19/12/2021 / 12:54
Ciriaco Morón Arroyo/University Cornell. Profesor emérito


Imagenes

San Juan de la Cruz (1542-1591)

Para nosotros la mística es un texto de diálogo, de lo inefable, de amor, de la felicidad, de camino, de la consumación, en el que se supera nuestra elemental lógica.


En mi artículo sobre la Inmaculada Concepción, publicado el 10 de diciembre, hay un error que si lo mantuviera con pertinacia me haría hereje. Por no decir que el Hijo de Dios “se hizo hombre”, dije que se encarnó “como persona humana”. Lo correcto es decir que Nuestro Señor Jesucristo asumió la naturaleza humana junto a su naturaleza divina, pero las dos naturalezas en su persona divina. El error se me deslizó porque yo, adversario del más leve indicio de machismo, suelo evitar la palabra “hombre” y la sustituyo por persona, para referirme a los dos géneros: la mujer y el varón. Confesada mi ortodoxia, hoy me parece obligado hablar de San Juan de la Cruz, cuya fiesta celebra la Iglesia el 16 de este mes, aunque él murió en Úbeda (Jaén) el 14 de diciembre de 1591. Comenzamos repitiendo que es un gran místico y un poeta excepcional. Pero es necesario desplegar el contenido de esas afirmaciones para que dejen de ser un socorrido tópico. El Padre Royo Marín, definió hace muchos años la mística con estas palabras: “Mística es la actuación libre de los dones del Espíritu Santo sobre las potencias del alma” (Teología de la perfección cristiana). La virtud de la caridad, por ejemplo, nos mueve a ejercitar las obras de misericordia; pero en la virtud, nuestra voluntad actúa “al modo humano”. En el místico, la caridad está reforzada por el don de sabiduría, que le da a la voluntad el poder de actuar “al modo divino”. Cuando yo enseñaba en Cornell mi curso titulado “Espirituales e intelectuales” (cambiando el título de un ensayo de Unamuno y estudiando después de los místicos algún sueño de Quevedo y El discreto de Gracián), comenzaba diciéndoles a los alumnos que nosotros no tenemos medio de entrar en ningún alma y por tanto no podíamos basarnos en la definición del P. Royo. Para nosotros la mística es un texto con los siguientes rasgos: 

A) texto diálogo (con Dios, con el prójimo, consigo mismo y en el caso de las mujeres, generalmente con su confesor para estar seguras de que no yerran).

B) Texto de lo inefable; el esfuerzo y la genialidad de decir “lo indecible”, que tanto dramatiza Santa Teresa; 

C) texto de amor; 

D) texto de la felicidad

E) texto de camino: desde el socratismo cristiano de dos pasos (“conózcate a ti, Señor, conózcame a mí”), hasta los treinta de la Escala de San Juan Clímaco. 

Y finalmente, F) texto de la consumación, en el que se supera nuestra elemental lógica y se escucha “la música callada y la soledad sonora”. Todos estos rasgos están condensados en la primera estrofa de la “Noche oscura” de San Juan: “En una noche oscura (lo inefable), con ansias en amores inflamada (texto de amor); oh dichosa ventura (texto de la felicidad), salí sin ser notada (texto camino), estando ya mi casa sosegada (texto de la consumación). A mi parecer, el mejor ejemplo auténticamente sublime de texto de consumación está en el comentario a la canción 36 del Cántico espiritual (Ms. Jaén): “Gocémonos, Amado, y vámonos a ver en tu hermosura al monte y al collado, do mana el agua pura; entremos más adentro en la espesura”. Comentario: “Que quiere decir…lleguemos hasta vernos en tu hermosura. Esto es, que de tal manera esté yo transformada en tu hermosura, que siendo semejante en hermosura, nos veamos entrambos en tu hermosura, teniendo yo tu misma hermosura” (OC, BAC, pp. 725ss.). Así 23 veces en dos páginas. Después de esa inmersión en la hermosura, no debía yo añadir mi prosaico testimonio de admiración. Pero considero justo señalar que este y parecidos textos del comentario de San Juan a su poema denuncian el error de quienes consideran ese comentario como un conjunto de abstrusas alegorías. Y finalmente considero igualmente justo recordar que nuestro gran poeta de Guadalajara José Antonio Suárez de Puga escribió una glosa admirable del Cántico espiritual del santo y sublime poeta, publicada en su libro Cancionero de lugares y compañías.


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