Un patrimonio milenario lleno de historias y leyendas que vertebra la región
Las cinco provincias ofrecen atractivos de interés nacional e internacional
La región reúne uno de los patrimonios históricos y culturales más amplios del interior peninsular. Atravesada por rutas comerciales, estratégicas y religiosas desde la antigüedad, Castilla-La Mancha conserva vestigios que abarcan más de dos milenios de historias y leyendas. Su riqueza arqueológica, monumental y artística se distribuye de forma homogénea entre sus cinco provincias, lo que permite al visitante trazar itinerarios temáticos basados en épocas, estilos o tradiciones.
En la provincia de Cuenca se concentran algunos de los yacimientos romanos más relevantes del centro de España. Destaca el complejo arqueológico de Noheda, conocido por su mosaico figurativo de grandes dimensiones, considerado uno de los más importantes del Imperio romano. La denominada “Gran Sala Triabsidal” ofrece escenas mitológicas de notable detalle, cuya conservación y musealización han permitido su apertura al público. También en Cuenca, las antiguas ciudades romanas de Valeria y Ercávica permiten recorrer foros, termas y restos de construcciones públicas que muestran la vida urbana en la Hispania altoimperial.

La provincia de Toledo alberga el Parque Arqueológico de Carranque, un conjunto tardo-romano compuesto por una basílica, un mausoleo y un palacio decorado con mosaicos, todos ellos vinculados a una villa de la aristocracia visigoda. A este conjunto se suma el parque arqueológico de Recópolis, en Zorita de los Canes, fundado en el siglo VI y considerado una de las pocas ciudades visigodas documentadas en Europa. Sus murallas, áreas palatinas y trazado urbano aportan una visión excepcional del periodo tardoantiguo en la meseta.
En Albacete, el Tolmo de Minateda muestra la continuidad del poblamiento desde la Edad del Bronce hasta época medieval. El enclave incluye murallas, sectores urbanos y una basílica visigoda, y ha sido objeto de un proyecto integral de excavación y puesta en valor. Junto a él, otros restos como los de Libisosa (Lezuza) completan la imagen de la evolución histórica del sureste regional.
Ciudad Real destaca por la presencia de la Motilla del Azuer, uno de los fortines prehistóricos mejor conservados de la península, famoso por su sistema de captación de agua. Además, el Campo de Calatrava reúne un patrimonio volcánico singular, en el que se integran ermitas y castillos como los de Calatrava la Nueva o Alarcos, ambos con un pasado vinculado a la orden militar de Calatrava.

El patrimonio defensivo forma otro de los grandes atractivos de la comunidad. Los castillos se distribuyen por todo el territorio y constituyen una muestra del valor estratégico que la región tuvo durante la Edad Media. Entre ellos destaca el castillo de Belmonte, uno de los ejemplos mejor conservados del gótico-mudéjar, y el castillo de Consuegra, situado junto al conjunto de molinos de viento que se han convertido en símbolo de la región. En la provincia de Guadalajara, fortalezas como la de Zafra o el castillo de Sigüenza completan este mapa de arquitectura militar.
Las catedrales de Cuenca, Toledo y Sigüenza reflejan la evolución del arte religioso en España. La catedral de Toledo, sede primada, concentra obras de distintas épocas y posee un archivo documental de primer nivel. La catedral de Cuenca, considerada una de las primeras expresiones del gótico en la península, conserva un claustro y capillas de especial interés. En Sigüenza, su catedral-fortaleza incorpora elementos románicos, góticos y renacentistas.
El patrimonio etnográfico también tiene un peso significativo. Los molinos de viento, visibles en localidades como Campo de Criptana o Mota del Cuervo, muestran el funcionamiento tradicional de la molienda, vinculado a la economía cerealista de la Mancha. Estos conjuntos, restaurados en las últimas décadas, forman parte de rutas culturales ligadas al “Quijote”.
La arquitectura civil y urbana aporta otro conjunto de elementos culturales. Ciudades como Almagro, con su Corral de Comedias del siglo XVII, o Toledo, con su casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad, constituyen núcleos de referencia para el turismo cultural. En pueblos de menor tamaño se conservan plazas mayores, casas solariegas y edificios administrativos que reflejan la historia local.
Conscientes del valor de su patrimonio, Castilla- La Mancha también cuida su correcta difusión entre los visitantes. Por eso cuenta con centros de interpretación, museos y visitas guiadas. Estos recursos sirven para transmitir la riqueza de su historias y la pasión con la que esta tierra abraza sus mitos y leyendas. Además, la progresiva llegada de las nuevas tecnologías ha permitido enriquecer y hacer más didáctica la experiencia turística.

Patrimonio romano, un referente regional
El legado romano de Castilla-La Mancha es uno de los ejes principales del patrimonio regional. Sus yacimientos se distribuyen por Cuenca, Toledo, Albacete y Ciudad Real, lo que permite recorrer distintos modelos de ocupación: villas rurales, ciudades amuralladas y complejos administrativos. En Cuenca, Noheda se ha convertido en un referente europeo gracias al hallazgo de un mosaico figurativo de más de 200 metros cuadrados. Su conservación y apertura han generado un notable interés científico y turístico.
La antigua ciudad de Valeria destaca por su ninfeo y por un sistema hidráulico de notable complejidad. Ercávica, situada junto al embalse de Buendía, conserva parte de su trazado urbano y restos de viviendas señoriales. En Toledo, Carranque muestra una villa del siglo IV vinculada a la aristocracia tardorromana, con mosaicos de temática mitológica y constructiva. En Albacete, el Tolmo de Minateda documenta más de dos mil años de ocupación continuada, mientras que Libisosa representa uno de los enclaves militares más relevantes del periodo republicano romano en la península.

Castillos y fortalezas: la arquitectura militar como seña de identidad
La red de castillos de Castilla-La Mancha constituye uno de los patrimonios militares más extensos del interior peninsular. Estas construcciones reflejan la importancia estratégica de la región como zona de paso entre el norte y el sur de la península durante la Edad Media. Entre los ejemplos más destacados se encuentra el castillo de Belmonte, reconstruido en el siglo XV y restaurado recientemente, que permite recorrer salas, adarves y espacios defensivos.
En la provincia de Ciudad Real, el castillo de Calatrava la Nueva se erige sobre un antiguo volcán y está asociado a la orden militar que impulsó la repoblación del territorio. El castillo de Alarcos, también en Ciudad Real, se integra en un conjunto arqueológico donde tuvo lugar una de las batallas más significativas del siglo XII. En Guadalajara, la fortaleza de Sigüenza combina funciones religiosas y militares, mientras que el castillo de Zafra destaca por su ubicación sobre un peñasco aislado. Estas construcciones forman parte de rutas turísticas temáticas que facilitan su visita y permiten comprender el papel defensivo que desempeñaron en su contexto histórico.
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