08/08/2016 / 14:34
J. Vázquez / L. Anós / J. Pastrana


Imagenes

¿Y si Pikachu se esconde en tu portal?


Puede que les haya visto caminando por la ciudad. En parejas, en grupos y algunas veces solos, pendientes del móvil. No van leyendo wasshaps ni mirando internet. Son cazadores de pokemon, seres fantásticos, adorables en principio, pero que entrenados adecuadamente pueden llegar a ser letales... al menos en el mundo virtual.
El nombre del programa es Pokemon Go. Funciona a través del móvil, del sistema de navegación y del visor de la cámara. Consume las baterías con ansia, pero también ha demostrado ser un adictivo juego que otorga una doble vida a los monumentos, plazas y comercios de la ciudad.
Más allá de su atractivo, el Parque de la Concordia es un lugar con importante valor estratégico en el juego. “Reúne muchos puntos de interés en muy poco espacio”, explica Carlos Saboya, administrador de @PokemonGo _Guada, la cuenta de Twitter a la que siguen 460 personas en la capital.  
Allí tienen una pokeparada, un lugar en el que rearmarse con los utensilios necesarios para cazar pokemon. También, por lo que dicen, hay muchos de esos animalitos sueltos. “Aquí tenemos algo de suerte. Salen ciertos pokemon que, cuando los llevas a Madrid, la gente flipa”. Además, la Concordia está cerca del Paseo de las Cruces, otro punto con multitud de premios, y no está lejos de los gimnasios en los que pueden enfrentar sus guerreros contra los de otros jugadores. “Hay dos en el Paseo de las Cruces que son los más disputados”. Porque sí, en esto de los Pokemon también hay equipos: rojo, blanco y azul. En Guadalajara la competición es sana, pero en otros lugares los enfrentamientos han llegado al mundo real y a las manos.
La actividad de juego se ve, sobre todo, durante los días de diario, quizás favorecida por las vacaciones.  La actividad comienza a partir de las cinco o seis de la tarde. Y de ahí hasta las tres o cuatro de la madrugada. Saboya calcula que pueden llegar a reunirse hasta 80 personas, pero hay otros que aseguran que superan el centenar. “Yo ya voy sin quedar con nadie, porque siempre me encuentro con alguien. En estas semanas he conocido a muchísima gente”.
Otra de las condiciones indispensables para disfrutar del juego es andar o, a lo sumo, ir en bici. Hay algunos premios que sólo pueden conseguirse haciendo kilómetros. “He perdido 5 kilos desde que empecé”, asegura uno de los participantes. El mismo juego cuenta los kilómetros. En el caso de Carlos, han sido 200 en unas dos semanas. “Y tengo un amigo que ha hecho más”. Ahora la moda es caminar... o correr si llega el caso. “Hubo uno que llegó desde la Concordia hasta el Alamín en cuatro minutos”, relata.  Incluso algunos se han vuelto madrugadores, como el caso de un chico que, según cuentan, se levanta todos los días a las siete de la mañana para conquistar un gimnasio que hay al lado de su casa.   
La Concordia no es el único punto de interés. En el Ferial Plaza hay otra pokeparada y, a pocos metros de él, en el puente que cruza sobre la A-2, un punto de combate. Los lugares de encuentro van desde los más predecibles hasta otros insospechados. La capilla del colegio Santa Ana, el bar El Tostajo o El Mielero son alguno de esos puntos. También uno de los panteones que dan a la cara exterior del cementerio. “Todos los días hay grupos de chicos ahí fuera, pero no suelen entrar”, apuntan desde las instalaciones. El Palacio del Infantado es otra amalgama de posibilidades, con gimnasio de combate y pokeparada, tanto en la entrada del Museo Provincial como en sus jardines y en la Torre de Alvarfáñez. Lugares con relevancia deportiva como la rotonda del Pedro Escartín o el Palacio Multiusos tampoco podían pasar desapercibidos.
La lista aumenta con el Teatro Auditorio Buero Vallejo, la plaza situada junto a la Comandancia de la Guardia Civil o la Rotonda de la Aviación. Lo raro es que haya puntos como la Escuela de Magisterio o la Plaza de los Caídos que no sean nada de nada. E incluso hay otros que tienen su misterio, como el Panteón de la Duquesa de Sevillano, un gimnasio que los tres equipos en liza intentan conquistar . “Yo aproveché una vez el horario de visitas, pero alguno habrá que se haya colado y hay otros que simplemente tienen el GPS roto y que en el móvil salen  como si estuvieran dentro”.

Más allá de lo razonable
Tampoco sería extraño que alguien cometiera alguna imprudencia. Conocido es el caso de unos jóvenes que se colaron en un acuartelamiento de la Guardia Civil de Madrid para conquistar un gimnasio. La fiebre pokemon no termina en la capital de la provincia. Hace unos días, desde Palazuelos retuiteaban la imagen de uno de estos bichitos esperando ser capturado en las calles de la localidad.
En la provincia tampoco faltan las anécdotas. En Checa, por ejemplo, en medio de un pleno aparecieron un par de jóvenes pidiendo, por favor, que les apagaran las luces del portal del edificio consistorial. Resulta que con ellas encendidas no lograban ver al pokemon que pretendían capturar. Y en Cabanillas del Campo incluso han enviado tweets al Ayuntamiento pidiendo que hablen con los responsables de Pokemon Go para que instalen más pokeparadas en la localidad.
Otros puntos emblemáticos de la provincia tampoco se salvan de los pokemon. Como indica el columnista de Nueva Alcarria, Antonio Yague, lugares emblemáticos como el Castillo de Zafra, famoso en los últimos tiempos gracias a la serie Juego de Trono, o el de Molina también esconden algunos de estos seres. Y otros se encuentran en lugares de culto como las ermitas de la Virgen de la Hoz, en Corduente.
Trampas y polémicas
Tampoco faltan los tramposos ni las polémicas. Lo más cansino es lo primero, las trampas. “En Alovera, por ejemplo, hay uno famoso por lo cantoso que es”, apunta Saboya. “No entiendo las trampas en este tipo de juegos (...) Al final, lo único que van a conseguir es cargárselo”.  En cuanto a las polémicas, reconoce que alguna ha surgido a través de redes sociales con animalistas y veganos que cuestionan la moralidad del juego, que a fin de cuentas se basa en poner a combatir a dos seres que emulan animales. “Tampoco ocurre a menudo, porque está claro que es sólo un juego”.
Con todos estos datos en la manos, no se puede dudar que Guadalajara es territorio Pokemon. La ciudad y la provincia vive durante estos días de calor estival una fiebre que sólo el tiempo dirá si es pasajera. Mientras tanto, los jugadores seguirán  buscando a Pikachu en los lugares más insospechados... o quizás en los más concurridos, aunque lejos aún de las aglomeraciones que este juego ha provocado en lugares emblemático como El Retiro o Central Park.

 


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