Nuestra Señora de Océn, punto de encuentro para Hortezuela

04/06/2026 - 13:39 Ricardo Villar

El último domingo de Mayo, desde tiempos inmemoriales, el paisanaje de Hortezuela de Océn tiene una cita con su santa y para ello acude a su ermita para honrar a la venerada figura. La víspera de la jornada, buena parte del vecindario comparte comida popular en la plaza local. Dejando para la jornada dominical, el apartado más fervoroso.

Fotos: Marta Sanz

La matinal se levanta con los sones de los dulzaineros, quienes pregonan el comienzo de la cita. Una jornada que tiene su epicentro en la ermita de Nuestra Señora de Océn. Un edificio de antiguas raíces, que se ubica en un altozano frente al actual casco urbano. Y es que el despoblado de Océn, dónde se erige la ermita, fue el precursor de la actual localidad.

Un antiguo poblado, del que hoy sólo se conservan añejos restos y por el que discurre una campera procesión. Bajo el pórtico del muro sur, los vecinos van esperando la llegada de la hora de la eucaristía mientras suenan jotas y otros ritmos del país. Basta con entrar al santuario para ver el cariño del vecindario por su virgen. El sumo cuidado y el exquisito decoro del templo recuerda a los extraños el amor que se profesa a la advocación. Con una iglesia completamente llena y con bastante público en su exterior da inicio la liturgia, cuando el reloj alcanza las trece horas. Una misa que cuenta con la asistencia de los mayordomos y un nutrido grupo de colaboradores. En los oficios, también participan los infantes de esta población del Ducado de Medinaceli y cobran relevancia llegado el punto del ofertorio.

Al finalizar la solemnidad, uno de los cooperadores en la organización nombra a todos los nacidos en los últimos años, los presenta en el templo y dedica otros recuerdos a diversos agentes de la comunidad local. La procesión va precedida por una enhiesto pendón de color verde. Uno de los tonos menos común en esta zona del Sur del Ducado. Y uno de los más altos, de los que se pueden ver en estas celebraciones. La cabecera de la marcha se conforma con la cruz, el estandarte y los farolillos. Todo en un riguroso orden cerrado por los Dulzaineros de la Pinocha, que ponen la banda sonora a la procesión. Una romería que se encarama por la parte alta del antiguo poblamiento de Océn. Cubierto el recorrido circular, bajo unas tórridas temperaturas, los romeros vuelven al templo. Edificio de origen románico, que fue remozado ampliamente bajo los cánones barrocos. No puede faltar la popular subasta de banzos para introducir el paso al templo y dar asiento a Nuestra Señora.

Finalizado el rito cristiano, la población regresa al caserío dónde comparte aperitivo en el centro social. Con esta función religiosa, termina un intenso Mayo de romerías y fiestas, en esta parte del terruño castellano. Se da el relevo a las celebraciones católicas del próximo mes, que tendrá como protagonistas en el antiguo Ducado, a San Antonio, en Alcolea del Pinar, a la Virgen de la Vega en la vecina Sotodosos o a la Virgen de la Cañada, en Padilla del Ducado, entre otros lugares.