Guadalajara regresa de Madrid con la alegría compartida de encontrarse con León XIV
La historia comenzó antes de que el Papa León XIV apareciera entre los aplausos de cientos de miles de personas en Madrid. Comenzó en parroquias, colegios, grupos de jóvenes y comunidades religiosas de toda la provincia. Comenzó también el viernes por la noche, en la plaza de la Virgen de la Antigua de Guadalajara, donde alrededor de un millar de personas se reunieron para rezar y preparar espiritualmente un acontecimiento que muchos llevaban años esperando.
“Se vivió en un clima de oración, de silencio, de alegría”, recuerda Emilio Vereda, sacerdote diocesano, delegado de Pastoral Vocacional y miembro de la comisión creada por el obispo de Sigüenza-Guadalajara, don Julián Ruiz Martorell, para coordinar la participación de la diócesis en la visita del Santo Padre.
Aquella vigilia fue el primer paso de un fin de semana que movilizó a más de 2.000 personas de la diócesis entre los actos celebrados el sábado y el domingo. Una cifra difícil de concretar con exactitud porque la cercanía con Madrid permitió que muchos fieles acudieran por libre, mientras otros lo hicieron integrados en parroquias, movimientos, congregaciones religiosas o grupos organizados por la propia diócesis.
Pero si hubo una idea que estuvo presente desde el principio fue la de la comunión.
“Queríamos que se participase en grupo”, explica Vereda. “Entendíamos que esta visita era necesario vivirla en comunión, en familia, como Iglesia unida”.

Por eso se impulsó la participación a través de parroquias, arciprestazgos y movimientos eclesiales. No se trataba únicamente de acudir a un acontecimiento multitudinario, sino de vivirlo juntos.
La respuesta llegó desde todos los rincones de la provincia.
Hubo presencia de parroquias de Guadalajara capital, Marchamalo, Yunquera, Almoguera, Taracena, Alovera, Azuqueca, Mondéjar, Molina de Aragón, Valdeluz, Loranca o Aranzueque, entre otras muchas localidades. También participaron comunidades religiosas, movimientos eclesiales y centros educativos como los Salesianos, además de numerosos fieles que se desplazaron de manera individual.
El sábado reunió a unos 300 jóvenes de la diócesis en la peregrinación organizada por la Delegación de Juventud y la Delegación de Vocaciones. La jornada comenzó en el Cerro de los Ángeles, donde alrededor de 3.000 jóvenes de Castilla-La Mancha participaron en un encuentro junto a los cinco obispos de la provincia eclesiástica. Después llegaría la vigilia de la Plaza de Lima.
Y allí se produjo uno de los momentos que más huella dejó en quienes participaron.
“Me quedo con el momento de la oración todos juntos”, confiesa Vereda. Especialmente recuerda el instante en que los jóvenes cantaron al unísono “Tú, el único Rey que tiene que reinar»” una escena que define como «“muy emocionante” y “muy impactante”.
La emoción continuó el domingo. Muchos guadalajareños emprendieron viaje antes del amanecer. Algunos autobuses partieron cuando todavía era de noche. Al llegar a Madrid encontraron una ciudad completamente transformada por la presencia de peregrinos procedentes de toda España.
Uno de los asistentes recuerda grupos llegados desde Valencia cantando por las calles, peregrinos del País Vasco identificados con sus chapelas y una afluencia tan elevada que algunos accesos previstos tuvieron que reorganizarse debido a la cantidad de personas concentradas.
Sin embargo, lo que más le sorprendió fue el ambiente.
“Había muy buen ambientillo en la calle», resume.
La multitud no impidió que muchos vivieran la celebración con una sensación inesperada de cercanía.
“La alegría y la emoción que todos hemos sentido al poderle ver, al poderle escuchar”, señala Vereda. Pero hay una imagen que resume mejor que ninguna otra lo vivido durante esos momentos. “Pese a esa cantidad de gente, descubrías en la mirada del Santo Padre cómo te miraba individualmente a ti”.
Esa percepción aparece una y otra vez en los testimonios recogidos tras la visita.
La sensación de haber formado parte de una inmensa multitud y, al mismo tiempo, de haber vivido un encuentro personal.
Durante la vigilia y durante la celebración del Corpus Christi, León XIV insistió en algunos mensajes que encontraron un eco especial entre los fieles de Guadalajara. Habló de la importancia del silencio, de la necesidad de plantearse la vida como una vocación, de vivir desde la verdad, de construir comunidad y de poner la mirada en quienes sufren.
“La importancia de encontrarnos con Cristo en la Eucaristía, que nos lleva a encontrarnos con Cristo en los hermanos que sufren, que necesitan, que lo están pasando mal”, resume el sacerdote.
También subrayó la necesidad de una espiritualidad profunda y comprometida, alejada de la superficialidad y capaz de traducirse en gestos concretos de servicio.
“La importancia de vivir la espiritualidad con la Iglesia en comunión”, explica Vereda, “dejándonos encontrar por la verdad, que es Cristo mismo”.
La procesión del Corpus dejó otra de las imágenes más recordadas. Miles de personas contemplaron el paso de la Eucaristía por las calles de Madrid. Una escena que conectaba directamente con otra de las ideas repetidas por el Papa: la necesidad de salir al encuentro de los demás.
“El Señor no se queda encerrado en la Iglesia, sino que sale a la calle”, recuerda Vereda.
Quizá por eso, cuando comenzó el regreso hacia Guadalajara, el sentimiento predominante no era el cansancio de las largas horas de viaje ni el agotamiento de las aglomeraciones. Era la alegría.
La alegría de haber compartido una experiencia de fe con miles de personas. La alegría de sentirse parte de una comunidad mucho más amplia. La alegría de comprobar que la Iglesia sigue viva.

“Creo que la Iglesia en España necesitaba una visita del Santo Padre», afirma Emilio Vereda.
Los mensajes que comenzaron a llegar a los organizadores durante el regreso hablaban precisamente de eso: de gratitud, de emoción y de una sensación compartida de plenitud.
Las expectativas que habían acompañado a la diócesis durante semanas se habían cumplido.
“Todos llegamos felices, contentos, llenos de haber podido encontrarnos con el Santo Padre”, resume.
Mientras los autobuses regresaban a Guadalajara y la jornada tocaba a su fin, miles de personas volvían a casa con la impresión de haber vivido algo que iba más allá de una visita histórica.
Volvían con la sensación de haber compartido una experiencia de comunión.
Y, sobre todo, con el corazón lleno.