"Trabajamos de sol a sol para no llegar a nada", es la protesta de medio centenar de agricultores junto a la A-2

06/02/2026 - 13:03 Paco Campos

Al filo de las 10 de la mañana, un grupo de agricultores se amontonaba a la vera de la A-2, sentido Barcelona, formando un cordón humano entre chalecos de alta visibilidad. No era una protesta convocada por una gran organización agraria ni por una plataforma oficial: era la respuesta de hombres y mujeres que llevan años sintiendo que nadie escucha al campo, que los precios no cubren costos y que las políticas actuales empujan a jóvenes, como Fernando, a replantearse su futuro.

"No hay quien pueda vivir así", repite Fernando Sánchez, de 29 años, agricultor de cereal y espárrago en la vega del Tajuña, con el rugido de la autovía de fondo y el claxon ocasional de los camiones. "Esto ha surgido de boca a boca, por WhatsApp, entre amigos. Nada orgánico ni de gremios. Simplemente estamos hasta las narices", explica con voz firme.

Junto a él, medio centenar de agricultores de Alcarria, Campiña y la vega del Tajuña -casi todos dedicados al cereal secano en torno al 80% de sus explotaciones- han dejado su café del Maypa a medias y han decidido tomar el arcén de un tramo de la autovía para que al menos se les oiga. Lejos de crispaciones, la cita espontanea ha tenido un trasfondo de comprensión: patrullas de Tráfico y Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia (USECIC) han acompañado la concentración sin incidentes, con un diálogo constante entre agentes y agricultores.

"La realidad es que no podemos competir", dice Fernando al respecto de la situación en el campo guadalajareño. "Los insumos, el carburante, la maquinaria, todo está por las nubes… y luego ves productos de Marruecos o Mercosur en el mercado con exigencias mucho menores. ¿Cómo compites con eso?", se pregunta.

Los números no salen

La vida de Fernando empieza muy temprano y termina muy tarde, sin mañanas libres ni descansos reales. Se levanta antes del alba para revisar maquinaria, planificar la jornada y salir al campo con el tractor. Sus días no son de ocho horas; son 10 ó 12 horas continuadas, sin bajar del asiento, siguiendo una temporada que no da tregua. "Cuando no estás con el tractor, estás en la nave, arreglando, llamando por una pieza, viendo si ha llovido o no…", asevera.

Los gastos se comen cualquier margen. Solo en fertilizantes -como la urea o el DAP-, que son esenciales y usados universalmente, Fernando calcula haber pasado de pagar alrededor de 10.000 € por camión a cifras que ahora rozan 14.000-15.000 €. A esto se suman los costes del carburante, los fitosanitarios, la mano de obra y la amortización de maquinaria, que se ha encarecido por los estrictos requisitos ambientales y técnicos (filtros antiemisiones, sensores, sistemas obligatorios…).

La consecuencia más cruda es que, con una explotación de 200 hectáreas de secano, incluso en un año “bueno” apenas se cubren gastos. "La PAC en cereal secano ha bajado en torno a 20-30 euros por hectárea", reconoce, y en espárrago verde no percibe mayores ayudas que las del cereal, a pesar de su condición diferenciada. "A veces creo que sería mejor no recibir nada", ironiza, "porque con lo que cuesta producir no llegas a cubrir nada".

Desde el punto de vista de datos oficiales, las organizaciones agrarias señalan que los costes de producción han crecido más rápido que los precios de venta, una presión que se ha visto agravada desde 2021 por el incremento del precio de los insumos y que continúa sin traducirse en precios justos para el agricultor. Los acuerdos comerciales con Mercosur o Marruecos han sido criticados por estos sectores por permitir producciones con menores exigencias ambientales o laborales sin mecanismos compensatorios eficaces en la UE.

Olivos sin margen y lavanda con futuro incierto

Jesús Pajares, otro de los concentrados, explica que él cultiva olivos en Trijueque. La presión del mercado y los precios exiguos hacen que la producción no sea viable si tiene que costear salarios dignos. "Si yo pago un sueldo a alguien y no me queda nada… ¿por qué voy a seguir?", plantea con sencillez. Su situación no es única, y refleja la desigualdad de condiciones entre un agricultor europeo sujeto a costos laborales y de seguridad social muy superiores y otros productores de terceros países.

En este contexto, la lavanda, cultivo característico de la provincia y base de industrias como Alcarria Flora, también padece tensiones. Según Juan José de Lope, productor de lavanda, "estamos vendiendo por debajo del costo de producción". A pesar de un mercado internacional que demanda aceites esenciales (Asia, EE. UU., Commonwealth), los precios que reciben no cubren costes. "Si producir un kilo de aceite esencial cuesta 15 € y nos lo pagan a 14 €, no hay margen. Así no se puede seguir", lamenta.

El sector también está sujeto a normativas cada vez más estrictas. "Una vez transformas la materia en aceite esencial te meten mil restricciones, a veces más que a un producto sintético", denuncia de Lope. Una tendencia que, unida a las exigencias de la Agenda 2030 o la PAC, alimenta una sensación de agobio regulatorio entre los agricultores.

El resultado no es solo económico, sino demográfico: muchos cultivos -especialmente la lavanda- están siendo arrancados. "De las 3.000 hectáreas que había en Guadalajara, en 8-10 años pueden quedar unas 300, como ha pasado en regiones de Francia", advierte.

Una lucha que nace de la rutina diaria

Lo que une a Fernando, Jesús y Juan José no es solo una partida de números o cifras en un papel: es la rutina diaria de sacrificios sin recompensa. Se levantan antes del amanecer, trabajan en condiciones duras, asumen riesgos climáticos -como heladas, sequías o plagas de conejos- y enfrentan burocracia compleja, costes crecientes y precios que no reflejan el valor real de su trabajo.

"Hay quien piensa que los agricultores van cómodos, en tractor… Pero cuando te levantas a las 6:30, tratas de llegar a casa a las 22:00 y estás pendiente de mil cosas, te das cuenta de lo que cuesta mantener esto", dice Fernando. Su historia -y la de los demás allí, hablando junto a una autovía llena de claxones de camiones y coches que les apoyan- es la de un campo que busca ser viable, competitivo y digno.