La Casa Blanca
Todo el mundo está pendiente de los movimientos que salen de la Casa Blanca porque repercuten en el resto del mundo; no son solo las expectativas de millones de personas que están embelesadas en los gestos de un octogenario que aspira a conquistar de nuevo Europa y meter sus zarpas en Latinoamérica, sino en cómo utilizar los recursos en su propio provecho para satisfacer a su parroquia. Siempre que pueden, buscan la algarabía pública para distraer hacia sus verdaderos intereses pero la capital del reino no anda fina y las soluciones son extraer a un líder cuestionado por no seguir los designios de su mando para poner a otro de su cuerda o al menos que no haga tanto ruido. Todo por una reelección, por el poder, por el dinero, por las torres de marfil, por una artillería competente y por un reparto de dividendos. Este párrafo vale tanto para Donald Trump cogiendo del hombro de Nicolás Maduro en el bello amanecer de Caracas como para Florentino Pérez regalando medio abrazo a Xabi Alonso en un atardecer en Yeda. Y es que dos de los mayores núcleos de poder del mundo (cada uno en su área) se encuentran provocando alteraciones de la homeostasis en el resto de interesados.
El 47ª y 49ª presidente de los Estados Unidos de América ha empezado una nada disimulada política imperialista y menos de 12 meses después de su proclamación ya ha descabezado un país para conseguir el petróleo venezolano, uno de los mayores depósitos de todo el mundo y una fuente enorme de riqueza para quien lo explote. Sale Maduro, entran el Crudo (el chiste se cuenta solo) y Delcy. Las elecciones dentro de 18 meses por lo menos, pero mientras tanto, vamos a celebrar la libertad y democracia condicionadas. USA son unos fenómenos en entrar en países, pero el siglo XX les ha demostrado que no son tan elegantes para gestionar el día después. Tras la prueba bolivariana el horizonte nos marca la agenda: un poco de Colombia, un mucho de Groenlandia, un pedacito de Irán y un buchito de Ucrania. Trump solo lleva un año y reconozco que se me está haciendo un poco largo este mandato. Para otro momento hablaremos de las sandalias de José Luis, pero esa es otra historia que nos contarán desde algún Tribunal Federal en New York City. Vayan repasando las normas internacionales sobre extradición internacional mientras les voy explicando que el dólar está perdiendo peso en los mercados internacionales y que cada vez lo “real american” pinta menos en el mundo en comparación con Rusia y China.
Por otro lado, el 15º y 17ª presidente del Real Madrid Club de Fútbol, está repitiendo los mismos errores de la época de los galácticos. Antes eran “Zidanes y Pavones” y ahora eso sigue rimando, pero con sus santos “cajones”. En poco más de seis meses se ha cargado a Carlo Ancelotti (entrenador más laureado de su historia) y a Xabi Alonso, quiza el proyecto de entrenador joven con más potencial para ser el futuro de Concha Espina. Al tolosarra no le han perdonado ni una y mientras tanto, los púberes del club, le han perdido un respeto más que ganado en el terreno de juego. Este quizá, estaba crudo para el cargo, pero la solución, el reconocido entrenador del filial, Álvaro Arbeloa, se ha estrenado con un navajazo certero a su credibilidad en el Carlos Belmonte. Largo trabajo van a tener las oficinas del club para recuperar sensaciones en un momento donde lo deportivo hace aguas, lo económico se empieza a cuestionar (el coste del Bernabéu se ha quintuplicado de los 400 millones de euros presupuestados) y sobre todo, media selección francesa, brasileña e inglesa tiene pinta de hacer las maletas para pagar los platos rotos de este desaguisado.
Y es que amigos, ser del Madrid o pro-americano está muy bien en tiempos de paz. El billete verde manda y los blancos ganan seis Champions en once años. Eso si, en tiempos de guerra, la paliza que dan. Mi consejo es ser muy de Españita y del Betis: acostumbrados al sufrimiento, con dulces alegrías contadas y pintar poco en el escenario mundial. La felicidad desapercibida. La hormiga feliz. Las palomitas, sanas y salvas desde la barrera.