidió tomarse el día libre


El día amanece soleado y luminoso en Málaga, aunque el frío sigue siendo protagonista de esta edición del festival, algo poco habitual para quienes llevan años acudiendo a esta cita. El sol engaña: parece primavera, pero el aire recuerda más bien a un invierno rezagado que se resiste a marcharse.

La primera sesión de la mañana nos lleva a los cines Albéniz con Yo no moriré de amor, el debut en el largometraje de Marta Matute. La película aborda una historia profundamente personal: el proceso de deterioro de una madre afectada por demencia frontotemporal visto desde los ojos de su hija adolescente.

La demencia frontotemporal es una enfermedad neurodegenerativa distinta al Alzheimer. Suele aparecer antes, en edades preseniles —a menudo antes de los 50 años— y se caracteriza por cambios de personalidad, alteraciones conductuales y, en fases avanzadas, síntomas motores. La película recorre más de cinco años de evolución de la enfermedad, mostrando cómo se va desmoronando la vida familiar.

En pantalla destacan Sonia Almarcha, que interpreta a la madre enferma con una mezcla de fragilidad y desconcierto que resulta muy convincente; Laura Weissmahr como la hija mayor; y Tomás del Estal, que encarna al padre con una sobriedad emocional muy efectiva.

Durante la rueda de prensa posterior, Marta Matute explica que la película nace de su propia experiencia: primero la enfermedad de su madre —ya fallecida— y actualmente la de su padre. Esa vivencia personal impregna la película de una autenticidad que se percibe en cada escena.

Al salir a la calle ocurre una de esas pequeñas casualidades que solo pasan en los festivales. Nos encontramos con Tomás del Estal, que se acerca con curiosidad para preguntar qué nos ha parecido la película. Charlamos un rato con él. Se muestra cercano, amable, incluso divertido. Y la anécdota no termina ahí: después de comer volvemos a cruzarnos con él y vuelve a saludarnos con la misma cordialidad. Un detalle de los que hacen simpática la vida festivalera en Málaga.

Entre película y película, la mañana pide una pausa gastronómica. El destino: Tejeringos, una cafetería ya casi institucional en Málaga. Allí probamos los famosos tejeringos, una especialidad local que podríamos describir como un punto intermedio entre el churro clásico y la porra madrileña: más grandes que los churros, pero menos gruesos que las porras. Con chocolate caliente, en una mañana fresca, saben a gloria.

La segunda película del día es Pizza Movies, dirigida por Carlo Padial y protagonizada por Berto Romero y la cómica catalana Judith Martín. El reparto incluye también a nombres tan conocidos como Joaquín ReyesBruna CusíRaúl Arévalo o Tamar Novas.

La premisa es tan absurda como divertida. Judith Martín interpreta a una crítica de cine que, ante la precariedad laboral del sector —ese tema que tantos conocemos— decide abrir una pizzería temática dedicada al cine. Así nacen pizzas como la “ET”, la “Casablanca” o la “Psicosis”. Para el reparto a domicilio contrata a otros críticos de cine en paro o mal pagados, porque —según la lógica del guion— nadie mejor que ellos para repartir cultura cinematográfica… aunque sea en cajas de cartón con mozzarella.

La película funciona como una sátira bastante acertada sobre el estado actual de la crítica cinematográfica, el poder de las redes sociales, la precariedad cultural y el caos del ecosistema mediático contemporáneo. Todo ello envuelto en un tono de comedia que, en muchos momentos, resulta francamente divertido.

Tras una comida generosa —en la que quien firma estas líneas se anima con un plato de habichuelas malagueñas— la jornada da un giro inesperado. La película de la tarde no puede proyectarse: una avería eléctrica deja fuera de combate los proyectores de los cines Albéniz. En un festival donde cada minuto está milimetrado, el caos se instala durante unas horas.

Para llenar ese vacío improvisado, nos acercamos al Rectorado de la Universidad de Málaga, donde se presenta el teaser de un proyecto cinematográfico titulado Complot. En realidad no es todavía una película, sino un adelanto pensado para atraer financiación. Entre los participantes aparece Rodrigo Sancho, hijo del mítico actor Sancho Gracia y hermano de Rodolfo Sancho.

La charla está moderada por el agitador cultural Luis Alegre, que aporta su habitual entusiasmo a la conversación. El acto resulta curioso y sirve, al menos, para salvar parcialmente la tarde.

Intentamos asistir a la siguiente proyección programada, una película latinoamericana de la sección oficial, La hija del Cóndor, pero el proyector sigue averiado. Plan B.

Nos desplazamos entonces al Auditorio Picasso, cercano también a los Albéniz, donde se proyecta el mediometraje documental El inventor del cine invisible, dirigido por Manuel Jiménez Núñez.

El documental es un homenaje a Guillermo Jiménez  Smerdou, uno de los periodistas cinematográficos más longevos de España. Durante casi ocho décadas escribió miles de críticas y artículos y mantuvo durante más de treinta años un popular programa radiofónico titulado El cine invisible.

El formato era fascinante: tras ver las películas varias veces, redactaba un guion que permitía recrearlas en la radio. Un locutor narraba la acción, reproducía diálogos y describía movimientos o situaciones cuando no había palabras. Una especie de cine sin imágenes que acompañó a generaciones de oyentes.

El documental prescinde de narrador omnisciente y construye su relato a través de testimonios de personas que lo conocieron o han investigado su trayectoria. Solo al final aparece el propio Guillermo Jiménez Smerdou, hablando de su vida y de su trabajo en unas imágenes que tienen algo de documento histórico.

El acto está presentado por el director del festival, Juan Antonio Vigar, cuenta también con la presencia del alcalde de Málaga y con la participación de uno de sus hijos que recibe en nombre de su padre la Biznaga de Honor de manera póstuma y reseña la figura de su padre en discurso muy emotivo. El coloquio posterior lo modera Mirito Torreiro, historiador del cine español y coordinador de la sección documental del festival desde sus inicios.

Mirito Torreiro es un personaje peculiar. Nació en Ferrol, pero pasó muchos años viviendo en Montevideo, en Uruguay. De ahí ese acento rioplatense que sorprende a quienes lo escuchan por primera vez. Durante el encuentro tenemos ocasión de saludarlo y conversar brevemente con él: un auténtico placer.

La jornada termina acompañados por un grande del cine español, el académico Carlos Taillefer. Conoce todos los entresijos de la Academia de Cine y también los del propio Festival de Málaga, al que lleva asistiendo desde sus inicios.

La noche cae fría sobre la ciudad. Ha sido un día extraño: cine, churros-porras, improvisaciones y proyectores rebeldes. Pero así son los festivales. A veces el mejor guion no está en la pantalla, sino en lo que ocurre entre película y película.