Entrepeñas y Buendía se vaciarán en unos 4 años con las normas de explotación actuales
Los embalses de Entrepeñas y Buendía, en la cabecera del Tajo, acumulan esta semana de marzo de 2026 1.673,22 hectómetros cúbicos, el 66,45 % de su capacidad total de 2.518. Las lluvias recientes han devuelto el azul al paisaje y han permitido activar el nivel 1 de trasvase, que autoriza envíos de hasta 60 hm³ al mes. Parece un momento de abundancia. Sin embargo,si se mantiene el ritmo medio de los últimos 47 años, el exceso de agua por encima de la reserva estratégica podría consumirse en apenas cuatro años. Y eso sin contar lo que ocurre cuando llega la sequía.
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El cálculo parte de cifras contrastadas por la Confederación Hidrográfica del Tajo y el Ministerio para la Transición Ecológica. El exceso trasvasable actual es de 1.273 hm³ (todo lo que supera los 400 hm³ de reserva mínima protegida por ley). El volumen medio realmente trasvasado desde 1979 hasta 2014 fue de 328 hm³ al año, según datos oficiales recogidos en estudios del CEDEX y la propia Confederación Hidrográfica del Segura. Dividiendo el exceso por esa media histórica sale la cifra redonda: unos cuatro años.
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Pero la realidad hidrológica es más compleja. Las aportaciones naturales (lluvia y escorrentía que llegan a los embalses) compensan parte del trasvase en años normales. Las medias recientes rondan los 700-800 hm³ anuales, aunque han bajado un 40-47 % respecto a la serie larga anterior a 1980 por el cambio climático y el uso del suelo. A eso hay que restar la evaporación, que en estos embalses oscila entre 40 hm³ al año cuando están bajos y 90 hm³ cuando están a dos tercios de su capacidad, y los caudales ecológicos que deben liberarse al Tajo aguas abajo, que superan los 300-400 hm³ anuales según las reglas vigentes.
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En un año medio, el balance neto (aportaciones menos evaporación y caudales ecológicos menos trasvase) queda casi en tablas o con una ligera pérdida. El problema surge en los ciclos de sequía, que en la cabecera del Tajo duran habitualmente seis o siete años. Entonces las aportaciones caen por debajo de 500 hm³, la evaporación se mantiene y el trasvase, aunque se reduce automáticamente al bajar de nivel, sigue restando cientos de hectómetros. En esas condiciones el agotamiento neto puede superar los 200 hm³ al año. Con el buffer actual, un ciclo seco típico dejaría los embalses cerca del mínimo en menos de cinco años.

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La Cátedra del Tajo lo resume sin rodeos: en los periodos húmedos se trasvasa al máximo y se olvida la sequía siguiente. Eso es lo que ocurrió entre 1995 y 2009: llovió por encima de la media, se enviaron volúmenes altos y los embalses nunca recuperaron el colchón suficiente. Ahora, con 1.673 hm³, el reloj vuelve a correr. Beatriz Larraz, directora de la cátedra, insiste: “No precipitarse en trasvasar”. Porque el nivel 1 es solo una categoría administrativa; no garantiza que dentro de tres o cuatro años haya agua suficiente para la próxima sequía.
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Las reglas del Real Decreto 773/2014 protegen por debajo de 400 hm³, pero permiten trasvases máximos ya a partir de 1.300 (apenas el 52 % de la capacidad total). Ese umbral es demasiado bajo para construir una verdadera reserva estratégica, según los expertos de la Universidad de Castilla-La Mancha.
Los datos son públicos y coinciden en todas las fuentes oficiales: boletines de la Confederación Hidrográfica del Tajo, informes del MITECO, estudios de la Cátedra del Tajo y series históricas del CEDEX. Nadie los discute. Lo que está en juego es si se sigue actuando como si la abundancia fuera permanente o si se aprovecha este momento para guardar agua pensando en el ciclo seco que, tarde o temprano, volverá. Porque el Tajo no es un grifo infinito. Y los cuatro años que marcan los números históricos pueden convertirse en mucho menos cuando la lluvia deje de caer.