Espronceda, el poeta romántico cautivo en Guadalajara por masón y liberal


Inspirándome en la estancia temporal de Espronceda en Guadalajara y en la infamante ejecución de dos liberales alcarreños, Juan Antonio Moreno y José Marlasca, me ha dado para escribir una obra de teatro histórico.

Según las estadísticas oficiales, alrededor de medio millón de extremeños viven fuera de su comunidad autónoma, lo que representa más de un tercio de la población total que tiene Extremadura. Aunque no he podido acceder a datos contrastados sobre el número de extremeños que residen en la ciudad de Guadalajara, es notorio el hecho de que, tras Andalucía, Extremadura es la región de España de la que proceden mayor número de personas que residen en la capital alcarreña, no siendo originarias de la propia provincia. Digo esto para introducir y contextualizar este artículo en el que me propongo evocar el hecho de que el gran poeta romántico José de Espronceda, un extremeño universal de los muchos que ha dado el “Corazón Oeste”-como bellamente definió a su Extremadura del alma el recordado periodista y poeta, Pedro Lahorascala-, siendo aún adolescente, residiera en Guadalajara un cierto tiempo, en torno a 1825, y no voluntariamente, sino confinado en el monasterio de San Francisco por sus ideas y acciones liberales. He dejado abierto el período en el que el gran poeta de Almendralejo permaneció custodiado por los franciscanos en la capital de la provincia porque, dependiendo de las fuentes consultadas, en unas se le sitúa aquí apenas unos meses, en 1825, mientras que en otras, que para mí son del mayor crédito, pues se trata de Pedro José Pradillo, uno de los más solventes y rigurosos historiadores arriacenses, se sostiene que estuvo entre 1825 y 1827. En todo caso, teniendo en cuenta que el autor de la conocidísima “Canción del Pirata”-puede que el poema romántico español más conocido y recitado junto a algunas piezas de Bécquer-nació en 1808, cuando estuvo confinado en Guadalajara apenas era un adolescente que, pese a su edad prejuvenil, ya cargaba una importante mochila como aspirante a literato y, especialmente, como liberal muy comprometido con sus ideas. Más adelante iremos detallando y desarrollando ambas facetas 

¿Y por qué encerraron a Espronceda en el monasterio de San Francisco de Guadalajara, por cierto, apenas una década antes de que la desamortización de Mendizábal acabara con su larga historia y vida conventual? Resulta que el, entonces, solo futuro gran poeta formaba parte de una sociedad secreta masónico-patriótica, denominada “Los Numantinos”, que osadamente se proponía derrocar al entonces rey de España, Fernando VII. El hijo de Carlos IV, como es sabido, fue conocido por los absolutistas como “El Deseado” y por los liberales como “El Felón” al, primero, aceptar y firmar la Constitución de 1812, aprobada en Cádiz y popularmente conocida como ”La Pepa”, para, una vez recuperado el cetro, negarse a cumplirla y perseguir a sus defensores. Espronceda, pese a su aún tierna edad, fue un acérrimo defensor del liberalismo que representaba y encarnaba aquella primera Constitución por la que los españoles dejarían de ser súbditos para pasar a ser ciudadanos. “Los Numantinos”, una sociedad tan utópica como revolucionaria y de máximas reivindicaciones para la época, no solo anhelaba derrocar al rey que traicionó el constitucionalismo liberal recién nacido, sino que, incluso, propugnaba abolir la monarquía española y sustituirla por una república inspirada en la Grecia antigua. Sin temor a equivocarnos podemos afirmar, por tanto, que Espronceda fue uno de los primeros republicanos españoles, aunque su república bebiera en las lejanas noches y difícilmente adaptables a la realidad hispana, del clasicismo heleno. De aquella sociedad que tomó el gentilicio de Numancia,  fundamentalmente porque sus jóvenes-iba a decir que también ilusos- miembros se consideraban un reducto defensor de los valores liberales patrios sitiados por el propio rey, también formaban parte otros jóvenes compañeros de Espronceda aficionados a la literatura, como Ventura de la Vega o Patricio de la Escosura. Este último, andado el tiempo, acreditaría ser un notable periodista, autor dramático, mitógrafo, crítico y escritor romántico. Como el propio Espronceda, también alcanzó cargos públicos de relevancia, entre ellos el de Jefe Superior Político de la provincia de Guadalajara-cargo asimilable al que posteriormente se denominó “gobernador civil”- y, por ello, Presidente de la Diputación entre 1839 y 1840. Ambos fueron compañeros, y allí se hicieron amigos, en el Colegio Libre de San Mateo, fundado por Alberto Lista al inicio del trienio liberal (1820). Más tarde, Espronceda y De la Escosura también fueron compañeros en la Academia del Mirto, impulsada y presidida por el escritor extremeño con el fin de servir de foro de encuentro e intercambio poético y cuya actividad se inició al acabar el trienio liberal (1823) y concluyó tres años después, con Espronceda ya confinado en Guadalajara. Precisamente ese confinamiento tuvo su causa en su pertenencia a la antes aludida sociedad masónica liberal de “Los Numantinos”, nacida unos días después de la infamante ejecución del general Rafael del Riego en la plaza de la Cebada madrileña, hecho que ocurrió el 7 de noviembre de 1823. Como es sabido, el general del Riego fue el militar español más comprometido con la causa liberal y que se enfrentó abiertamente a Fernando VII y los absolutistas, pagando muy cara su posición y compromiso. Espronceda- al que sus mismos compañeros y amigos llamaban “Buscarruidos” porque se metía en todos los jaleos y sentía verdadera inclinación por lo prohibido y lo arriesgado-, junto con Patricio de la Escosura, Ventura de la Vega y otros alumnos de Lista, estuvo presente en el ajusticiamiento del general. Éste fue verdaderamente ignominioso, pues no solo le condujeron burlonamente desde la cárcel al cadalso subido en un serón arrastrado por un burro, sino que, después de ahorcarlo, fue decapitado, un acto ultrajante que soliviantó a Espronceda y a sus amigos. 

Retrato de José de Espronceda joven. 

 

La denigrante ejecución de Rafael del Riego, en el contexto del fin del “Trienio liberal” y el nacimiento de la “Década ominosa”, propició el inicio de la actividad de “Los Numantinos”, cuyo primer presidente fue Patricio de la Escosura y a quien después relevó el propio poeta de Almendralejo, entonces un aún joven adolescente que solo había escrito sus primeras letras. Según hemos adelantado, el objetivo de esta sociedad secreta, pese a estar formado por adolescentes y jovenzuelos de encendidas ideas liberales, no fue precisamente nimio: tratar de derrocar al rey e instaurar una república en España. Si bien era secreta aquella sociedad y se reunía en lugares, en principio, vedados a la mirada de los agentes de la “Policía General del Reino”, recién creada entonces, “Los Numantinos” fueron traicionados por uno de sus miembros. Tras ser detenidos sus cabecillas, dado el hecho de que se trataba de unos jóvenes idealistas más que de unos peligrosos activistas, la Sala de Alcaldes decidió no ajusticiarles en el cadalso, como fue la primera intención, sino exiliarles en el extranjero o recluirles en distintos lugares de España. Eso sí, vigilados por instituciones religiosas que se encargarían de su “reeducación”. Espronceda tuvo la suerte de que su padre, Juan José Camilo de Espronceda y Pimentel,  gaditano de Los Barrios, era entonces brigadier del ejército en situación de cuartel en Guadalajara. El militar intercedió por su hijo y consiguió que la Sala de Alcaldes lo confinara, por un período de cinco años, en el monasterio de San Francisco, de Guadalajara, al cuidado y control de la reducida comunidad de frailes que entonces había en él, pero permitiendo la atenta y supervisora mirada paterna.

Según hemos comentado previamente, no es pacífica la cuestión del tiempo que, finalmente, estuvo Espronceda cautivo en Guadalajara, si bien podemos afirmar que, cuando menos, estuvo unos meses que pudieron alargarse hasta un máximo de un par de años, siendo después indultado. Tampoco conocemos demasiado de lo que hizo el poeta mientras permaneció en el monasterio arriacense de San Francisco, aunque sí está contrastado que aquí comenzó “El Pelayo”, un poema épico escrito en octavas reales, tutorizado y corregido por Alberto Lista. Este ensayo épico, nunca concluido y del que solo se conservan seis fragmentos, presenta formas e imágenes neoclásicas, si bien se atisba ya en él una nueva línea expresiva que parece apuntar hacia el romanticismo, estilo literario en el que Espronceda es uno de los principales referentes españoles dadas su rebeldía y liberalidad e, incluso, sensibilidad social, señas de identidad paralelas a las de Lord Byron, el gran poeta inglés y punta de lanza del romanticismo europeo que, sin duda, tanto influyó en el extremeño. Estos versos de “El Pelayo” fueron muy probablemente escritos por el joven Espronceda en Guadalajara o, cuando menos, aquí se documentó e inspiró para escribirlos: “Hombres con hombres con furor se estrellan / con golpes reciamente redoblados, / lo arrasan todo y todo lo atropellan, / hienden, rajan, destrozan irritados; / armas, muertos, caballos, carros huellan / con espantoso estruendo derribados, / yelmos, picas, turbantes, sangre ardiente / envuelve el Guadalete juntamente”. El tema de este poema épico está basado en la Batalla del Guadalete, donde cayó derrotado el último rey visigodo hispano, Don Rodrigo, y que dio paso al inicio de la conquista de la península por parte de los musulmanes, tanto árabes como magrebíes. “El Pelayo” que nació en Guadalajara fue el único poema extenso de Espronceda que quedó inconcluso; los otros dos que escribió, sí los concluyó y son dos de sus obras más conocidas: El diablo mundo y El estudiante de Salamanca.

Termino ya adelantando que, inspirándome en la estancia temporal de Espronceda en Guadalajara y en la, al igual que la del General del Riego, infamante ejecución de dos liberales alcarreños, Julián Antonio Moreno y José Marlasca, aquí ocurrida también en 1823, me he dado el gusto de escribir una obrita de teatro histórico con el título de Que es mi dios la libertad -tomado de un conocido verso de “La canción del pirata”, del poeta extremeño-, cuyo libreto han editado Gentes de Guadalajara y la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de la capital y que se presentará, con alguna escena teatralizada, por “amoralarte”-gracias ATA-, el martes, 14 de octubre, a las 19 horas, en la Sala Tragaluz del Teatro Buero Vallejo. Invitados quedan al acto. Derribemos la cuarta pared.