La Cátedra del Tajo alerta de que el ritmo de los trasvases puede vaciar la cabecera antes de la próxima sequía
La Cátedra del Tajo UCLM-Fundación Soliss ha advertido de que el actual ritmo de trasvases desde los embalses de Entrepeñas y Buendía puede impedir consolidar reservas suficientes para afrontar futuras sequías, incluso en un contexto de abundancia como el actual.
La directora, Beatriz Larraz, ha advertido literalmente: “si los trasvases al Levante continúan al mismo ritmo, los embalses de cabecera del Tajo se van a vaciar mucho más rápido de lo que deberían”. Y ha recordado que su función principal “es guardar el agua para etapas secas”. “Quizá no este año, pero sí el que viene”.
La advertencia coincide con la decisión de la Confederación Hidrográfica del Tajo de cerrar el canal entre Entrepeñas y Buendía tras el descenso de aportaciones después del último episodio de lluvias.
Esta alerta de la Cátedra del Tajo llega justo cuando ambos almacenan actualmente 1.673,22 hectómetros cúbicos (el 66,45 % de su capacidad), según los datos oficiales de la CHT. Este volumen sitúa los pantanos en situación de nivel 1 de trasvase, la que activa automáticamente los envíos máximos permitidos por las reglas de explotación. Este nivel 1 no significa abundancia garantizada, sino solo que se supera el umbral administrativo que permite trasvasar al máximo.
El último trasvase aprobado autoriza el envío de 180 hectómetros cúbicos al Segura para los meses de marzo, abril y mayo, a razón de 60 hm³ por mes. Este acuerdo amplía el volumen ya aprobado previamente para marzo (que formaba parte del paquete de 81 hm³ para enero-febrero-marzo) hasta el máximo permitido en nivel 1, completando así el prorrateo trimestral sin ajustes adicionales mientras se mantenga la situación hidrológica actual.
Este vaciado resulta más rápido de lo esperado porque, además de los 60 hm³ mensuales trasvasados al Segura, los embalses de Entrepeñas y Buendía deben liberar volúmenes adicionales para garantizar el caudal ecológico mínimo del río Tajo (en puntos como Aranjuez), tal y como exige el Plan Hidrológico del Tajo. Estas liberaciones de referencia -que aumentan con las nuevas exigencias ambientales- se suman al trasvase y aceleran el descenso de niveles.
La Cátedra del Tajo UCLM-Fundación Soliss insiste en que “hay que gestionar adecuadamente la abundancia de Entrepeñas y Buendía para afrontar las sequías con éxito”. Según su análisis, el umbral que activa el nivel 1 de trasvase máximo (más de 1.300 hm³ en conjunto) se alcanza cuando los embalses superan apenas algo más del 50 % de su capacidad total. Esta configuración, heredada de las reglas de explotación de 1997 y aún sin actualización pese al Plan Hidrológico del Tajo de 2023, permite trasvases al máximo en épocas de bonanza sin priorizar la consolidación de reservas estables.

La Cátedra explica que el resultado es un sistema que opera al límite: “aprovecha cada episodio húmedo para enviar volúmenes elevados al Segura, pero deja poco margen para reconstruir stocks cuando llegan periodos secos”. Las consecuencias a medio plazo (3-10 años) ya se han vivido, según la institución. El periodo 1995-2009 ilustra el patrón: tras una sequía prolongada desde los años 80, llegaron años con precipitaciones por encima de la media. Las autoridades interpretaron esa recuperación como el fin definitivo de la escasez y mantuvieron el trasvase a pleno rendimiento, con volúmenes superiores a los 500 hm³ anuales en los mejores ejercicios. Sin embargo, “los embalses nunca llegaron a recuperarse de verdad”. Las reservas no se consolidaron, y el sistema llegó a la siguiente sequía sin margen de maniobra. Las restricciones de abastecimiento en el Sureste peninsular se evitaron “in extremis” gracias a la entrada en funcionamiento de las desaladoras de la Mancomunidad de Canales del Taibilla, no por una gestión hídrica preventiva sólida. “No fue un problema de falta de información. Fue una interpretación excesivamente optimista de una recuperación puntual”, resume la Cátedra.
A largo plazo (décadas), la Cátedra sostiene que el diseño actual incentiva un agotamiento sistemático de episodios favorables sin permitir que las reservas se reconstruyan de verdad. La coyuntura húmeda actual —como la que ha elevado los niveles en 2026— no equivale a una tendencia consolidada. El nivel 1 describe un momento administrativo, no una garantía de estabilidad hidrológica para los próximos tres o cuatro años. Una sequía severa puede llegar en tres años o en quince, y sin adaptación de las reglas, el ciclo se repetirá: alarma en la escasez, alivio y olvido cuando llueve, y gestión como si la abundancia fuera permanente.
La Cátedra invoca el “ciclo hidro-ilógico” descrito por el meteorólogo estadounidense Ivan Ray Tannehill en 1947: “cuando llega la sequía, cunde la alarma; cuando vuelven las lluvias, el alivio borra rápidamente el recuerdo del problema y se vuelve a gestionar como si la abundancia fuera la norma”. España cuenta con Planes Especiales de Sequía que obligan a planificar con anticipación y no esperar al desastre, pero esa lógica preventiva no se aplica con coherencia al régimen del trasvase, según la institución.
El Plan Hidrológico del Tajo de 2023 elevó las exigencias ambientales -mayor caudal ecológico en tramos como Aranjuez, más restricciones para proteger el ecosistema- y estableció explícitamente que las Reglas de Explotación debían adaptarse a esa nueva realidad. A día de hoy, esa adaptación no ha ocurrido. Existe una incoherencia estructural: “la planificación reconoce cambios en el régimen de aportaciones y mayores demandas ecológicas, pero los umbrales de trasvase siguen anclados en hipótesis y contextos hidrológicos del pasado”, señala la Cátedra. “Esto genera una tentación política de inacción en años buenos: reformar ahora reduce trasvases inmediatos (con costes electorales en el Levante), mientras los beneficios -reservas estables y menor vulnerabilidad- se materializan en sequías futuras, desalineados con ciclos electorales cortos”, aporta.
La bonanza actual representa, precisamente, “el momento idóneo para actuar”, según la Cátedra. Adaptar los umbrales a las exigencias del Plan 2023 permitiría respetar la capacidad real de regulación de Entrepeñas y Buendía, consolidar reservas para afrontar sequías con éxito y garantizar sostenibilidad ambiental en la cuenca del Tajo -incluyendo ecosistemas dependientes del caudal ecológico- sin poner en riesgo el abastecimiento futuro de millones de personas en ambas cuencas. La pregunta clave, según la institución, no es si hoy se puede trasvasar más, sino si el diseño actual favorece estabilidad a largo plazo o incentiva agotar rápidamente cada ventana de abundancia.
La cuestión, concluye la Cátedra, no es si hoy se puede trasvasar más, sino si el sistema actual permite afrontar con garantías la próxima sequía o repite un ciclo que ya ha dejado a la cabecera del Tajo sin reservas en el pasado.