02/09/2019 / 14:00
J. Pastrana


Imagenes

Un festival sin gigantes, pero con tipos de altura

El Festival Gigante se desinfló este año un poquito más. Si en la anterior edición era su esencia lo que parecía diluirse, en este 2019 ha dado un paso atrás al contar con un cartel formado por artistas de calidad, pero sin grandes referentes. 


Este año el Festival Gigante dejó una certeza que su mismo director, Alfonso López, confirmaba el sábado a Europa Press: la cita musical más importante de Guadalajara no contaba con ningún grupo fuerte como cabeza de cartel. En su lugar, señaló, se había optado por reunir a “varias bandas con peso”. El Festival Gigante llegó así a su sexta edición sin liderazgo, sin un grupo capaz de ilusionar,  dando un nuevo bandazo tras el que ya se produjo en 2018 y haciéndose un poquito más pequeño.

Mientras en Alcalá de Henares se frotan las manos con Izal y Vetusta Morla, el festival indie/alternativo/pop de Guadalajara tuvo como cabezas de cartel a Rozalén el jueves, Sidecars o puede que Zahara el viernes y Carlos Sadness o a lo mejor Second el sábado. A la ausencia de grandes nombres se sumaba, además, esa pérdida de identidad que ya quedó patente en la anterior edición.

El Gigante ya no es ese festival indie que parecía querer ser, ahora ya es definitivamente una cita indie/alternativa/pop… de carácter familiar, eso sí.

 

Y cuidado, que enfocado así también tiene su interés, sobre todo en esos grupos emergentes que pasan por el escenario pequeño, pero más de uno sigue desconcertado, sin entender muy bien la mezcla. Lo mismo escuchas a Rozalén o Rayden que podían haber metido a Taburete o Melendi en el batiburrillo.

Y eso lleva a otro debate, el de pagar 20 euros por una entrada sin saber qué grupos actuarán. Lo que era un chollo en las primeras ediciones, ahora es un poquito más salto de fe, pero de ninguna manera puede considerarse una estafa. A poco que guste la música más allá de un género concreto, siempre saldrá rentable comprar esa primera entrada a ciegas. Lo que tampoco quita que seguro que más de uno de los que la compraron hubieran optado por ahorrarse el dinero en caso haber sabido de antemano el cartel de este año.

Otra sensación que cabe destacar es el protagonismo de grupos en intérpretes femeninos, siendo la edición en la que más mujeres han estado en lo alto del cartel, con Rozalén y Zahara como máximos exponentes, pero también con actuaciones como las de Eva Ryjlen. Además, el Gigante confirmó el aumento de grupos femeninos dispuestos a dar guerra de la buena, apostando por sonidos garage o directamente punk, como The Veroñas o Hickeys. En cuanto al conjunto del festival, fue más un escaparate del que ir destacando momentos puntuales que una experiencia global.

Jueves

El primer día de conciertos arrancó con la contundencia y rebeldía de Veroñas, pero también se pudo disfrutar en estos primeros compases de los sones de Colectivo Paramera o la música de Nixon, que este año conquistaba la Fuente de la Niña tras pasar en la edición anterior por la Plaza de Santo Domingo.

El primer plato fuerte de la noche fue, sin embargo, Rayden. El rapero, que aprovecharía la cercanía de Rozalén para interpretar el tema conjunto que ambos tienen, es de esos tipos que parecen hechos de una pieza, una persona a la que escuchar filosofar y que irradia buenas sensaciones a la par que consigue inspirar a su público.

Después, Rozalén. Tanto ella como Rayden representan también a esos artistas comprometidos que no dudan en verter opiniones políticas en sus actuaciones. En el caso de Rozalén, que no dudó en recordar el paso de su familia por Guadalajara, salieron a relucir temas como la inmigración, la Ley de la Memoria Histórica y la lucha por la igualdad. La artista es pura simpatía y sus seguidores quedaron plenamente satisfechos, pero da la sensación de que su espectáculo para grandes masas todavía puede mejorar. La cantante femenina más reclamada este verano en los festivales ofreció una cara en Guadalajara que quizás pegaba más en un auditorio cerrado que en un festival. Aún así, se metió al público en el bolsillo con su versión de Llorona o temas como La puerta violeta o Girasoles.

Mientras Rozalén se entregaba a los suyos, por la cara B del Gigante pasaban bandas como Carmencita Calavera y Uniforms, un grupo sugerente e hipnótico salpicado por la electrónica con un directo al que le viene como un guante el adjetivo “sideral” que aparece en la web del propio Gigante. Como botón de muestra: Addicted.

Y como al festival le gustan los contrastes, a Rozalén le tomaron el relevo Glitch Gyals. Puede que por ese nombre no les salga nada, pero si hablamos de Jirafa Rey, Lapili ‘todo junto’ y Cómeme el donut, a lo mejor se le enciende la bombilla. Ellos fueron los encargados de inaugurar las actuaciones bizarras del festival, a las que un día después se sumaría Ladilla Rusa con sus coches del pasado. Eso sí, en el caso de Glitch Gyals hay  que reconocer que no se limitan a subir al escenario para que el público se ría de ellos. Son frikis, sí, como demuestran los bailes de Lapili o frases del estilo “vamos a presentar dos temas nuevos, uno basado en la niña del Exorcista y el otro en King Kong”, pero su espectáculo parece bien pensado y ellos lo ejecutan con dignidad.

 

Viernes

La primera cita ineludible era con Eva Ryjlen, una veterana de los escenarios y la música alcarreña, como demuestra su paso por Suitcase y los grandísimos Idealipsticks. Ryjlen presentaba las canciones del primer disco que ha sacado en esta andadura en solitario, en la que aborda el rock desde una nueva perspectiva, una en la que se acerca a la chulería de Cristina Rosenvinge sin perder su propia personalidad. Además de los temas que dan forma a este primer trabajo, como Sonrisa Vertical o Santa Fe, tuvo tiempo para versionar a Mari Trini con Yo no soy esa, e interpretar un tema con la otra mitad de Idealipsticks, Jave Ryjlen.

Detergente Liquido por su parte,  es uno de esos grupos que a ratos parecen de otra época, una en la que el pop era más inocente y pegadizo, pero no por eso superficial, como demuestra Las farolas de la autopista.

El petardazo de la noche llegó con Sidecars, su actuación fue posiblemente una de las que logró reunir más espectadores durante el fin de semana. Con un sonido que recuerda inevitablemente a un Pereza pasado por el filtro pop, temas como Fan de ti o Amasijo de huesos calentaron aún más a un público que ya estaba metido en faena.

Todo parecía indicar que a Zahara le habían puesto la alfombra roja para que rematara la noche. Y no arrancó mal, con David Duchovny, pero tras ese adictivo y eléctrico arranque, se quedó atrapada en una serie de temas excesivamente íntimos y lentos para un festival. Por fortuna, Caída Libre y Hoy la bestia cena en casa llegaron al final de su actuación para poner a bailar al respetable.

Para quien no pudiera aguantar el bajón de Zahara, se perfiló una sugerente alternativa: Glotón. Con el cinismo de unos Planetas de resaca y frases como “esta canción es muy chula... cuando nos sale bien” o “a este tema lo llamamos Ferreiro, aunque no sé por qué”, se presentó una propuesta de pop con muchísima personalidad y capaz de conectar con las entrañas con que acaba de publicar su primer trabajo, Nuestro Pequeño Infinito.

Y otro de los grupos emergentes a tener en cuenta fue Of Moths and Stars, una formación con influencia de grupos como Black Keys y un estilo  bien definido al que, por desgracia, le costará encontrar un hueco en un país y un panorama musical como España.

En los escenarios principales, Embusteros, otro de esos grupos que consideran el festival casi su segunda casa, tuvo que lidiar con el bajón de público que se produjo tras Zahara. Ellos sí apostaron por un indie muy bailable con el que afrontar el final de la noche, algo que lograron con canciones como Todo el universo o El ascensor.

Sábado

Este año, el que debía ser día grande del festival no destacó en exceso por encima de ninguno de los anteriores. Primero le tocó el turno al Vermú Gigante, que pide a gritos cambiar la Plaza de Santo Domingo por algún lugar en el que el sol no pueda machacarle sin piedad.

Por la tarde, una de las grandes alegrías del festival. Como ya ocurriera hace un par de años, De Pedro volvía a la franja de las ocho de la tarde bien escoltado por rock,  sones latinos, talentazo musical y un carisma que se llevó hasta el público para cantar con él a pie de pista. Volvieron a sonar sus temas mas conocidos, como Diciembre o Como el viento, junto a otros nuevos y estupendas versiones de la Fiesta de Serrat o Llorona. Todo un seguro de vida que no decepciona y que este año, visto lo visto, bien podría haber tenido un poquito más de tiempo y mejor hora.

Second también irrumpió en escena arrasando, dispuesto a que nadie se quedara quito sobre el césped de la Fuente de la Niña y recordando además su relación con el festival y sus propios inicios. Su actuación fue una de esas capaces de enganchar a quienes no les conocieran de antemano. Exquisito y Mira la gente pusieron la guinda a un concierto muy bien cuajado.

Eso sí, su éxito tuvo una cara oculta. En el escenario pequeño y con una propuesta similar a la que estaba ofreciendo Second en el  principal, Bauer se quedaba sin la merecida atención que podría haber recibido. Con un rock indie oscuro, quizás lo que mejor les define es su final de concierto, en el que apostaron por temas más épicos y dramáticos que alegres.

Y si alguien merecía este año la etiqueta de alternativo más que la de indie, ese era Carlos Sadness, entre el rap, el optimismo de Macaco, unas letras que a veces parecen más ingenuas que inocentes y todo lo que le rodea, es uno de esos tipos que enamora o causa rechazo. En el Gigante, el público joven copó las primeras filas de su actuación en el que fue el canto del cisne de esta edición.

Para cuando hicieron acto de presencia We are the scientists, ya se notaban claros en la pista y más edad entre el respetable. Con casi 20 años de historia a sus espaldas, los californianos desembarcaron en Guadalajara casi con lo puesto, con una bajo, una guitarra, una batería y sin escenografía. Eso sí, no les hizo falta más para demostrar que las ganas importan más que el número de intrumentos a la hora de levantar al personal y ponerle a bailar.

En un festival en el que predomina la música en español, quizás la gente aprovechará su actuación para tomarse un descanso antes de reengancharse con Shinova, aunque sin alcanzar los niveles de público de Second o Carlos Sadness.

Por último, otra joyita a seguir del escenario pequeño fue Hickeys, un furioso grupo compuesto solo por féminas que aúna garage, rock y psicodelia. Aunque su directo todavía podría sonar mejor, se trata de uno de esos grupos a los que merecerá la pena seguir la pista.

El Festival Gigante cumple así otra edición que aprueba en lo musical y saca sobresaliente en organización y puntualidad, pero que deja dudas en la entidad y el futuro. Volverá a batir record de asistencia, aunque la sensación es que hubo menos público que otros años, y habrá quien defienda la alta calidad de los grupos reunidos, pero parece sus mejores años ya son cosa del pasado.


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