El equilibrio es imposible


Una de las voces más reconocidas del panorama musical español es la de Iván Ferreiro, ya sea gracias a su grupo icónico (Los Piratas) o como vocalista en solitario. Aquel grupo pop-rock fundado en Vigo en 1991 con influencias británicas (todo el mundo tiene influencias del brit-pop noventero) como Oasis o Radiohead tiene algunos de los himnos más icónicos de las últimas décadas. Entre sus discos de estudio, destaca el de Ultrasónica, a mitad de camino entre las primeras maquetas del Capitán Baroli y la fase indie del hermano de Amaro Ferreiro. Y entre esa pequeña obra maestra de la cultura hispánica está una de sus canciones fetiche denominada como el título del artículo. Una balada sobre la complejidad de las relaciones humanas y la lucha interna entre el deseo y la razón. O dicho de otra forma, el día a día de un autónomo o empresario que esté regentando una Pyme cuando tiene que enfrentarse a la distinta normativa jurídica cambiante que asola nuestro país. 

    Hace un año (¿ya?) de las últimas elecciones generales y del anuncio de reducción de la jornada laboral máxima en España, pasando de 40 horas a 38,5 horas en 2024 y a 37,5 horas en 2025. Aunque han sido múltiples los avisos (o amenazas cuquis) de obligado cumplimiento por parte de los socios de gobierno del ejecutivo, en esta semana, ya se ha atendido a retomar el diálogo social entre las partes para hacer que haya posibles excepciones o cronogramas a la hora de implementar esta medida. El consenso por necesidad y no la imposición por genitales. En términos prácticos, como ya se ha anunciado en esta columna en otras ocasiones, significará un ajuste “considerable” para el empresario que tiene como objetivo tanto tratar de conciliar la vida familiar con el trabajo así como conseguir un mayor reparto del empleo como forma de reparto de riqueza. Ese ajuste notorio para el empresario supone que en una mercantil de 50 empleados en 2025, haya una reducción de 125 horas semanales de trabajo efectivo, lo que supondrá indubitablemente en dos opciones: a O se aumenta la productividad en el mismo nivel (hacer el mismo trabajo en menor tiempo) o b Tendrá que aumentar la contratación en la misma medida (el mismo trabajo con más medios) generando un aumento de costes para la empresa. Y aquí radica el mayor problema de la obligación. Cada sector es distinto. No se puede comparar hostelería con servicios y no se puede mesurar oficinas con atención al público. Afrontar infinitos problemas con una única solución es como curar todas las enfermedades con una aspirina. En alguna acertarás, pero lo normal es que la cagues y la consecuencia de meter la pata es la extinción en ambos casos.

    El meollo del problema es que vivimos en una época de desequilibrios económicos. No tiene sentido afrontar la alta inflación generalizada de los últimos 18-24 meses y los altos tipos de interés con un reparto de las horas laborales. Sería algo así como repartir miseria en un fenómeno muy parecido al de otros países donde el coste de la vida hace que personas con empleos a tiempo completo, no tengan ni un hogar donde vivir. Como todo en la vida pasarán dos cosas como efecto inmediato y directo de la acción del gobierno. La primera de ellas (y no hay más que ver los foros de internet) es que se aumenten los precios en la misma proporción de la reducción de horas para cubrir las reales necesidades de trabajo (ya sea atención la público y carga de volumen profesional) mientras que la segunda de ellas será que no se puede atender a todo el mundo que lo precise (hostelería o comercio minorista/detallista). La primera generará más inflación (y más pérdidas de poder adquisitivo) y la segunda una reducción de las rentas del pequeño comercio hacia la multinacionales (deterioro de la balanza de pagos). Como bien dijeron, es solucionar con gasolina un incendio. ¿Dónde está el pacto social? De vacaciones perpetuas.

    La portada de Ultrasónica, es otra rubia con carmín rojo, como nuestra Vicepresidenta Segunda, que parece que susurra a los autónomos y pequeños empresarios los primeros acordes de la canción: “Confía en mí, nunca has soñado poder gritar, y te enfureces, es horrible el miedo incontenible. Entonces ven, dame un pedazo, no te conozco cuando dices que félices, que caras más tristes, que caras más tristes”. La canción nace de la psicodelia noventera del bueno de Iván, la imposición de Yolanda del desconocimiento de la realidad. Benditas 37,5 horas para todos, pero juntos de la mano, no a oblea limpia en la cara.