Democracia consolidada
La democracia española está consolidada, es fuerte y funciona por gozar del apoyo de la ciudadanía que vive bajo el marco de libertades, derechos y servicios públicos que ha consolidado a lo largo de estos cincuenta años. Y no podrán con ella, por fortuna.
Es cierto que una parte de la juventud parece decir que estaríamos mejor bajo una dictadura como reacción ante la indignidad de algunos dirigentes políticos que se une a su incapacidad para dar respuestas a los problemas. Es verdad que resulta inadmisible que un Centro de Investigaciones Sociológicas esté en manos de alguien que ha hecho perder su credibilidad al menos en lo que a las encuestas de cariz político se refiere. Es lamentable igualmente que la cadena pública centre parte de su oferta en dos programas de información/opinión con un vergonzoso sesgo político faltando a la objetividad y a la verdad con dinero público.
Preocupante también es que un Gobierno ponga en duda la imparcialidad de los jueces como única respuesta- aparte del infantil y tu más- ante las múltiples causas judiciales que crecen a su alrededor, con sentencias, encarcelamientos, peticiones de juicio oral para la esposa del presidente o imputaciones graves a un expresidente. La Justicia es lenta, los cargos de sus órganos dirigentes no deberían estar elegidos por políticos, pero es garantista, revisables sus decisiones por órganos distintos a los que las emiten, recusables los jueces e independiente aunque no nos gusten algunas resoluciones o las salidas de algunos jueces.
Los bulos en redes sociales son otro problema frente al cual solo se puede responder con legislación que prohíba perfiles anónimos y controle quien esté detrás de las publicaciones, así como con la responsabilidad del informado de buscar sus fuentes en medios y personas creíbles. Son “tiempos oscuros” como dijo el propio rey el otro día, de falta de escrúpulos de un gobierno con capacidad de resistencia y ausencia total de dignidad, honor y palabra, sostenido por socios todavía si cabe peores, pero la democracia no corre peligro. Ni la han derribado ocho años con la extrema izquierda que ni siquiera ha conseguido arruinar el país, ni pasará si llega la ultra derecha, que todavía es política ficción.