Tras actuar para el Papa, Siloé desata su 'Terrorismo Emocional' en Azuqueca
Pasaban ya de las once de la noche. Una mezcla de nervios y enfado se iba apoderando del público según iban pasando los minutos sobre la hora prevista de comienzo, las 22.00 horas.
FOTOS: PACO CAMPOS / MODESTO DOMINGUEZ
Se comenzaban a escuchar los primeros silbidos entre los asistentes de un abarrotado Complejo Deportivo San Miguel, en Azuqueca. Sonaban las canciones que pinchaban los DJs guadalajareños de Superframe, tras la actuación de los teloneros Valiente Bosque.


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Los astros se empezaban a desalinear: Azuqueca iba a tener el honor de ser la segunda Santa Sede de la música indie. Siloé iba a actuar tan solo tres horas después de haberlo hecho ante decenas de miles de personas que esperaban al Papa en la madrileña plaza de Lima.

Cuando el recinto era una olla a presión, dos frailes aparecieron en el escenario, se quitaron los hábitos y allí estaban los vallisoletanos, que ofrecieron un recital memorable. Llegaban a Azuqueca con ese oxígeno físico y espiritual que deja participar en un acontecimiento excepcional. Y se notó.
La banda afrontaba la actuación de forma muy especial. Fito Robles, el cantante, se excusó y fue más allá: “Vamos a dar en Azuqueca el mejor concierto de nuestra vida”. Con el impulso que dio la oportunidad de haber tocado para el Papa, perpetraron en el Complejo Deportivo San Miguel su particular atentado de ‘Terrorismo Emocional’, como reza su último álbum. Una descarga de energía, emoción y contraste entre lo terrenal y lo trascendente, expresada a través de esa mezcla de folk, pop, rock y electrónica que define el sonido de Siloé.
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Los vallisoletanos recorrieron algunas de las canciones que han marcado su trayectoria. “Que merezca la pena”, “Todos los besos”, “Si me necesitas, llámame”, “Reza por mí”, “Búfalo” y “Regu” fueron recibidas como auténticos himnos por un público que las coreó de principio a fin.
Entre sintetizadores, percusiones electrónicas y explosiones rockeras fueron apareciendo otros clásicos de su repertorio, mientras Fito Robles ejercía de guía de una actuación que alternó momentos de euforia colectiva con otros más íntimos.
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No faltó el homenaje a su gran referencia musical y escénica, con un guiño a Personal Jesus, de Depeche Mode. Durante una hora y media, Azuqueca asistió a mucho más que un concierto. 
Después de cantar ante el Papa por la tarde, Siloé encontró en el Corredor del Henares otro altar, mucho más terrenal, para seguir compartiendo su particular evangelio musical.

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