Leopoldina Peinado, la alcaldesa que hizo grande un pueblo pequeño

09/03/2026 - 18:27 FCV

Membrillera, ese puñado de casas de sillarejo y adobe entre la campiña y la serranía de Guadalajara, parece detenido en el tiempo. A 834 metros de altitud, con su iglesia parroquial de Nuestra Señora la Blanca levantada a finales del siglo XVIII sobre las ruinas de la antigua, el municipio de apenas 38,33 kilómetros cuadrados y 95 habitantes guarda el alma tranquila de tantos pueblos de la Campiña y la Sierra

FOTO: LAUTARO LATASA

Allí, desde hace 35 años, Leopoldina Peinado Martín ejerce de alcaldesa. Salmantina de nacimiento, llegó al pueblo de la mano de su marido y, sin pensarlo dos veces, se quedó para siempre.

Ella misma lo explica con esa naturalidad que la caracteriza: se crió entre chicos y nunca notó la diferencia. Por eso, cuando aterrizó en Membrillera y vio que solo había tres alcaldesas en toda la provincia, no se “arredró”. Empezó a tejer vida donde solo quedaban recuerdos. Formó una asociación cultural, convenció a los vecinos de pagar entre todos una piscina y convirtió las viejas escuelas en biblioteca y centro polivalente. Poco a poco fueron llegando el frontón, el campo de fútbol y el polideportivo. “Los pueblos pequeños carecen de muchas cosas, pero de muchísimas”, dice con una sonrisa que esconde orgullo y también algo de cansancio.

Leopoldina cuenta que su día a día sigue siendo una lucha constante. El agua, el alumbrado, un simple arreglo de caminos… todo depende muchas veces de la Diputación. “Si no fuera por la Diputación provincial -afirma con convicción- la inmensa mayoría de nuestros pueblos no subsistirían”. Pero ella no se queja; al contrario, defiende con uñas y dientes cada euro, cada proyecto, cada vecino que decide quedarse.

Cuando habla de las mujeres que vienen detrás, se le ilumina la mirada. Recuerda que cuando ella empezó apenas había referentes femeninos en los ayuntamientos. Hoy son más de cuarenta en la provincia. A las niñas y adolescentes les repite siempre lo mismo: “que se preparen, que cuando tienes una cosa tienes que hacer otra, que pueden llegar prácticamente donde quieran, pero que tienen que proponérselo”, se dirige.

Pueden llegar prácticamente donde quieran –insiste- pero tienen que proponérselo”.

En Membrillera todos la llaman Leopoldina a secas. Es la alcaldesa que paga la piscina con el sudor de sus vecinos, la que transforma escuelas abandonadas en bibliotecas vivas, la que pelea cada día para que un pueblo pequeño no se convierta en un recuerdo. Y lo hace sin aspavientos, con la misma discreción con la que llegó hace más de tres décadas. Porque para ella la política no es un cargo: es cuidar de los suyos. Y en Membrillera, sus suyos son todos.