La noche cae pronto en la meseta y, en esos minutos en los que el cielo pasa del añil al negro, Almadrones, encantador pueblo enclavado entre La Alcarria y la Serranía, comienza a brillar. No es una metáfora: el pequeño municipio guadalajareño, a 116 kilómetros de Madrid y algo más de medio centenar de Guadalajara, se ilumina con miles de puntos dorados que se extienden por fachadas, balcones y rincones.