Un paseo por la casa escondida en La Alcarria a orillas de un lago

04/06/2026 - 09:38 Paco Campos

Nos adentramos en una casa al lado de un lago. A escasa distancia visual del agua, en una cota que permite dominar el paisaje, se encuentra la Casa del Embarcadero. 

FOTOS: Miguel de Guzmán-Rocío R. Rivas / Imagen Subliminal

Hallas un hogar diseñado para vivir, para sentir la naturaleza y mimetizarse en un bosque de ensueño emplazado en el corazón de La Alcarria Baja, en un lugar donde el agua, la vegetación de ribera, los pinos, las encinas, los robles y los chopos crean un entorno muy agradable para vivir.La Casa del Embarcadero es un inmueble artificial, pero excelentemente ensamblado en lo que le rodea. El protagonista de su diseño es Ignacio Borrego, catedrático de Arquitectura en la Universidad Técnica de Berlín, quien ha trabajado junto a sus colaboradores para dar forma a esta pieza. La idea que ha visto luz fue premiada por el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha (COACM) en la III Edición de los Premios de Arquitectura y Urbanismo de Castilla-La Mancha 2024/2025.

La obra ha sido reconocida técnicamente por el arte de crear un artificio ingenioso que flota sobre el terreno del bosque sin tocarlo. A este hogar, escondido entre esa vegetación, en algún lugar del término de Pareja, a los pies de Entrepeñas, sus moradores acceden a través de un laberinto de sensaciones y espacios.

"Se puede estar detrás de la casa en sombra, se puede estar en una terraza al sol, se puede estar dentro de la terraza, se puede estar debajo de la terraza, debajo de la vivienda, debajo del voladizo", describe el propio Ignacio Borrego:

Esta estructura, que se apoya sobre la roca del terreno, genera múltiples situaciones exteriores con una sola pieza. El acceso no es lineal, sino una experiencia que invita a descubrir el entorno antes de penetrar en el interior. Es, en esencia, un dispositivo de relación con el paisaje de Guadalajara.

Una vez dentro, nos encontramos con un edificio luminoso, construido con materiales aislantes que permiten una temperatura estable en las distintas estaciones del año, con lo que el consumo energético se reduce de forma significativa respecto a una vivienda convencional, armonizando el bienestar de sus ocupantes con el entorno natural. La casa se plantea como una pieza de 27 metros de largo por 6 metros de ancho, una dimensión ajustada pero cargada de riqueza espacial. El material protagonista, que conforma la estructura y define su carácter técnico, es el hormigón, tratado con una precisión que permite a la vivienda fundirse con la tonalidad y las sombras del lugar.

El proceso constructivo fue una respuesta directa a la libertad otorgada por el cliente. "Estuvieron fascinados como yo desde el primer momento y la verdad es que un buen proyecto siempre necesita un buen cliente", explica Borrego.

Sobre la eficiencia y los materiales, el arquitecto destaca que la elección de soluciones aislantes y la propia disposición de la casa no responden a una moda, sino a una necesidad de confort real. La vivienda incorpora soluciones orientadas a reducir la demanda energética y mejorar el confort térmico de sus ocupantes. El sistema constructivo se basa en una estructura de hormigón tipo sándwich, formada por dos capas estructurales separadas por un grueso aislamiento continuo. Según explica Borrego, la vivienda cuenta con espesores de aislamiento muy superiores a los exigidos habitualmente por la normativa, lo que permite reducir las pérdidas energéticas y mejorar el comportamiento térmico del conjunto. Además, la presencia de hormigón en el interior aporta una elevada inercia térmica que ayuda a mantener una temperatura estable durante todo el año.

Al analizar la distribución, el corazón de la vivienda es la cocina, concebida no como un espacio de servicio, sino como el centro gravitatorio del hogar. En verano, este espacio se abre hacia la terraza, permitiendo una ventilación cruzada que refresca el ambiente, mientras que en invierno, la captación solar y el aislamiento térmico mantienen un ambiente acogedor. La terraza, que cuenta con una dimensión de 27 metros por 6 metros, atraviesa la vivienda, actuando como un puente entre el interior y la naturaleza circundante.

El recorrido transforma la percepción del visitante. Como explica Borrego, la terraza arranca prácticamente a nivel del terreno y, conforme avanza entre los árboles, gana altura sobre la roca hasta situar al visitante frente a las vistas del embalse. Es un trayecto de 27 metros que conduce desde el suelo del bosque hasta una posición elevada sobre las copas de los árboles, una experiencia espacial que el arquitecto considera uno de los aspectos más emocionantes de la vivienda.

La experiencia del propietario, según los testimonios recopilados, busca evitar la grandilocuencia. El encargo partía de una premisa clara: una vivienda sencilla, no más grande de lo necesario, pero con una enorme riqueza de espacios alrededor.

"Los propietarios querían rincones, lugares para que los distintos miembros de la familia pudieran tener su privacidad", añade el arquitecto.

Para refrescarnos, afuera, tenemos una piscina a una cota inferior, que se integra como un espejo de agua, un elemento que dialoga con el lago de Entrepeñas situado a escasos metros. Esta piscina aprovecha la misma roca sobre la que se asienta la vivienda, que constituye uno de sus cerramientos. Desde ella, la percepción visual se dirige hacia el horizonte del embalse, reforzando la relación entre la casa y el paisaje. La ausencia de barandillas convencionales y la incorporación de sistemas de protección integrados contribuyen a mantener despejadas las vistas sobre el entorno.

La privacidad es otro de los pilares del proyecto. Aunque existen vecinos en el entorno, la amplitud de las parcelas permite que, al estar en la Casa del Embarcadero, uno tenga la sensación de estar solo en el bosque. Es una desconexión total, favorecida por una parcela de cerca de 5.000 metros cuadrados y por la abundante vegetación que rodea la vivienda.

La relación del arquitecto con el proyecto ha sido constante. Ignacio Borrego, cuya vida profesional se divide entre Madrid y Berlín, ha volcado su experiencia docente e investigadora en esta obra. El resultado es una pieza que, citando el análisis técnico disponible en Arquitectura Viva, demuestra cómo la arquitectura puede convertirse en una herramienta para relacionar la vivienda con el paisaje sin imponer su presencia.

"Tengo mi oficina en Madrid y hago proyectos fundamentalmente allí, pero este encargo ha sido una oportunidad para explorar la esencia del lugar", confiesa el arquitecto.

Esa relación con el agua explica también el nombre del proyecto. Según su autor, la vivienda funciona como una prolongación hacia el embalse, casi como un pantalán que avanza entre la vegetación. La terraza, orientada hacia el paisaje, actúa como una mano tendida hacia el agua y establece el vínculo visual que da sentido a la Casa del Embarcadero.

La visita a la Casa del Embarcadero, incluso para un invitado ajeno, revela una secuencia de espacios que alternan sombra y luz, interior y exterior, refugio y apertura al paisaje.

"Es un espacio singular, especial, y la gente cuando la visita se queda boquiabierta", describe Borrego.