Riba de Saelices se viste de propio, en las tareas domésticas
Celebró el municipio serrano la novena edición de la Jornada de Indumentaria Tradicional, con una oda a sus antiguos atavíos y en esta ocasión dedicada a tareas del hogar. A pesar de las altas temperaturas, la localidad se volcó en ésta fiesta organizada por la Asociación Cultural "La Riba".
FOTOS: ASOCIACIÓN CUILTURAL LA RIBA
Con la parte central del casco urbano ampliamente decorado, con distintos motivos de antaño, echó a andar la cita. El pistoletazo de salida lo dieron los Dulzaineros de La Pinocha, que pusieron los sones tradicionales a la matinal sabatina. Tras la vuelta de rigor por la calles del lugar de la Sierra del Ducado, el vecindario y los visitantes llegaron a la popular plaza de la fuente. Allí, en el lavadero municipal, varias mujeres mostraron sus destrezas a la hora de lavar tal y cómo se hacía antes de la llegada de las máquinas más modernas.
Al mismo tiempo, se repartía un chocolate y unos bollos para cubrir el desayuno. Ya en la Plaza Mayor, y para completar las labores de lavado, se hizo un taller de elaboración de jabones con las técnicas de toda la vida. El centro neurálgico del sitio, mostró sus mejores galas. Muchas casas de este espacio se decoraron al efecto, incluidas ventanas y balcones. En el antiguo juego de pelota, el despliegue de medios fue numeroso y tras un esfuerzo ingente por parte de los montadores se recrearon numerosas estancias de los hogares del pasado más cercano
Sin duda, una representación muy sentida y que nos trasladó a no tantas décadas atrás. Mientras el baile vermú continuaba y los puestos de artesanía ofrecían sus bienes, se alcanzaba la hora de la comida popular. Pero previamente, y cambiando la hoja de ruta con respecto a años anteriores, se hizo el desfile anual de vestidos tradicionales. Con gran participación y concurrencia. Seguidamente, foto de familia para inmortalizar la edición. Una migas castellanas, reunieron a más de doscientos comensales.
Ya bien entrada la tarde, y cuándo el calor era menos sofocante, se abrió el capítulo para los pequeños postres locales. Fueron numerosas las casas que participaron con sus bollos y postres tradicionales. Mientras otro grupo procedía preparar rosquillas, para merendar todos los asistentes. Con la caída de la noche, el picoteo, a modo de cena, puso el broche final a los actos.
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Una discomóvil cerró ésta jornada de recuerdo a los atavíos del pasado. En esta ocasión hay que anotar el alto número de infantes que han participado en la celebración, con los trajes confeccionados a propósito. Nuevamente, la localidad respaldó esta nueva edición antesala del verano. Siguen las sayas, los chalecos, las chambras o las toquillas, prendas de tendencia por un día, mientras ya se está trabajando en la siguiente edición.
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