Guadalajara y el eclipse de 1905


En los trabajos de observación científica de este eclipse de principios del siglo XX tuvo presencia y participación activa la provincia de Guadalajara, a través de instituciones y personas que se desplazaron a Burgos y a Soria.

Aunque hayan transcurrido ya tres semanas desde que aconteciera el histórico eclipse total de sol que tuvimos la suerte de poder ver en la provincia de Guadalajara de forma privilegiada, todavía permanece en nuestro recuerdo-y pervivirá ya para siempre- aquel minuto largo en que, aún por la tarde, si bien ya avanzada, y a deshora, el astro rey adelantó la noche un instante y jugó al escondite tras la luna. Fue el 12 de agosto, dos días después de celebrarse la festividad de san Lorenzo, el santo del ecuador del estío, tiempo del llamado ferragosto, que es cuando anualmente tiene lugar otro espectacular fenómeno astronómico como son las Perseidas, también conocidas como “lágrimas de san Lorenzo” por producirse en torno a la efeméride de este santo que, según la tradición cristiana, murió martirizado en una parrilla. Pero si las lluvias de estrellas agosteñas tienen lugar cada año de forma recurrente, los eclipses totales de sol, como el que hemos vivido recientemente y de forma tan óptima en el noreste de Guadalajara, solo acontecen cada muchos años. De hecho, el último eclipse de estas características que se pudo ver tan bien en la provincia como se ha visto este de 2026, tuvo lugar el 30 de agosto de 1905, es decir, hace ya 121 años, por lo que varias generaciones no han tenido el privilegio de contemplarlo que sí hemos tenido las actuales. 

Efectivamente, fue el 30 de agosto de 1905 cuando se produjo otro de los eclipses totales de sol más importantes en la historia de la ciencia en España. La franja de totalidad atravesó el tercio norte del país, desde Galicia hasta Aragón, con Burgos en el centro. El eclipse completo duró más de 3 minutos y atrajo a astrónomos de toda Europa como después veremos. En los trabajos de observación científica de este eclipse de principios del siglo XX, tuvo una presencia y una participación activas la provincia de Guadalajara, a través de distintas instituciones y personas que se desplazaron a Burgos y a Soria, donde se establecieron algunos de los puntos de seguimiento del fenómeno solar más importantes. También se vio en la provincia en muy buenas condiciones, especialmente en la zona de Sigüenza, donde igualmente se organizó otro punto especial de observación al que, además de numerosas personas llamadas por la curiosidad-se calcula en 2.000 solo las llegadas en trenes especiales desde Madrid-, acudieron varios ministros del gobierno. Expresamente movilizados e invitados, claro está, por el ínclito Conde de Romanones que entonces era titular de la cartera de Agricultura, Industria, Comercio y Obras Públicas. El presidente de aquel consejo dominado por los liberales era Eugenio Montero Ríos. 

Medio siglo antes de producirse el eclipse total de sol de 1905, exactamente en 1860, en la zona del levante español había podido contemplarse otro también con nitidez y buenas condiciones de observación. El gran escritor Pedro Antonio de Alarcón, testigo presencial directo de aquel fenómeno astronómico en Sagunto, lo describió con esta belleza y altura literaria en su momento culminante, cita recogida por la prensa de Guadalajara de entonces: “(…) en esto expira instantáneamente el último fulgor, cambian de aspecto todas las cosas, vénse lucir dos estrellas cerca del astro agonizante, levántase un espantoso viento, hace frío, corren las nubes, ennegrécese el mar, camina la sombra a nuestros pies, parece ser que se desquicia el cielo, como cuando se muda una decoración en el teatro; muere el sol… y sustitúyele un astro nunca visto, un meteoro fúnebre y grandioso, más bello que todo lo imaginado por el hombre”.

Los globos de Marte, Urano y Júpiter en la explanada de Burgos donde ascendieron el día del eclipse de 1905. Archivo Municipal de Burgos.

Entre las instituciones y personas vinculadas con la provincia que realizaron investigaciones científicas específicas durante el eclipse de 1905, cabe destacar al Regimiento de Aerostación que, con sede en Guadalajara desde su creación en 1896, desplazó una compañía y voluminoso material hasta Burgos, centro del eclipse, con el teniente general Vives y Vich al frente. En la llamada “caput castellae”el entonces teniente de ingenieros y especialista en aerostatos, Emilio Herrera Linares, tuvo una destacada participación el día del eclipse al ascender en el globo llamado “Marte” hasta casi 4.000 metros, acompañado del aeronauta Jesús Fernández Duro. La ascensión se hizo para estudiar la atmósfera libre y observar el eclipse sin interferencias nubosas. Recordemos que el día anterior, el 29 de agosto, los cielos aparecieron totalmente cubiertos y hubo lluvias abundantes, si bien el día 30, el tiempo fue lo suficientemente bonancible para poder observarse bien el fenómeno solar. Los objetivos científicos de aquella ascensión de Herrera Linares y Fernández Duro fueron el estudio de las llamadas “sombras volantes”, bandas difusas de luz y oscuridad que parpadean sobre el suelo y otras superficies justo antes y después de la fase de totalidad de un eclipse. También estudiaron la refracción atmosférica e hicieron un registro visual y óptico, realizando dibujos técnicos y descripciones acerca del comportamiento de la sombra del eclipse barriendo el paisaje de nubes desde la altitud. Recordemos que Emilio Herrera Linares, granadino de cuna, si bien vecino de Guadalajara durante buena parte de su vida de formación y primeras décadas de carrera militar, llegó a ser un reputado ingeniero que, incluso, diseñó y creó en 1935 lo que él mismo bautizó como “escafandra estrato-náutica”, un modelo de escafandra autónoma y traje presurizado para tripulantes de globos a gran altitud, precursor del traje espacial. De hecho, la NASA, cuando, en los años 60, inició el proyecto espacial que culminó con el viaje a la luna del Apolo XI en 1969, se interesó por este invento y hasta intentó contratar a Herrera para desarrollarlo, pero el ingeniero español declinó la oferta pues no le concedieron algo fundamental que exigía: que, junto a la americana, se plantara en la luna la bandera española cuando el primer astronauta pusiera pie en ella. Por esta causa, la agencia espacial americana tardó más tiempo del previsto en crear su propio traje de astronauta, pese a todo claramente inspirado en el del ingeniero militar español. Emilio Herrera Linares, en aquellos mismos años, llegó a ser presidente del gobierno de la República Española en el exilio, concretamente entre 1960 y 1962. Además, era el padre de José Herrera “Petere”, un notable escritor español nacido en Guadalajara, amigo de Alberti y exiliado tras la Guerra Civil. A “Petere”-premio nacional de Literatura en 1938 y cuyo legado se custodia en la Biblioteca de Investigadores de la Diputación- dedicamos el “Guardilón” de marzo de 2023. Este artículo es uno de los 96 publicados por mí en los últimos años en Nueva Alcarria y que forman parte del libro de idéntico título, editado a principios de verano por Aache.

Sumándose a la ascensión en globo aerostático de Herrera y Fernández Duro, sin duda la más importante de todas, el Regimiento de Aerostación de Guadalajara realizó en Burgos otras más el día del eclipse de 1905. Junto con el “Marte”, se desplazaron a la ciudad castellana otros globos también con nombres de planetas, concretamente el “Urano” y el “Júpiter”. Incluso hubo un cuarto globo aerostático que se sumó a la actividad científica de los militares desplazados desde la capital alcarreña, el llamado “Cierzo”, propiedad de Real Aéreo Club. A la expedición militar guadalajareña se incorporaron científicos civiles, destacando entre ellos Augusto Arcimís, considerado el primer meteorólogo español. También se agregaron otros científicos extranjeros, como el meteorólogo alemán Arthur Berson quien, en su país, había batido el récord de altura hasta entonces alcanzado en globo aerostático, subiendo a los 10.200 metros. Emilio Herrera llegó a ascender hasta los 6.000 en 1908, tres años después de aquel eclipse, altura que años más tarde, él y otros, superaron por mucho cuando se llegó a la estratosfera. Cerramos ya la participación del Regimiento de Aerostación en el eclipse de principios del XX, señalando que, además de la compañía desplazada a Burgos, también fue una delegación a Sigüenza, al frente de la que estuvo el comandante Fernández Aceituno, que igualmente realizó algunas pruebas y dataciones sobre el terreno, si bien de menor relevancia que las hechas en Burgos.

La que entonces era maestra de niñas en Atienza, Isabel Muñoz Caravaca, una mujer culta, reivindicativa, activa y adelantada a su tiempo que incluso está en el callejero de Guadalajara, aunque muchos desconocen quién era, también tuvo una participación destacada en los estudios realizados durante el eclipse total de sol de 1905. Isabel Muñoz se desplazó hasta Almazán (Soria) junto a su hijo, Jorge Moya, quien escribió una detallada y cálida crónica para el histórico periódico provincial Flores y Abejas-con el que la propia Isabel colaboró un tiempo, además de con otras cabeceras de la época-sobre el fenómeno solar que ambos allí presenciaron, en compañía y bajo la dirección de Camile Flammarion quien acudió a España a presenciar el eclipse al frente de una misión científica. Flammarion era entonces presidente de la Sociedad Astronómica de Francia, a la que también pertenecía la maestra atencina-nacida en Madrid, de raíces en Alcázar de San Juan, pero desde 1895 y hasta su muerte, acaecida en 1915, radicada en la provincia- ya que era una gran aficionada a la astronomía. Muñoz Caravaca, junto a otros miembros de la sociedad gala, entre ellos los astrónomos franceses Ferdinand Quéninset (subdirector del observatorio de Nanterre) y León Deloy, a quienes se sumó el periodista científico italiano G. Penso, se encargó de realizar algunos trabajos específicos durante las horas previas y el propio eclipse. Concretamente ella fue la encargada de medir y datar las temperaturas de los aparatos utilizados para la observación durante su desarrollo, lo que le supuso algunas críticas por supuesto intrusismo y falta de conocimientos; pero, en el fondo, lo que criticaban era su condición de mujer en un mundo teóricamente vedado solo a los hombres. Así eran las cosas entonces bajo el sol, estuviera radiante, oculto entre las nubes o jugando al escondite tras la luna, como fue el caso de aquel histórico eclipse total de 1905.