17/01/2021 / 13:08
Jesús Orea


Imagenes

Venegas de Henestrosa, un gran músico del siglo XVI que fue cura de Taracena

Su vinculación con la provincia de Guadalajara no es escasa ni intrascendente. Su primera ligación data de 1543, cuando fue cura beneficiado de Hontoba.


Luys Venegas de Henestrosa (Écija, c 1510 – Taracena, 1570) fue un sacerdote y reputado musicólogo del siglo XVI, pero poco conocido fuera de este ámbito, estrechamente vinculado a nuestra provincia, como después veremos, del que hay escasas, pero notables referencias en la historia de la música en España por su gran aportación al escribir y publicar una obra tan importante como es el “Libro de cifra nueva para tecla, Arpa y Vihuela”, editada en 1557, en Alcalá de Henares, por Juan de Brocar. La trascendencia de esta magna obra, de la que únicamente se conservan dos ejemplares originales en la Biblioteca Nacional -aunque de ella se hizo una reedición moderna en Barcelona, en 1944-, es que se trata de uno de los primeros compendios de piezas musicales por el sistema de cifra publicados en Europa; incluso hay musicólogos que sostienen que fue el primero de ellos, si no en editarse, sí en escribirse. La cifra es un método usado para enseñar música, un antecedente de lo que hoy son las tablaturas para guitarra, por lo que es un sistema muy intuitivo y fácil de entender. Un dato que confirma el carácter pionero de la obra de Venegas es que las conocidas “Obras para tecla, arpa y vihuela”, de Antonio Cabezón, uno de los músicos españoles de referencia del siglo XVI, fue publicado 21 años más tarde.

Una gran parte de las composiciones que contiene la obra de Venegas son transcripciones o arreglos de piezas de otros compositores, españoles o franceses -el ya citado Cabezón, Luis Alberto, Thomas Crecquillon, Fernández Palero, Nicolás Gombert, Cristóbal de Morales, entre otros-, de variados géneros: danzas, fantasías instrumentales, piezas vocales profanas y sagradas. Es probable que también contenga composiciones originales del propio Henestrosa, si bien no hace referencia expresa en su obra a que sean de su propia autoría.  Nuestro personaje escribió otras seis obras, que no llegaron a publicarse, aunque estaba previsto que se editaran igualmente en Alcalá, de cuyo propósito hay constancia documental; de haber visto la luz de imprenta esa media docena de trabajos, estaríamos, probablemente, ante el más importante musicólogo y compendiador español del XVI y uno de los referentes en ese mismo ámbito de toda Europa.

Vamos a detenernos ahora en la vinculación de Venegas con la provincia de Guadalajara, que no es ni escasa ni intrascendente precisamente. Su primera ligazón con nuestro actual territorio provincial data de 1543, cuando consta documentalmente que fue cura beneficiado de Hontoba. Nunca se olvidó de su paso por esta localidad alcarreña y hasta se acordó de ella y benefició a sus pobres cuando escribió su testamento, una valiosa pieza, no solo trascendente para el derecho civil, sino también para el pensamiento humanista pues en su largo encabezamiento ha creído ver algún investigador toda una declaración de cercanía a la espiritualidad de Erasmo de Rotterdam.

 

Foto: Lápida sepulcral de Venegas de Henestrosa que estuvo en la iglesia de Taracena.

Antes de su paso por el curato de Hontoba, la escasa biografía hasta ahora conocida de Venegas de Henestrosa -gran parte de ella aportada, significativamente, por dos investigadores franceses, Louis Jambou y François Reynaud, lo que avala la proyección internacional de su figura-, le sitúa en Toledo, nada más y nada menos que formando parte de la cámara del gran cardenal Juan Tavera. Este personaje tuvo una gran relevancia histórica pues fue rector de la Universidad de Salamanca, inquisidor general, obispo de Ciudad Rodrigo y Osma, presidente del Consejo de Castillo y de la Chancillería de Valladolid, arzobispo de Santiago, primado de Toledo y cardenal. Llegó a presidir las Cortes de Toledo y las de Valladolid en 1525. Estando en su sede arzobispal y cardenalicia toledana es cuando Venegas se incorpora a la cámara de Tavera, en la que permaneció al menos una década, hasta el fallecimiento de éste, acaecido en 1545. No obstante, y pese a que a Venegas le contrariaron sobremanera “los pocos favores” que recibió del cardenal en su testamento, la familia de éste siempre le tuvo en muy alta estima, hasta el punto de que, en 1570, 25 años después de fallecer Tavera, le nombró “Nono” (administrador) del gran hospital que había fundado en Toledo, cuyo magnífico edificio aún sigue hoy en pie, justo enfrente de la puerta de Bisagra. Venegas solo pudo ejercer unos meses este cargo, dada su precaria salud ya entonces, lo que le motivó a alejarse de sus responsabilidades toledanas y regresar a su querida parroquia de Taracena, donde dos meses después falleció y fue enterrado.

A pesar de que suponga un retroceso cronológico en este relato, he dejado intencionadamente para el final el paso de Venegas por el curato de Taracena -que incluía su entonces anejo de Iriépal y Villaflores- porque, según las últimas investigaciones, éste, lejos de ser somero y coyuntural, dejó señera huella en él, hasta el punto de regresar expresamente a este pueblo guadalajareño para acabar sus días, donde también se enterraría, conforme a sus detalladas y singulares últimas voluntades. El sacerdote, músico y musicólogo ecijano de cuna, pero castellano de andanza vital, llegó a Taracena a ejercer poco después de fallecer el cardenal Tavera. Está acreditado que su obra “Libro de cifra nueva para tecla, Arpa y Vihuela” la escribió en Taracena o, al menos, allí elaboró la mayor parte de ella, aprovechando la cercanía a Alcalá de Henares de este pueblo guadalajareño, hoy barrio anexionado a la capital de la provincia, para negociar con su editor, Brocar, las condiciones materiales de la obra, corregir y supervisar su edición. Al parecer, en Taracena también escribió las otras seis obras inéditas que se le atribuyen y que igualmente tenía intención de editar con Brocar en Alcalá.

Fue tal la afección que sintió por Taracena y sus parroquianos de este pueblo y los del anejo de Iriépal que decidió fundar una capellanía en la iglesia cabecera del curato, dedicada a San José, donde después fue enterrado, conforme a su voluntad. Su testamento ha sido y está siendo objeto de estudio por varias razones: ayuda a contextualizar su tiempo, contribuye a completar su biografía y hasta refleja su pensamiento que, como antes hemos apuntado, algunos estudiosos de su figura inclinan hacia el humanismo erasmista, fundamentalmente por lo contenido en su encabezamiento. Además de por los ya citados Jambou y Reynaud, la figura y la obra de Venegas han sido ampliamente estudiadas por Andrés Cea Galán quien, a mediados del pasado mes de diciembre, dio una conferencia complementada por un concierto en el Archivo Histórico Provincial, titulada “Luis Venegas de Henestrosa, música, enseñanza y liturgia en el Renacimiento español”, con ocasión del 450 aniversario de su muerte. El entusiasmo y el trabajo de Carlos Leal ha tenido mucho que ver en la celebración de este acto y es uno de los artífices de la recuperación de esta figura histórica.

El testamento de Venegas, en la parte documental, deja atadas y bien atadas sus últimas voluntades. Dota recursos harto suficientes para misas, luces y prédicas -de los priores jerónimos, de Lupiana, de los dominicos, franciscanos o jesuitas, de Guadalajara (“si ubiere aquí o en Alcalá la Compañía de Jesús”)-, por su eterno descanso y para el mantenimiento de su capellanía, al tiempo que también limosnas para “los pobres más necesitados” de Gálvez (Toledo), Hontoba, Taracena e Iriépal, los pueblos de sus tres beneficios curados. Igualmente, otorga dádivas para sacar a presos de igual condición menesterosa de las cárceles de Guadalajara o Alcalá. La lápida o lauda sepulcral de Venegas, tras permanecer varios siglos en la capilla por él fundada dentro de la iglesia de Taracena -cuya ubicación exacta dentro del templo se desconoce-, en alguna reforma -podría haber sido en la casi integral que hubo que acometer tras la Guerra Civil, cuando fue seriamente dañada- terminó en su exterior. Lamentablemente, tuvo un final azaroso, según relató José Antonio Sánchez Mariño en una comunicación suya que consta en las actas del V Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, celebrado en 1996: con motivo de unas obras realizadas en el entorno del templo, esa lápida y otra inidentificada -datadas ambas en el siglo XVI- acabaron troceadas e incompletas en un vertedero. Tras tener noticias de ello Javier Barbadillo, el gran y tristemente desaparecido archivero municipal, éste se llevó los restos de las laudas al Archivo Municipal de Guadalajara para su custodia, al tiempo que contactó con Mariño para que éste las estudiara e investigara. El dibujo de la lápida de Venegas que acompaña este texto, forma parte de la ya referida comunicación publicada en el libro de actas de aquel Encuentro.

Este relato lo podríamos resumir en la locución latina “tempus fugit” -el tiempo corre muy deprisa, vuela-, hasta tal punto que muchas veces conlleva el injusto olvido. Como hemos visto, un gran personaje del XVI, cinco siglos después, es apenas conocido y hasta su lauda sepulcral acaba en el vertedero de la desmemoria, también del expolio porque no deja de ser un resto arqueológico. Igualmente, nos puede llevar a reflexionar que, a veces, no pocas, pequeñas comunidades rurales, modestas parroquias y sencillas iglesias, pueden ser huéspedes de grandes historias y eminentes personajes. Termino con la esperanza de que, gracias a estos estudios antes citados y a otros que les sigan en el futuro, se recuperen la figura y la obra de Venegas de Henestrosa y ambas se pongan en el lugar que merecen. 


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