31/08/2021 / 18:14
E. Hatamoto


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La pandemia llena los monasterios de personas en busca del crecimiento personal y el reencuentro con la fe

Cada vez son más los que buscan este tipo de experiencias en monasterios de la provincia de Guadalajara, como Buenafuente del Sistal o Valfermoso de las Monjas.


Conectar con uno mismo, la búsqueda de sosiego o el crecimiento personal son algunas de las razones por las que muchos deciden probar la experiencia  de un retiro espiritual, aunque la mayoría son creyentes que buscan renovar o compartir su fe. La pandemia, para bien y para mal, ha influido en prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana de la gente y más de uno ha decidido replantearse su vida, enfocada al conocimiento interior de uno mismo y a la búsqueda de un verdadero sentido de la existencia.


Fruto de todo ello, tras los meses de obligado parón -y cierre de puertas- con el coronavirus, los monasterios han experimentado un notable incremento en el número de personas que desean participar de un retiro espiritual; tras los meses de confinamiento. “Sospecho que la gente al poder desplazarse más ahora esto ha repercutido en el volumen de asistencia”, valora el vicario episcopal para la Vida Consagrada en la Diócesis Sigüenza-Guadalajara, Ángel Moreno.
Buenafuente del Sistal, San Juan Bautista en Valfermoso de las Monjas, el Centro de San Francisco de Asís en Trillo o el centro de meditación oriental de Brihuega son algunos de los enclaves que ofrecen esta posibilidad de retiro, meditación y oración a quienes así lo deseen. Moreno, ha reconocido que se ha incrementado la afluencia tanto de personas a nivel individual como de familias enteras a centros de retiro para conocerse mejor y, algunos, “acosados por su propio corazón”.

El también capellán del Monasterio de Buenafuente del Sistal  y encargado de dirigir los retiros asegura que, tras la reapertura, la normativa sanitaria se cumple a rajatabla. “Admitimos según capacidad y según el comedor”, explica. El aforo que normalmente puede rondar “las 200 personas” en su “momento más estelar” como pueda ser la Semana Santa, donde llegan familias de toda la geografía española, se ha visto reducido a una media de unas “35 o 40 personas como máximo”, determina. Tal es la capacidad de convocatoria que el párroco recuerda, a modo de anécdota, como “hace un par de años, los niños de las familias que vinieron formaron un coro, llegaron a grabar un disco y hasta dieron un concierto. ¡Fue precioso!”, recuerda con cariño Moreno.

Sobre los retiros, el capellán explica que “cada año hay un temario diferente, aunque siempre suele girar en torno “a la vida interior, a la búsqueda de uno mismo”.    Éstos suelen tener una duración media de siete días y suelen celebrarse, principalmente, durante los meses de verano, “desde junio hasta sepiembre”; aunque también se organizan algunos durante el curso. “En Adviento, la Inmaculada, la Cuaresma, Semana Santa, Pentecostés...”, detalla el vicario. 
El único requisito para poder ser partícipe de un retiro espiritual es “simplemente desearlo y participar en la medida que se puede. Hay personas que no pueden estar todo el tiempo y se van antes. Hay que ser flexible. Lo más importante es la persona”, asegura.  


Sumergirse en un entorno de silencio, oración y contemplación. Ahí se encuentra la esencia de un retiro. “Se hace un apoyo, aparte de la liturgia; hay meditación, tiempo de adoración y silencio”, detalla Moreno. A ellos puede sumarse cualquier persona libremente, eso sí, bien sean personas independientes o grupos, “lo único que se les pide es que no tengan liturgia independiente”, señala. 
En Buenafuente del Sistal podrán encontrar una cama, alimento pero, sobre todo, cobijo y arropo para el alma y el espíritu. Para asumir los costes derivados de estas estancias, hay una “colaboración voluntaria”, por parte de los participantes, quienes realizan su aportación, en la medida de lo posible para cada uno. 


    
Valfermoso de las Monjas
En el monasterio de San Juan Bautista, en Valfermoso de las Monjas, en cambio, aseguran que “aquí los retiros vienen ya organizados”, cuenta la madre abadesa Josefina. En esta casa de oración acogen en  su hospedería y en la liturgia y eucaristía a todo el que quiera sumarse a esta experiencia de retiro y oración, libremente, durante todo el año. 

“Hay gente que viene, sobre todo, de la Diócesis de Alcalá, algunos con grupos de gente joven, los propios sacerdotes y ahora, por ejemplo, hemos tenido un apostolado seglar de Guadalajara”, comenta la religiosa. 
“Ahora está  muy restringido”, reconoce la madre abadesa aunque asegura que, debido a la pandemia “tampoco queremos que ahora haya muchas personas” para mantener las medidas sanitarias. Al igual que en Buenafuente del Sistal, también controlan mucho el tema de los aforos. “Antes de la pandemia podíamos tener 80 personas, 50...Pero ahora más de 20 o 22 no hemos cogido”, observa; tras la reapertura de la hospedería que, hasta el pasado mes de mayo, ha permanecido completamente cerrada a las visitas.“Pensaba que con el Covid la gente tendría más ganas de rezar y que sería un acercamiento pero luego no ha sido tanto, pero Dios sabe más que nosotros”, valora la abadesa. 
Eso sí, de quienes participan de estos momentos de silencio y encuentro consigo mismo y con Dios asegura que “la gente sale feliz y contenta”, afirmando que buen prueba de ello es que “todos los que vienen, vuelven”. Incluso, reciben llamadas de gente preguntando si pueden acudir al monasterio a rezar con ellas en sus días de vacaciones.  

Las habitaciones, explica, cuentan con todo tipo de comodidades, como “baño, agua caliente  o calefacción”. La religiosa invita a quienes estén interesados en unirse a estos momentos de encuentro y oración a ponerse en contacto con ellas previamente para poder facilitarles más información sobre los retiros.  

La clave, la aceptación de uno mismo

“La pérdida de seres queridos, la situación laboral o experiencias muy fuertes derivadas del confinamiento hacen que venga mucha gente que quiere ser escuchada”, observa el sacerdote Ángel Moreno. Añade que “normalmemente vienen a desahogar mucho el corazón, por temas muy variados: familiares, otra opción de vida, el retorno a la fe y a la Iglesia, haber tocado el límite más existencial con la atracción de lo peor...”. El párroco no duda cuando asegura que “cada persona es un mundo”, pero, por lo general, el que viene ya ha hecho su elección de venir aquí”. Hay quien llega después de hacer “un stop en su vida”, ejemplifica. Pero, pone de manifiesto que “todos nos preguntamos lo mismo, de dónde venimos, hacia donde vamos...”. Eso sí, para todos y cada uno de los que acuden a un retiro en busca de alivio y consuelo repite la misma máxima: “la aceptación de uno mismo”. “Sea la historia que sea, abrázala, edifícala y constrúyela de la forma más amable posible”, aconseja. “Si se corrompe el propio sujeto no hay posibilidad de cambio”, valora Moreno.

 


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