01/06/2019 / 13:46
Jesús Orea


Imagenes

La política y el rugby

Destacable es el hecho de que la Diputación de Guadalajara la haya ganado el PSOE después de ocho años de dominio del PP. 


Dicen los ingleses, que son muy suyos no solo por el aislamiento que conlleva la insularidad sino por su constatada oblicuidad respecto a lo ajeno, que el rugby “es un deporte de truhanes practicado por caballeros”. A sensu contrario, de un tiempo a esta parte las circunstancias y los aconteceres me han llevado a pensar que la política se parece mucho al rugby, y no solo por las continuas melés que se dan en ella, sino porque es una actividad muy noble y, por ende, de caballeros (y de damas, por supuesto) pero en la que, lamentablemente, se han colado demasiados truhanes. 

He decidido comenzar con este párrafo así de fuerte el análisis electoral de los pasados comicios europeos, autonómicos y locales en la provincia en vez de imbuirme de lleno en la estadística, que suele ser la muleta imprescindible para torear este tipo de artículos, porque aún no han terminado prácticamente de hablar las urnas y los portavoces de los distintos partidos ya las están poniendo sordina, en unos casos, y amplificándolas, en otros, aunque con reverberaciones y ecos a su antojo. ¿Y qué quiero decir con esto? Pues que de lo que algunos proclamaban como dogma en campaña electoral y lo decían muy fuerte y clarito para condicionar a los votantes, apenas queda ya un recuerdo lejano y hasta confuso, como si lo hubieran dicho después de la batalla de las Termópilas y no hace apenas unos días.

En esta consideración caben casi todos los partidos, por no decir todos; a saber, José Luis Ábalos, el secretario de organización del PSOE, pide “resetear” el marco político, dirigiéndose especialmente a Ciudadanos, una de las “tres derechas”, para que facilite la investidura de Pedro Sánchez como presidente del gobierno y no permita que Vox entre en ningún gobierno autonómico o local. Por su parte, en el PP, aún “groggys” por los pésimos resultados electorales del 28-A y los malos del 26-M, mientras los barones dicen que el giro al centro dado por los populares en esta campaña ha posibilitado paliar su caída e, incluso, darse alguna satisfacción como Madrid, la dirección del partido sigue diciendo que están donde estaban, aunque eso, sí, al tiempo reclaman la reconstrucción del centro-derecha y del propio partido. El cambio de discurso de Ciudadanos es aún más evidente, sin duda porque el centro es una posición de transición entre la izquierda y la derecha por la que se puede pasar, pero no permanecer, como sucede con la línea del ecuador separadora de los dos hemisferios; así, los de Rivera ya han entornado la puerta que antes tenían cerrada al PSOE de Sánchez y no tengo ninguna duda que sumarán sus votos a los del PSOE en alguna comunidad autónoma y en bastantes municipios ¿entre ellos Guadalajara? Pero, para tratar de seguir en el centro, al tiempo que han entornado la puerta que antes tenían cerrada a Sánchez, han hecho lo mismo con Vox, a quien habían puesto un cordón sanitario por ser “ultraderechistas”, si bien ahora ya se avienen, al menos, a dialogar con el partido de Abascal porque sus escaños pueden ayudarles a obtener cotas de poder institucional autonómicas y municipales. En el caso de Podemos, la fuerza política que peor parada ha salido de las urnas el 26M, Pablo Iglesias aún anda intentando asimilar el hecho de que, desde 2016 en que alcanzó sus mejores resultados electorales, no ha hecho nada más que perder representación y poder, volviendo al PSOE la mayor parte de los votos que le tomó prestados en su día. Eso sí, tras el 26M, los morados son los que menos han cambiado su discurso, primero porque aún se están lamiendo las heridas de la noche electoral y segundo porque andan buscando uno nuevo que les vuelva a posicionar con la fuerza perdida, algo que no tienen fácil pues hasta su aliado natural, que es Sánchez, está haciéndole ojitos a Rivera.

¿Y de los resultados electorales en la provincia, qué? Pues ya lo dejé prácticamente todo dicho en el análisis de urgencia publicado en Nueva Alcarria del lunes pasado, aunque ahora voy a actualizarlo mínimamente, con el reposo que da el paso de las horas. La primer gran noticia que nos trajo la noche electoral del domingo fue la mayoría absoluta de Page en la región; bueno, más que mayoría, casi multitud, porque el toledano se ha ido a 19 escaños, mientras que PP (10) y Ciudadanos (4) suman 14. Page es un remedo de Bono, su impulsor y maestro, que con un populismo pegado a la tierra, su afabilidad y buen trato, su saber estar y decir, su buen manejo del clientelismo y su política mediática -manejo lo que controlo y lo que no, lo contrato- ha conseguido hacer brillar en las urnas una gestión gris, solo gris, y él es el primero que lo sabe. Los politólogos tienen en este Bono 3.0 que es Page un arquetipo de político al que estudiar porque no es que rompa moldes, es que él se amolda a su cuerpo electoral de tal modo que uno y otro se confunden. ¡Chapeau, don Emiliano, y acuérdese un poco más de Guadalajara que ya ve que es tan agradecida que, hasta habiéndola tratado mal como usted lo ha hecho estos años, le ha votado!

Destacable es también el hecho de que la Diputación de Guadalajara la haya ganado el PSOE, después de ocho años de dominio del PP, tras un ciclo anterior de doce de los socialistas. El PSOE ha obtenido 12 de los 25 diputados provinciales, por lo que va a necesitar al menos el apoyo de uno más para asegurarse la mayoría absoluta en la corporación provincial. Lo más previsible es un pacto PSOE-Unidas Podemos, pero no descarten que Ciudadanos ofrezca sus dos diputados provinciales al PSOE en una operación doble que conllevaría también darles su imprescindible apoyo para que también gobiernen los socialistas el Ayuntamiento de la capital. A pesar de que fue el propio Sánchez quien puso un táctico cordón sanitario a PP, Cs y VOX llamándoles “las tres derechas” y pese a que las bases socialistas, con la aquiescencia de la dirección, en la triunfal noche electoral del 28A gritaron hasta quedar roncas “¡Con Rivera, no!”, en la sede del PSOE de Guadalajara y, especialmente, Alberto Rojo, están casi salmodiando un “¡Con Pérez Borda, sí!”. Al tiempo que deben pensar interesadamente que Ciudadanos, en el fondo, no es una de las tres derechas, no en vano el naranja es un color secundario que se obtiene de mezclar los primarios rojo y amarillo, los dos colores de la bandera de España con la que Rivera se envolvió en Cataluña para emerger políticamente.

Termino ya con una sola concesión a la estadística, eso que es peor que una “maldita mentira”, según decía Mark Twain: El 51 por ciento de los electores de la capital votó a PP, Ciudadanos o Vox; si Ciudadanos lleva su 12,15 por ciento de los votos a la cesta del PSOE y da la alcaldía a Rojo, es previsible que un amplio número de votantes naranjas se sienta traicionado porque ha sido el propio PSOE quien ha alentado, primero en el 28A y después en el 26M, la dicotomía de “o votas a las tres derechas, o votas progreso”. Este tipo de situaciones, en las que los partidos interpretan a su interés y conveniencia la voluntad de los votantes cuando no hay mayorías absolutas, se solucionaba muy fácil: con un sistema electoral de doble vuelta.


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