Guadalajara se sumió en fe y recogimiento durante la Procesión del Silencio y Santo Entierro del Viernes Santo

04/04/2026 - 10:04 fcv

Este Viernes Santo Guadalajara vivió el momento culmen de su Semana Santa con la Procesión del Silencio y Santo Entierro, el gran desfile oficial que partió a las 20:30 horas desde la Concatedral de Santa María.

FOTOS: RAFAEL MARTÍN

Cuatro cofradías y hermandades recorrieron el itinerario oficial bajo un rigor castellano que solo permitía romper el silencio con el redoble grave de tambores y el lamento ancestral de las dulzainas, en un acto de fe que representa el entierro de Cristo y el duelo de la Virgen.

La plaza se llenó desde antes de la hora con vecinos y visitantes que aguardaban en silencio, muchos con velas encendidas o faroles en la mano, mientras el aroma a cera y incienso empezaba a flotar. Abrió el cortejo la Cofradía de la Pasión del Señor, que había salido a las 19:15 desde Santiago Apóstol, con sus tres pasos: el Cristo de la Expiración, La Piedad y Nuestro Padre Jesús de la Pasión, acompañados por su propio grupo de tambores que marcaban un ritmo pausado y solemne. Sus nazarenos, con túnicas moradas y capirotes, avanzaban con la gravedad que exige el momento.

Le siguió la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, una de las más antiguas de la ciudad, con sede en la propia Concatedral. Portaba el paso del Calvario en la Quinta Palabra y, sobre todo, el palio de su titular, la Virgen de los Dolores del siglo XVII procedente de las Carmelitas Descalzas de San José, flanqueada por San Juan, María Magdalena y María de Cleofás. Los nazarenos cargaban los varales con devoción visible; el palio, iluminado por docenas de cirios, se mecía suavemente entre el público que contenía la respiración.

A continuación llegó la Cofradía del Cristo Yacente del Santo Sepulcro, que presentó su imagen titular del Cristo yacente sobre un paso ornamentado con mármol y oro, junto a la Cruz Desnuda de Jerusalén tallada en 1998 por el hermano Demetrio Rojo. El grupo de dulzaineros “Mahurotos” rompió el silencio con su música tradicional, un detalle que muchos cofrades celebraron como el auténtico sonido de la Pasión local. Algunos penitentes descalzos, con cadenas en los tobillos, cargaban cruces pesadas de madera; el sudor en la frente hablaban de penitencia real.

Cerró la comitiva la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, incorporada tras su encuentro matinal. Portaba la imagen titular de la Virgen bajo palio y el Cristo del Consuelo, con la Banda Sinfónica Complutense de Alcalá de Henares que acompañaba con marchas lentas y emotivas. Entre los fieles destacaban mujeres con mantillas negras y peinetas de carey, algunas con lágrimas contenidas al paso de la Soledad; el conjunto transmitía el dolor materno que tantos hermanos reviven cada año.

El desfile avanzó por las calles del centro histórico —Plaza de Santa María, Calle Mayor, Plaza de Bejanque y el resto del recorrido oficial— con pasos que brillaban bajo la luz de faroles decorados con la cruz roja de Jerusalén y velas que proyectaban sombras alargadas sobre las fachadas. La multitud, compacta pero respetuosa, aplaudía en silencio al final de cada paso; algunos vecinos asomados a balcones y niños de la mano de sus padres vivían la tradición como un legado familiar.

Entre las autoridades presentes, figuraban la alcaldesa de Guadalajara, Ana Guarinos, al frente de la Corporación municipal; el portavoz del PP de Castilla-La Mancha, Paco Núñez; el diputado nacional del PSOE y exalcalde, Alberto Rojo; el diputado nacional del PP, tamibén exregidor capitalino, Antonio Román; senadores y diputados nacionales, regionales y provinciales; y la subdelegada del Gobierno en Guadalajara, Susana Cabellos.

Fue una noche de recogimiento puro, donde la fe se palpaba en cada detalle: el crujir de las andas, el brillo de los cirios, los rostros concentrados de los costaleros y el silencio compartido que une a cofrades, hermanos y vecinos de Guadalajara en el corazón mismo de la Pasión.