¿Puede la trufa negra ayudar a combatir la despoblación en Molina?
La XVI Feria de la Trufa de Molina de Aragón volvió a convertir a la capital del Señorío en escaparate del potencial agrícola, gastronómico y económico de la trufa negra, con dos jornadas de actividad técnica y divulgativa que reunieron a productores, empresas, hosteleros, alumnado de cocina y vecinos en torno al llamado “oro negro” del campo.

Celebrada este fin de semana, ha cerrado sus puertas consolidándose como una cita de referencia para el sector. La comarca molinesa, que reúne condiciones óptimas de altitud, suelo y clima, cuenta con cerca de 500 hectáreas plantadas -casi la mitad de toda la provincia de Guadalajara-, según datos de la Asociación Provincial de Agricultores y Ganaderos de Guadalajara (APAG). Estas cifras sitúan a la zona como uno de los principales polos de producción regional, avalando el crecimiento de una alternativa rentable para el campo.
Para APAG, esta feria trasciende el escaparate gastronómico al erigirse como una herramienta estratégica. La organización insiste en que "el aumento de superficie, la profesionalización y la promoción del producto son claves para generar empleo, diversificar rentas y ayudar a fijar población, reforzando el futuro del medio rural molinés".
Impulso y respaldo institucional
El evento estuvo impulsado por la Federación de Asociaciones de Truficultores de Castilla-La Mancha (FATCLM), Museos de Molina y TRUFARC, contando con el patrocinio de la Diputación de Guadalajara y el Ayuntamiento de Molina de Aragón. Junto a APAG, colaboraron entidades públicas y privadas de primer nivel, incluyendo el Real Señorío de Molina y su Tierra, Alimentos de Guadalajara, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el Geoparque Molina-Alto Tajo, el Ministerio de Trabajo y Economía Social y el Servicio Público de Empleo Estatal, además de diversas empresas agroalimentarias y comerciales del territorio.
Intercambio técnico y profesional
La feria constituyó un espacio idóneo para el intercambio de impresiones entre truficultores y agricultores. Sobre la mesa, la necesidad de que los perros truferos sean reconocidos como “perros de trabajo”, una reivindicación planteada por APAG en un contexto de “plena madurez” de la actividad. Asimismo, se debatieron desafíos específicos inherentes al cultivo forestal.
La programación técnica comenzó el viernes en el Centro Cultural de San Francisco con ponencias sobre la baja producción en plantaciones truferas y los retos en la clasificación y comercialización del producto, a cargo de especialistas del sector.
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Divulgación y gastronomía
El sábado, la feria se abrió al público con la inauguración de stands y el tradicional concurso de perros truferos. La gastronomía, esencial para la puesta en valor del “oro negro” de la comarca, tuvo un papel protagonista. Los asistentes degustaron las elaboraciones de los alumnos de la Escuela de Cocina de Molina de Aragón, destacando propuestas como el bombón de foie trufado con gelatina de Oporto, el brioche tostado con mantequilla trufada y el milhojas de alcachofa cruda con parmesano de trufa, tierra de jamón y aceite de oliva picual.

La jornada culminó con la elaboración en directo de un arroz meloso con secreto y trufa a cargo del Restaurante Casa Parri, antes de la entrega de premios y la clausura.