13/02/2020 / 22:39
Luis Monje Ciruelo / Periodista


Imagenes

José García Hernandez

Vicepresidente del ultimo gobierno de Franco. Publicado en febrero del 2000


El pasado domingo fue enterrado en Guadalajara en la intimidad, quiero decir con asistencia de apenas una docena de personas, el alcarreño que más alto cargo ha desempeñado en la política nacional (Hay que puntualizar que el Conde de  Romanones, que fue dos veces presidente del Gobierno y varias veces ministro había nacido en Madrid y nunca tuvo residencia oficial en Guadalajara). Don José García Hernández nació en Sayatón y fue vicepresidente primero del Gobierno, a la vez que ministro de la Gobernación, en el Gobierno de Carlos Arias Navarro durante los difíciles años 1974 y 1975.

Que fuera ministro franquista no puede ser motivo para justificar el silencio en torno a su figura en la hora de su muerte, aunque sólo sea por el contraste de una vida rodeada de honores y distinciones con un entierro sin más  acompañamiento que el de su familia. Probablemente haya sido porque así lo dejara dispuesto, pues era hombre poco pagado de vanidades. Su sencillez, quizá en parte fruto de su timidez, le hacía resignarse a la parafernalia de su alto cargo, pero no la buscaba, como otros políticos, ni pretendía con fingidas simpatías aproximarse a los periodistas, algo bastante frecuente en las esferas del Poder.

De mí puedo decir que siempre nos hablamos de usted, aunque ahora podría presumir de vieja amistad exhibiendo alguna expresiva fotografía con él. No hablé muchas veces con García Hernández  porque venía poco por Guadalajara. Por cierto, su primera visita como vicepresidente -visita privada, puesto que de manera oficial nunca vino- fue en enero del 74 para clausurar los actos del centenario de la Residencia de Ancianos “Beata María Jornet”, de la cual fue un gran benefactor, hasta el punto de que llegó a donarle un piso. Pero de tarde en tarde me enviaba, desde sus tiempos de director general de Administración Local, unas líneas de felicitación y aliento por mis campañas periodísticas en la prensa nacional a favor de la provincia.

Ni durante su mandato como vicepresidente primero ni al cesar concedió entrevistas políticas, pero cuando yo le solicité una para la revista mensual “Badiel” que fundé y dirigí durante unos pocos meses de 1975 y 1976,  no dudó en recibirme en su despacho de presidente del Banco Exterior de España y charlar conmigo más de dos horas.

Don José García Hernández estudió la carrera de Derecho con una beca de la Diputación y luego, ya Abogado del Estado, fue su presidente a los 26 años y mereció, treinta años más tarde, su Medalla de Oro y ser nombrado Hijo Predilecto de la provincia, distinciones que también le concedió el Ayuntamiento de la capital.

Poco amigo de ostentosas manifestaciones de alcarreñismo, fue siempre, sin embargo, desde sus altos cargos, un gran valedor de la provincia. Pero sin pregonarlo. Poseía una palabra fácil y una oratoria directa y rectilínea, sin florituras ni barroquismos. Improvisaba con la facilidad que dan la costumbre y la inteligencia y sabía transmitir, con la sencillez de su verbo, su autenticidad como político.

Fue amigo y admirador incondicional de Layna Serrano. Como presidente de la Diputación apoyó el alcarreñismo militante de Tomás Camarillo, cuya obra fotográfica presentó en Madrid en una exposición en el Círculo de Bellas Artes. Contribuyó con su voto en las Cortes Españolas a la transición política y, tras un intento fracasado de volver a ella dentro de la democracia, se apartó de toda actividad pública. Ni siquiera pensó seriamente en escribir y publicar sus memorias a pesar de que hubiesen sido interesantísimas dado su protagonismo en los dos últimos años del franquismo.

Tras su jubilación, venía a Guadalajara con mayor frecuencia, haciendo, como siempre, escasa vida social, y raramente faltaba a las procesiones de Semana Santa, Corpus Christi y de la Antigua, de la que era muy devoto. Su abandono de la política lo vivió con gran discreción, virtud que le caracterizó siempre, aun en su época de más altas responsabilidades. Descanse en paz este insigne alcarreño, quizá un perfecto desconocido para sus jóvenes paisanos, tal ha sido el silencio con que Guadalajara le ha agradecido lo mucho que por ella hizo. Así es la política


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