Una fábrica que tuvo mucha historia en Guadalajara: Fibrocementos Castilla 'La Pizarrita'

31/05/2026 - 12:32 Eduardo Díaz

Según los datos que figuran en el Archivo Municipal de Guadalajara, el 15 de diciembre del año 1931 se presentaba en el ayuntamiento de Guadalajara una solicitud de licencia para la construcción de una fábrica en la barriada de la Estación.

 El proyecto, con plano del arquitecto Francisco Viñas, era presentado por el industrial arriacense Tomás Taberné Millán, con domicilio fiscal en la calle Francisco Cuesta número 5. 

Aparte del proyecto presentado ante el alcalde de Guadalajara de aquella época, Marcelino Martín González, el futuro presidente de Fibrocementos Castilla aportaba una solicitud a la Compañía de Ferrocarril de Madrid a Zaragoza, con la intención de implantar las naves de la empresa muy cerca de las vías del tren.

  El 29 de enero de 1932 Tomás Taberné recibía la autorización para el comienzo de las obras de la nueva empresa e igualmente la empresa ferroviaria daba la conformidad con la condición de que las naves industriales estuviesen a una distancia superior a diez metros de la vía férrea. Ante ello el industrial de Guadalajara inició el proceso de formación de la nueva empresa con un capital inicial de un millón doscientas mil pesetas, abriendo un abanico de accionistas, con una aportación de cinco mil pesetas.

  Una vez iniciada la actividad empresarial se comenzaron a fabricar todo tipo de materiales para la construcción, siendo utilizados los productos como el cemento, el agua y el amianto. El producto estrella era el material de construcción utilizado para cubrir las techumbres de las viviendas conocido popularmente como la Uralita. Durante la Guerra Civil, la factoría siguió abierta, aunque la producción de materiales para la construcción descendió de manera considerable. 

  Fue en 1942 cuando uno de los propietarios de la empresa, en concreto Antonio Viejo Antón, solicitó la ampliación de las instalaciones de la industria constructora, ya que la demanda de materiales aumentó de manera considerable, debido a los numerosos daños que sufrieron muchas viviendas con motivo del conflicto bélico. Se produjo igualmente un aumento de trabajadores en la fábrica conocida coloquialmente como “ La Pizarrita”, debido a la gran demanda de productos como las tuberías de conducción de aguas, piezas de saneamiento y sobre todo los famosos canalones que se instalaban en los tejados de las naves industriales y viviendas.

  Fue a partir de la década de los setenta cuando se detectó que el amianto era una sustancia muy perjudicial para los trabajadores, afectándoles  principalmente al aparato circulatorio. Fue una de las causas de que muchos empleados que estaban en contacto directo con el amianto falleciesen antes de su jubilación con graves enfermedades como la asbestosis y el cáncer de pulmón. En 1981 se producía el cierre total de la empresa de Fibrocementos Castilla, tras más de cincuenta años de productividad.  En la actualidad las antiguas naves de la Pizarrita son utilizadas por la empresa Quicesa, dedicada a la fabricación de productos higiénicos del hogar, así como todo tipo de materiales para la desinfección de las aguas de las piscinas.