Tejera Negra

13/09/2020 - 12:58 José Serrano Belinchón

Se dice y es verdad, que el hayedo de Cantalojas tiene la particularidad, debido a su situación, de ser el más meridional de Europa, privilegio que comparte con el de Montejo, en la Sierra de Madrid.

       En su libro La Montería, el rey Alfonso X de Castilla hace referencia a este paraje boscoso de nuestra provincia con frases como esta: “Texera Negra es boen bosque de oso et de puerco en todo tiempo”. A quien esto escribe le unen demasiados lazos de afecto con aquel paraíso natural, escondido como una esmeralda sin pulir, allá por las montañas del noroeste, al que los honrados campesinos del país dieron en conocer con el apelativo de Los Aydos. Para los de otras tierras, nos ha llegado con una denominación más expresiva y completa, como Parque natural del Hayedo de Tejera Negra le conocemos todos. Quiera la madre Natureleza que la tal consideración no se vea convertida, al cabo de los tiempos, en singular cabecera de epitafio, en esquela mortuoria definitiva e inapelable; pues su viejo encanto, que yo conocí hace no menos de cincuenta años, y una vez que el hombre ha metido en ello la nariz y la pala excavadora por sus viejos senderos de ganado, pudiera suponer un inevitable deterioro, aunque la intención primera haya sido la de poner todo aquel espacio virgen al servicio de la comunidad, razón laudable donde las haya, pudiera conllevar un cierto riesgo. Esperemos que no.

Se dice y es verdad, que el hayedo de Cantalojas tiene la particularidad, debido a su situación, de ser el más meridional de Europa, privilegio que comparte con el de Montejo, en la Sierra de Madrid, por lo que muy bien podría considerarse al uno como mera prolongación del otro. Las hayas, a partir de allí y en dirección sur, ya no existen en nuestro continente. Se trata de árboles voluminosos en estado adulto, de lisa corteza gris, que se dan exclusivamente en terrenos húmedos y fríos, lo que a partir de la Sierra Norte de Guadalajara, y así hasta el cabo de Tarifa, donde Europa termina, no volverá a darse. El hayedo de Tejera Negra no cuenta sólo con el encanto de las hayas; pues tanto o más impresiona al visitante el espacio natural, el paraje agreste, solitario y sin mácula en el que se da esa especie arbórea, ocupando laderas boscosas sobre cuyas cimas se aprietan los marojos y las estepas, en torno a fantasmales conglomerados de piedra esquinada, pizarrosa, teñida de musgo humedecido en las caras que miran al norte. Por los fondos discurren los arroyuelos o impolutos, acabados de nacer, donde las truchas se esconden bajo las planchas de piedra.