La Junta impulsa en la provincia las ‘ovejas bomberas’ para prevenir incendios
La Consejería de Desarrollo Sostenible ha resuelto en Castilla-La Mancha la primera línea de ayudas destinada a reforzar la prevención de incendios forestales mediante el uso de ganadería extensiva, especialmente de ovino, en lo que se conoce como ovejas bomberas.
En la provincia de Guadalajara la resolución abarca a 19 explotaciones ganaderas, actúa sobre 680 hectáreas de la Red de Áreas de Defensa (RAD) y supone una inversión cercana a los 82.000 euros, en el marco de una política que el ejecutivo autonómico aplica al conjunto de la región.
Las actuaciones se concentran en la Sierra Norte y en la comarca de Molina-Alto Tajo, dos territorios con elevada masa forestal y riesgo histórico de incendios. El objetivo es reducir la carga de pasto y matorral antes del verano en zonas estratégicas como accesos a pueblos, márgenes de carreteras, pistas forestales y franjas próximas a los núcleos habitados, puntos donde con mayor frecuencia se inicia o se propaga el fuego.
“El uso de la ganadería extensiva planificada nos permite reducir la hierba y el matorral en las áreas donde tenemos que prevenir, sobre todo, los incendios forestales”, explica el delegado provincial de Desarrollo Sostenible, Rubén Ortega, que sitúa esta convocatoria como una herramienta preventiva integrada en la planificación anual del territorio.
La línea de ayudas forma parte del Plan Estratégico de la Política Agrícola Común 2023-2027 y está cofinanciada por el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (FEADER). En Guadalajara se ha orientado a zonas donde existe actividad ganadera real y una necesidad clara de intervención preventiva. “No partimos de cero”, subraya Ortega. “Ya hay gente trabajando directamente en el territorio y lo que hacemos es aprovechar esas sinergias”.
El planteamiento responde a la filosofía de la custodia del territorio, una colaboración directa entre la administración y quienes viven y trabajan en el monte. “Mantienen su actividad ganadera y, al mismo tiempo, nos ayudan a tener el monte preparado por si se produce un incendio”, añade el delegado provincial.
Durante años, la prevención se asoció a grandes cortafuegos abiertos de forma lineal. El modelo actual es distinto. “Los cortafuegos kilométricos ya no son lo habitual”, señala Ortega. “Ahora trabajamos con redes de defensa, sobre todo en entradas y salidas de municipios o en carreteras. Si reducimos el combustible en esos puntos, el incendio no corre tan rápido hacia zonas arboladas”.
El pastoreo controlado se suma a otros trabajos preventivos que se desarrollan entre otoño y primavera con las cuadrillas del Plan Infocam y el personal de Geacam, encargados de labores selvícolas y de mantenimiento del monte. La tecnología también tiene su papel, con vigilancia ambiental y uso de drones, aunque el delegado lo resume con una imagen sencilla: “Una oveja es un vigilante las 24 horas. Con un pastor moviendo el ganado donde hace falta, el control es continuo”.
La convocatoria abarca explotaciones de ovino, caprino, bovino y equino, aunque la mayoría de las ayudas concedidas en la provincia corresponden a ovejas, por su capacidad para desbrozar grandes superficies de forma homogénea. Todos los beneficiarios son ganaderos en activo, sin incorporaciones nuevas ligadas a esta línea.
El viceconsejero de Medio Ambiente, José Almodóvar, enmarca la medida dentro de la política regional de gestión forestal sostenible. “Estas ayudas fomentan el uso del ganado en la prevención de incendios forestales y contribuyen a la conservación y estabilidad de nuestros montes y sistemas agroforestales”, señala. A su juicio, la iniciativa permite avanzar en el tratamiento selvícola del terreno y, al mismo tiempo, “refuerza el sector primario en el medio rural”.
En una provincia marcada por la despoblación, el impacto va más allá de la prevención estricta. “Queremos dar un plus a quienes ya están viviendo y trabajando en estos pueblos”, explica Ortega. “Mientras sacan adelante a su familia y a su ganado, nos ayudan a reducir riesgos”.
En la Sierra Norte, las ayudas han llegado a los núcleos de Arroyo de Fraguas, Campillo de Ranas, Colmenar, Bocígano, El Ordial, Roblelacasa, Majaelrayo, Prádena de Atienza, Valdepinillos y Aldeanueva de Atienza.
En la comarca de Molina-Alto Tajo, los núcleos beneficiarios son Peralejos de las Truchas, Olmeda de Cobeta, Mazarete, Pobo de Dueñas, Barbatona, Corralejo, Cabida, Cobeta y Alcoroches.
Durante meses, los rebaños recorrerán caminos, laderas y márgenes de monte. Sin maquinaria pesada ni grandes movimientos de tierra, dejarán tras de sí superficies con menor carga vegetal, un trabajo discreto que puede marcar la diferencia cuando suben las temperaturas y el riesgo de incendio se dispara.
La herramienta
Una revisión publicada en la revista Sustainability concluye que el pastoreo, refuerza a idea; cuando se gestiona adecuadamente, puede disminuir la acumulación de biomasa seca y modificar la estructura de la vegetación de forma que se reduzca tanto la propagación como la intensidad del fuego.
Las ovejas bomberas son una herramienta de gestión forestal preventiva que aprovecha la ganadería extensiva para reducir el riesgo de incendios. Mediante pastoreo controlado y planificado, los rebaños consumen pasto seco y matorral en zonas estratégicas del monte, disminuyendo la cantidad de combustible vegetal disponible antes de la época de mayor peligro.
Este sistema permite actuar de forma natural, continua y sostenible en áreas donde los medios mecánicos o las quemas controladas resultan más complejas, como accesos a núcleos rurales, márgenes de caminos, cunetas, pistas forestales o franjas próximas a carreteras. El ganado es guiado por pastores o delimitado mediante cercados móviles, lo que garantiza una intervención dirigida y eficaz.
Además de su función preventiva, las ovejas bomberas contribuyen a la conservación de los ecosistemas, favorecen la biodiversidad y refuerzan la economía rural, dando un valor añadido a explotaciones ganaderas ya existentes. Es una práctica tradicional que la Junta ha adaptado al siglo XXI para unir prevención de incendios y custodia del territorio, dejando en cada recorrido una franja limpia que puede marcar la diferencia cuando suben las temperaturas y el riesgo de fuego aumenta.