Brihuega celebra la conferencia sobre el 275 aniversario de la Real Fábrica de Paños
El historiador Manuel Martín Galán se celebró ayer en Brihuega la conferencia titulada “Brihuega y la Real Fábrica de Paños. 275 aniversario”, que contó con una gran acogida por parte del público asistente. La actividad permitió a los participantes conocer de primera mano la historia de uno de los símbolos más representativos del municipio. En su trayectoria investigadora, Martín Galán ha defendido que el análisis de censos, padrones y registros parroquiales permite comprender cómo proyectos industriales de este tipo influyeron en la población y en la organización del trabajo, una metodología visible en su producción académica sobre historia demográfica y social.
Al acto asistieron las concejales María Teresa Valdehita (Cultura) y Susana Rodríguez (Turismo), que acompañaron a los vecinos y visitantes en una jornada centrada en rescatar la memoria histórica de un centro que durante siglos fue un motor económico y social para la localidad.
La Real Fábrica de Paños se mantuvo activa como referente industrial durante décadas y hoy conserva su relevancia histórica gracias a su recuperación y transformación en el primer hotel cinco estrellas de la provincia, impulsado por el alcalde briocense, Luis Viejo. Esta rehabilitación ha convertido a la fábrica en un ejemplo de conservación patrimonial y desarrollo turístico sostenible.
El Ayuntamiento de Brihuega agradece al ponente, Manuel Martín Galán, y a todas las personas que participaron en la jornada, reconociendo "su interés por la historia local y el patrimonio cultural de la localidad".

La Real Fábrica de Paños de Brihuega fue fundada en 1750, durante el reinado de Fernando VI, como parte de la política borbónica destinada a impulsar la manufactura nacional y reducir la dependencia exterior. Su creación se apoyó en una tradición textil previa y en la disponibilidad de materias primas. El edificio principal, de planta circular, fue concebido como un espacio productivo moderno para albergar los telares y organizar el trabajo manufacturero. Esta singularidad arquitectónica lo ha convertido en uno de los ejemplos más destacados de arquitectura industrial del siglo XVIII en España. Durante su periodo de mayor actividad, la fábrica concentró una parte significativa del empleo local y articuló la vida económica de la villa. Diversos estudios históricos subrayan que su funcionamiento alteró la estructura social y laboral de Brihuega, integrándola en los grandes circuitos productivos del Estado.
La actividad fabril decayó a lo largo del siglo XIX y cesó definitivamente durante el siglo XX, aunque el edificio se conservó y ha sido objeto de procesos de restauración y recuperación patrimonial en las últimas décadas, hasta convertirse en un espacio vinculado a usos culturales y turísticos.