10/03/2019 / 13:34
Luis Monje Ciruelo


Imagenes

El carnaval que no cesa

Quizá en estas fechas carnavalescas es cuando hay menos fingimientos, pues los que se exhiben  con sus disfraces lo hacen con máscara o sin ella, pero no engañan a nadie.


No hace falta  esperar a que llegue el Carnaval para ver rostros que son máscaras, no por feos sino por hipócritas, porque  aparentamos, lo que no somos. Y no digo esto por ponerme filosófico, aunque la Filosofía, si la aceptamos como la definió un humorista, no es más que el sentido común vestido de etiqueta. Así que aplicando el sentido común, se puede pensar, como dijo Larra hace siglo y medio, que todo el año es Carnaval. Quizá en estas fechas carnavalescas es cuando hay menos fingimientos, pues los que se exhiben  con sus disfraces lo hacen con máscara o sin ella, pero no engañan a nadie. Se han disfrazado  porque el Ayuntamiento los incentiva. La verdad es que hay mucho de falseamiento en estas y otras fiestas desde el momento en que las instituciones las estimulan y financian y no hay espontaneidad en la mayoría. La carnavalada no nace ahora del pueblo. El Carnaval, que se ha celebrado siempre en los días previos a la Cuaresma, ahora se estira como un chicle y se hace varios días antes o varios después. A lo mejor es para justificar la prolija, y costosa, tarea de instalar y retirar  las pueblerinas guirnaldas de bombillas de colores. Para tres días sólo, alguien diría que no merecería la pena. Aunque dudo que alguien critique al Concejo, si no es algún viejo cascarrabias, por el alto presupuesto de las fiestas. Muchos podríamos preguntar, como antes se hacía, y sin necesidad de vestirse de mascaritas. “¿A que no me conoces?”. Y claro que no nos conocen. Porque aparentamos  ser simpáticos y alegres, y en casa somos ásperos y hurones. Mujeres hay amables y divertidas con los amigos, y son insufribles y altaneras con los suyos. Vemos hombres educados y corteses  en sociedad, gentiles ante las damas, y en familia son ariscos y sueltan cuescos y regüeldos delante de su mujer como certificados de su grosería.  Porque los animales no fingen; en todo caso, acechan, se ocultan para preparar el ataque. Nosotros mentimos, engañamos y aparentamos ser corderos cuando en el fondo somos lobos para los otros hombres. Las carnestolendas han perdido su origen de la privación de la carne ante la llegada de la Cuaresma. Ahora nadie se priva en ninguna época del año de la carne, sea de cordero o de mujer. Ahora todo el año es Carnaval, o sea, reino de la hipocresía, de la falsedad y del fingimiento. Y sálvese quien pueda …


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