06/01/2019 / 20:31
Pedro Villaverde Martínez


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Año nuevo

En los pueblos se vivían con mayor intensidad esos acontecimientos que fueron constituyéndose en tradiciones.


Cuando un año termina es obligado hacer balances de ese periodo, algunos nos obliga la ley y otros los hacemos porque queremos saber cómo va nuestra vida en este cosmos que nos ha tocado vivir. Pensamos tal vez que cualquier tiempo pasado pudo ser mejor, pero lo cierto es que deseamos que el tiempo futuro sí lo sea. Vivir de recuerdos puede que sea volver a vivirlos en parte y sólo de los buenos quisiéramos acordarnos, pero ya dijo aquel que lo que deseamos recordar no podemos y a la memoria nos viene lo que quisiéramos olvidar. Filosofías o pensamientos para todos los gustos aunque parte de razón tengan casi todos. En los pueblos se vivían con mayor intensidad esos acontecimientos que fueron constituyéndose en tradiciones. En nuestro Huertapelayo natal la Navidad o mejor el ciclo navideño estaba salpicado de ciertas conmemoraciones en determinados días. La Nochebuena y la Pascua suponemos que como en la mayoría de las partes. El día de los Santos inocentes se celebraba algo singular. Los jóvenes o mozos asumían el mando del pueblo constituyéndose en gestores del mismo durante esas horas, cosa que aprovechaban para poner multas por cualquier actividad que se hiciera con el fin de hacerse con unos fondos para divertirse mejor. Ignoramos el sentido de tal celebración que nos recuerda “mutatis mutandis” a esas Águedas tan festejadas en otros puntos de nuestra provincia, pero con las mujeres asumiendo el mando, cosa que ahora iría perdiendo sentido ya porque la igualdad va llegando, gracias a Dios y a la lucha de muchos. Después se celebraba la noche del “abuelo potro” que marcaba el paso de un año a otro con otros ripios ad hoc, y a esperar que los Reyes cerraran el ciclo navideño, si encontraban el camino, cosa que solía resultarles muy difícil. Felices recuerdos  que queremos recordar una vez más a la vez que reiterar esos deseos de felicidad para el año que se inicia.  Se acaban las vacaciones navideñas y se encara la ya repetida cuesta de enero, tal vez porque se abuse en el gasto para mejor celebrar esas tan queridas como deseadas Navidades. Tomemos con entereza y hasta entusiasmo esta llamada cuesta de enero y con el mejor de los deseos que se convierta si no en llanura sí en días agradables. 


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