Tras el fuego

31/07/2026 - 19:57 Pedro Villaverde Embid

Estamos pasando días de congoja, frustración, rabia, enfado por ver arder nuestro patrimonio natural. 

Cabrea que el inicio de la ignición se produzca por unas chispas, bien de una cosechadora como ahora o por una barbacoa mal apagada como hace 21 años, causas evitables observando la debida precaución. Es cierto que los accidentes ocurren y las extremas condiciones meteorológicas, demasiado habituales, no se pueden impedir, pero si debemos estar prevenidos ante ellas, apagando los fuegos en invierno. Podemos estar orgullosos del despliegue de medios utilizados, de nuestra capacidad de respuesta, de la implicación de vecinos, agricultores, ganaderos y voluntarios. Somos gente resiliente, valiente, de ‘sangre caliente’ que nos lleva a reaccionar ante un fuego yendo a apagarlo. Todo esto lo hemos demostrado en otras catástrofes vividas a lo largo de la historia y es algo fantástico, pero no debemos caer en la complacencia. Toca, en este momento, reconstruir con la rápida ayuda económica de las administraciones, depurar responsabilidades y reflexionar sobre lo que ha sucedido no solo en nuestra provincia, sino en Madrid, Toledo, Ávila, Castellón… en gran parte de España, donde las autonomías no son fronteras naturales ni debieran serlo administrativas. 

No entendemos de gestión forestal pero si escuchamos con respeto a las personas que lucen canas, han sido pastores o vivido el medio rural y que no entienden que se nos hable de ‘incendios de sexta generación’, menos aún tanta prohibición. No se pueden coger piñas, ni tomillo, ni ramas, por ejemplo, ni quitar la vegetación de las orillas del río, entre otras acciones que servían para limpiar el monte junto al paso del ganado. Ni comen ni dejar comer los dirigentes que hacen demagogia con un pacto de Estado que no tendría en cuenta al medio rural, pero esta limpieza hay que hacerla y son los responsables de organizarla. Hay que analizar, ver que hay de realizable en lo que dicen nuestros mayores, tener una estrategia estable todo el año, sostenida en el tiempo, gobierne quien gobierne, porque el campo no es de los políticos sino de cada uno de nosotros siendo nuestro patrimonio natural. Y por supuesto teniendo en cuenta el cambio climático que se utiliza como arma arrojadiza para el enfrentamiento político con las grandes dosis de demagogia del actual Ejecutivo nacional, ese que lleva ocho años en la Moncloa y no tiene culpa de nada de lo que pase en España, que es de la oposición. Momento político lamentable y con difícil situación. Mientras tanto seguiremos perdiendo nuestros campos. Lástima.