El final del verano


No exagero si afirmo que, al gobierno le gusta más legislar para cuatro que para todos y así se hace el progre, que es lo que le motiva.

Como nos canta el Duo Dinámico, siempre actual, desde el radiocasete al Spotify, llegó el final del verano y nos aprestamos a regresar de nuestras vacaciones, la mayoría, y los más afortunados de nuestro veraneo. Este es un concepto que se va perdiendo, que supone que el descanso en la playa y en el pueblo es compatible y se cuenta por meses o quincenas y que esa pereza poco pecaminosa, esa languidez indiferente tiene que transformarse, como por arte de magia, en actividad y agitación.

Un verano en el que las serpientes informativas nos han mordido las conciencias dolorosamente, en Afganistan, por la mano del hombre que es lobo para el hombre y de algunos que son gallinas también que despiertan tarde mal y nunca del letargo o la vagancia y apuntan con el dedo en todas direcciones, excepto en la correcta; o en Haití, que también existe aunque sea brevemente, como nos recuerda de vez en cuando un terremoto que arrasa vidas, porque las haciendas están en escombros desde el anterior. 

Un verano en el que alguno parece que han descubierto que hay okupaciones y okupas en la puerta de casa y se apuntan a la foto antes que al trabajo riguroso y eficaz, a la exigencia responsable y a la solución concreta. Un verano en el que la violencia de género no da tregua y se hace vicaria en los hijos asesinados en las profundidades marinas y en habitaciones de hoteles.

Un verano en el que pedimos a la gente que sea responsable para evitar la propagación de la plaga, en el que se vacuna a los jóvenes y se vuelven a contagiar los ancianos en las residencias, mientras miramos al Olimpo Monclovita esperando que Zeus se ponga en marcha tras el veraneo, España va bien sin noticias de Gurb en la Mareta, que nadie me importune que estoy meditando… porque, al fin y al cabo, la responsabilidad debe autogestionarse y no imponerse, eso queda para lo que debemos pensar o sentir y, si nos descuidamos, votar. Pero exigir responsabilidades por poner en peligro a los demás propagando la enfermedad por imprudencia o por desprecio a la vida… de los demás, eso nunca, que eso es muy cansado y hay que hacer leyes más técnicas y menos de ingeniería social. No exagero si afirmo que, al gobierno le gusta más legislar para cuatro que para todos y así se hace el progre, que es lo que le motiva.

Un verano en el que se mueren los peces en La Manga y por toda solución los listos de turno piden más trasvase, para que se mueran también en Entrepeñas; un verano en el que el fuego arrasa hectáreas y el pedrisco, cosechas; un verano de devoluciones de menores a Marruecos sin ruido ni furia, y sin ley tampoco, pero metiendo a cambio negociaciones sobre las españolísimas Ceuta y Melilla.

Un verano en el que parece que la mayor tragedia de la historia es la marcha de Messi al PSG mientras se multiplican por mil las PCRs. En definitiva, un verano que sólo será memorable por los reencuentros familiares y con amigos, por las tardes de paseo y de tertulia, por el sol que nos acaricia y la música que hemos cantado a voz en cuello porque no se nos permite bailarla, mucho menos pegados, como le gusta a Sergio Dalma.

Y entre estas serpientes, que adquieren el tamaño de las anacondas de Rodríguez de la Fuente, una noticia pequeñita ha pasado de puntillas en los telediarios que parecen páginas de sucesos, desde internacional a los deportes: el afamado  deja de vivir en Barcelona por el asfixiante ambiente de imposición lingüística, hasta la mala educación en todos los sentidos, Financial  Times dixit. 

Pues si el resultado del verano es Rufian 1- Seny 0, ya podemos empezar a correr. El problema es que tampoco sabemos en qué dirección.