Sigüenza será eterna, pero los que la queremos deseamos para ella un futuro de prosperidad y oportunidades.
Los primeros inmigrantes marroquíes que llegaron a España, o por lo menos a la provincia de Guadalajara, me hicieron recordar mi inicial contacto con los árabes en octubre de 1936,
Casi todos los pueblos, por pequeños que sean, celebran la festividad de su Patrón o Patrona, como vulgarmente se dice, echando la casa por la ventana.
Tener las llaves del palco es tan importante o más que abrir el Ministerio de Fomento, pues allí se cierran obras de ocho ceros para arriba.
La responsabilidad del hundimiento del puente en Génova está clara para el nuevo gobierno italiano.
San Roque es en la Castilla entera y románica el abogado defensor frente a la peste, pero la más benigna.
Me pregunto si entre las mejoras del parque de San Roque figura soltar varias parejas de ardillas para que puedan procrear.
El escritor sevillano Antonio Burgos dice que “los que le oyeron declamar sus poesías cuentan que era un prodigio de comunicación similar a García Lorca”. A su voz unía las manos que se movían como alas que quisieran arrojar con fuerza sus palabras.
Las Fiestas de Sigüenza alcanzaron su mayoría de edad casi al mismo tiempo que los de mi edad nos casábamos,
Son las de Sigüenza, en honor a San Roque, conservando la figura de la reina y damas,fiestas con muchas actividades para pequeños, jóvenes y mayores,
Recuerdo esas mañanas, mediados los setenta, en las que las carreras eran uno de los platos fuertes de las fiestas,
Desde los 1.800 metros de altura que viene a estar la ermita, el espejo de la tarde refleja por el poniente las pardas elevaciones de Cantalojas...
Agosto es el mes de las fiestas populares en las que la prioridad es disfrutar.
El problema es que el Estado no genera riqueza, sino las empresas privadas y los autónomos. Los emprendedores.
Normalmente apenas hay personal en la obra y que hay días que no ven a nadie.
La palma y la diana de los ataques a la educación se la lleva el concepto de autoridad.
Queremos apelar a la Sigüenza moderna, a esa ciudad que no se duerma en el pasado, que lo conserve, pero que sea también acorde con los tiempos.
Ya no queda ninguna, todo pasa y nada queda.
Y no figurarán en sus brillantes biografías oficiales uno de esos méritos por los que, por fin, se verán íntimamente recompensados: convertirse en pregoneros de su ciudad.
Las noches de hoy y mañana son propicias para sentarse y observar las Perseidas.