Guadalajara ante el mandato del biometano y el freno vecinal

16/04/2026 - 18:38 Paco Campos

El Plan Regional de Biometanización 2024-2030 impulsa el biogás y el biometano como herramientas estratégicas de soberanía energética y desarrollo rural. Sin embargo, varios pueblos de Guadalajara han levantado un muro de oposición vecinal y municipal, con mociones de rechazo y alegaciones por el impacto en el paisaje, el turismo rural y la calidad de vida. Todo ello en un contexto de volatilidad energética global marcada por el conflicto en Irán.

 La provincia de Guadalajara se encuentra en un momento decisivo para su configuración energética y económica. La necesidad de cumplir con los objetivos de descarbonización fijados por la Unión Europea ha situado al biometano en el centro de la agenda política regional. Bajo el marco del Plan Regional de Biometanización 2024-2030, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ha diseñado una hoja de ruta que busca convertir el residuo orgánico en un activo estratégico. Esta apuesta institucional se fundamenta en la capacidad de la región para liderar una industria que actúa como mecanismo de cohesión territorial y sostenibilidad ambiental, integrando a los sectores agrícola y ganadero en la nueva economía circular.

La viabilidad técnica de este modelo cuenta con el respaldo de entidades de referencia como la Fundación Naturgy, que en su guía Las principales variables ambientales en plantas de biometano en España (enero 2026) subraya que estas instalaciones son “una herramienta clave en la gestión de residuos y en la transición energética”. A este apoyo se suma la visión de compañías como Iberdrola, que defienden el biometano como pilar para la independencia energética y la economía circular.

Fuente. Las principales variables ambientales en plantas de biometano en España (enero 2026) / Fundación Naturgy.

El despliegue de esta tecnología supone transformar residuos problemáticos, potencialmente contaminantes, en recursos estratégicos mediante un proceso limpio y estanco. El ciclo comienza con la recepción de purines, estiércoles y restos de poda, que se introducen en biodigestores donde bacterias especializadas descomponen la materia orgánica en ausencia de oxígeno (digestión anaerobia). Al tratarse de un circuito herméticamente cerrado, se garantiza la captura total del metano que, de otro modo, se liberaría a la atmósfera de forma contaminante en las escombreras o el campo, eliminando además la dispersión de olores y protegiendo los acuíferos de la Alcarria.

De esta degradación controlada se obtiene el biogás, un producto bruto que tras someterse a un refinado técnico o upgrading -donde se eliminan el CO₂ y las impurezas- se convierte en biometano. Con una pureza superior al 95 %, este gas renovable es indistinguible del fósil, permitiendo su inyección directa en la red de gasoductos para consumo doméstico o industrial. El proceso culmina sin generar desperdicios: el material sólido sobrante, denominado digestato, es un biofertilizante de alta calidad que regresa a los cultivos locales.

 Según el Plan Regional de Biometanización de Castilla-La Mancha 2024-2030, este modelo podría generar hasta 1.615 empleos directos e indirectos en la región.

La Hoja de Ruta del Biogás del Gobierno de España estima que la producción nacional de este gas renovable se multiplicará casi por cuatro hasta el final de la década, y Guadalajara, con su potencial agroganadero, está llamada a formar parte de ese impulso. Documentos técnicos del sector insisten en que estas plantas permiten una “gestión integral y controlada” de los desechos, evitando la lixiviación de nitratos que suele ocurrir cuando el estiércol se esparce de forma incontrolada en tierras de labor, y “protegiendo así la calidad de las aguas subterráneas de la Alcarria”.

Según la Fundación Naturgy, “la valorización de residuos orgánicos mediante su conversión en biometano no solo contribuye a una gestión más eficiente de los residuos, sino que también fortalece la seguridad energética y reduce la dependencia de los combustibles fósiles”.

El ‘muro’ social

La percepción sobre la posible alteración de los paisajes tradicionales o la preocupación por las emisiones acústicas y de olores en las cercanías de los núcleos de población han generado un debate social que demanda canales de comunicación fluidos. Como reconoce el propio Plan Regional de Biometanización 2024-2030, la implantación de estas instalaciones requiere “una planificación exquisita que equilibre el progreso industrial con el bienestar ciudadano”, teniendo en cuenta la sensibilidad hacia los modelos de desarrollo basados en el turismo rural y la complejidad de los procesos de autorización ambiental integrada.

Mapa de las comarcas por generación de residuos. Fundación Naturgy.

Varios proyectos en tramitación han topado con una fuerte resistencia municipal y vecinal. Reflejando el sentir mayoritario de sus vecinos, diversos ayuntamientos han aprobado mociones de rechazo unánime o han presentado alegaciones formales ante la Administración regional. Así, el de Fuentenovilla aprobó por unanimidad en pleno una moción que rechaza de manera “expresa, firme y definitiva” la planta proyectada en su término municipal; los consistorios de Mondéjar y Almoguera manifestaron su “más rotundo y tajante rechazo” al proyecto previsto en Albares y anunciaron la presentación inmediata de alegaciones; el propio Ayuntamiento de Albares ha comunicado públicamente que “la planta de biometano no se va a instalar en el municipio”, condicionando cualquier avance a la existencia de un amplio consenso vecinal; y en Brihuega el consistorio mantiene su oposición frontal al proyecto en Romancos, al considerarlo incompatible con el modelo de desarrollo turístico y sostenible de la comarca de la Alcarria.

El delegado provincial de Desarrollo Sostenible, Rubén García, ha subrayado que, según la legislación regional, “los ayuntamientos tienen la primera y la última palabra para abrir o cerrar la puerta a este tipo de instalaciones”, ya que deben emitir un informe socioeconómico vinculante previo a cualquier evaluación ambiental por parte de la Junta; si el informe es negativo, la Administración regional ni siquiera inicia el trámite.

El futuro del biometano en Guadalajara se juega en el equilibrio entre la soberanía energética y la licencia social. El marco jurídico actual, marcado por el Real Decreto Legislativo 1/2016, de prevención y control integrados de la contaminación, y la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, establece los niveles de exigencia técnica y las Autorizaciones Ambientales Integradas necesarias. Sin embargo, más allá del cumplimiento normativo, la resolución de este pulso entre la promoción institucional y la oposición vecinal determinará en qué medida la provincia podrá avanzar en el modelo previsto en el Plan Regional.