11/01/2020 / 17:13
Pedro Villaverde Embid


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Año nuevo, gobierno nuevo

 En estos días estamos conociendo los nombres, las carteras, las responsabilidades dentro de la nueva estructura.


Todavía no hemos consumido un tercio del primero de los doce meses del año y 2020 ya nos deja una noticia de calado, la formación de un Gobierno después de un largo historial de fracasos. Es en principio una buena noticia por la necesidad de que no siga en funciones un Ejecutivo que debe afrontar reformas y problemas cada día. Tampoco podemos olvidar que se ha investido presidente siguiendo los pasos que marca la Carta Magna, todo reglado, correcto, legal y por tanto legítimo aunque se haya negociado con formaciones poco deseables. Por tanto se impone la protocolaria felicitación, el deseo de éxito y los cien días de cortesía de los que antes se hablaba, o al menos conceder el beneficio de la duda. En estos días conoceremos los nombres, las carteras, las responsabilidades dentro de la nueva estructura y todo empezará a andar. Nos hubiese gustado que estuviese ahí, en la mesa de la coalición, donde se cocerá todo, nuestra ministra alcarreña. En todo caso es de justicia reconocerle su cariño y atención continua por todo lo que se refiere a Guadalajara.  

  Se inicia, sin embargo, esta etapa con sensaciones, para demasiados, poco halagüeñas. Nace el Ejecutivo débil, con un parlamento extraordinariamente fragmentado y una fuerza chulesca y preocupante de formaciones políticas a las que, literalmente expresado por la portavoz de ERC, ‘les importa un comino la gobernabilidad de España’. Su discurso fue surrealista, ejemplo del mundo paralelo en el que viven, pero fácil de responder. Si no disfruta de tiempo esta parlamentaria con su hermana no es por decisión de ningún juez es porque ha delinquido y  está en la cárcel como otras personas de este partido y de sus socios de gobierno en Cataluña, por sedición. Aquí, aunque el nuevo vicepresidente no lo comparta, no hay presos políticos, ni habrá autodeterminación, ni  independencia, ni referéndum, ni república vasca, catalana ni española, ni el país se romperá, porque existen tribunales, una Constitución, democracia y millones de ciudadanos que  defienden estos valores. Y eso lo saben los tres partidos, los dos que no podían perder la oportunidad de gobernar y el que quiere hacerlo en la Generalitat. Son momentos, aún así, más de temores que de ilusión, aunque también muchos crean en un cambio que mejore las cosas, pacifique la situación territorial y construya una sociedad más justa. Tiempo al tiempo. 


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