Experimentos psicológicos (XIV)


El ser humano es superior en muchos aspectos a computadoras, ordenadores, y en los que no lo somos, los utilizamos.

Midiendo la inteligencia artificial

 En 1950, Alan Turing publicó su artículo “Computing Machinery and Intelligence”, donde introdujo lo que hoy conocemos como el Test de Turing, originalmente llamado “The Imitation Game”. El test plantea una conversación entre un ser humano y una máquina, donde un evaluador debe identificar quién es la máquina y quién el humano. Si la máquina logra convencer al evaluador de que es humana durante 5 minutos de chat, pasa la prueba.

En 2014, Kevin Warwick, investigador de inteligencia artificial y cibernética, organizó el mayor Test de Turing hasta la fecha. Participaron 30 jueces y 5 máquinas, generando 300 conversaciones. Los resultados mostraron que en el 66.7% de los casos, las máquinas no lograron convencer a los jueces de que eran humanas, indicando que, por ahora, las máquinas aún no pueden pensar como los humanos. Esto subraya los límites actuales de la inteligencia artificial en el contexto de la interacción humana.

  

Nota del autor: Juguemos, si lo deseamos, a confundir y a confundirnos. El ser humano es distinto, es superior en muchos aspectos a computadoras, ordenadores, y en los que no lo somos, los utilizamos.

 

REFERENCIADO:

Moor, J. H. (2012). The Turing Test: The Elusive Standard of Artificial Intelligence. Kluwer Academic Publishers, Netherlands.

Turing, A.M. (1950). Computing Machinery and Intelligence. Mind, 433-460. 

 

Vehículos autónomos

La Moral Machine es un juego online creado para recopilar datos sobre cómo los ciudadanos creen que los vehículos autónomos deberían resolver dilemas morales en accidentes inevitables. Se presentaron escenarios en los que los usuarios debían elegir entre dos resultados, como salvar a pasajeros o peatones, priorizar a jóvenes sobre mayores, o humanos sobre animales. El proyecto, que recopiló 39,61 millones de decisiones de 233 países, reveló que las preferencias más comunes incluyen salvar a humanos sobre animales, priorizar más vidas, y dar preferencia a los jóvenes.

Los resultados también mostraron variaciones culturales. Por ejemplo, los países individualistas priorizan salvar a más personas, mientras que los colectivistas favorecen a los ancianos. En naciones más pobres, los participantes fueron más tolerantes con los peatones que cruzan ilegalmente. Estas diferencias plantean desafíos para formular una ética universal en la programación de vehículos autónomos. Las decisiones tomadas por estas máquinas tendrán implicaciones importantes y, en algunos casos, pueden generar controversias si no se alinean con las expectativas culturales o morales de los ciudadanos.

 

Nota del autor: Cultura, historia, religión, tradición, situación socioeconómica, influyen en la construcción ética de las distintas comunidades. Seamos conscientes y tengámoslo en cuenta.

 

REFERENCIADO:

Awad, E.; Dsouza, S.; Kim, R.; Schulz, J.; Henrich, J.; Shariff, A.; Bonnefon, J.; Rahwan, I. (2018). El experimento de la máquina moral. Nature, 563, 59-64.

 

Incapacitado por un extraordinario talento

El caso del paciente S., estudiado por el neurólogo Aleksandr Luria, es uno de los más asombrosos –y trágicos– de la historia de la neuropsicología. A los veintiún años, este joven tenía una memoria absolutamente prodigiosa: podía recitar columnas enteras de números tras haberlas visto solo un instante, y aún décadas después recordaba con exactitud palabras, frases y artículos completos de periódicos antiguos. Nada se le olvidaba. Nunca.

Pero ese don extraordinario escondía una gran paradoja: S. era incapaz de comprender lo que memorizaba. Podía repetir al pie de la letra una novela entera después de hojearla durante unos minutos… pero no entendía ni una línea de lo que había leído. No captaba los gestos ni las expresiones faciales, no sabía si alguien le sonreía o se burlaba de él. Su atención quedaba atrapada en los detalles mínimos, incapaz de ver el conjunto, el sentido, la emoción.

S. vivía prisionero de su memoria perfecta, como si su mente se hubiera especializado en almacenar sin procesar. Recordaba todo, pero no comprendía nada. Su vida, irónicamente, se vio entorpecida por aquello que parecía ser su mayor virtud. Porque a veces, la mente también puede perderse… en su propia brillantez.

  

Nota del autor: Hay un libro de Oliver Sacks que lleva por título “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”. Es un libro de 1985 donde se describen casos clínicos de pacientes neurológicos. El título elegido es el de un caso de agnosia visual. Libro impactante y real.

 

REFERENCIADO:

Luria, A. (2012). Pequeño libro de una gran memoria: la mente de un mnemonista. Oviedo: Krk Ediciones.