07/06/2020 / 13:57
Jesús Orea


Imagenes

Los Baroja y Guadalajara

Quien nos ofrece una larga información sobre la vinculación de su familia con Tendilla es el sobrino de Pío, el gran antropólogo y escritor Julio Caro Baroja, en su conocida obra ‘Los Baroja’.


Estos duros y difíciles tiempos de confinamiento domiciliario por causa del coronavirus que, aunque progresivamente atenuados, aún seguimos viviendo, también tienen su punto de luz si queremos ir en su búsqueda. Para encontrarla nos auxiliarán un refrán y un dicho, que el castellano es muy rico en ambos tipos de sentencias populares: “al mal tiempo, buena cara” y “el que no se consuela es porque no quiere”. Una de las luces que más y mejor me está permitiendo verle a la vida su mejor cara en esta complicada etapa es la lectura, la ocupación que, junto con la escritura, más me apasiona. Leer y escribir más, escribir y leer más, que tanto monta y son vasos comunicantes, me está ayudando, ciertamente, a combatir la monotonía y el tedio que han traído el confinamiento e, incluso, a viajar sin salir de casa. Ese tiempo extra que estoy dedicando a ambas tareas me está posibilitando, entre otras cosas, releer y revisar autores clásicos de la literatura en castellano cuyas obras ya acumulan una cierta pátina de polvo en los anaqueles de mi biblioteca, que no es hexagonal como la de Babel de Borges, por haberlas leído hace tiempo. García Márquez, Cela, Delibes, Galdós, Azorín, Pío Baroja… son algunos de los nombres propios de esa extraordinaria nómina de literatos que me está acompañando a vivir en estos tiempos del coronavirus –casi pongo del cólera…-. Precisamente, releyendo la gran trilogía de Baroja La lucha por la vida” conformada por La Busca, Mala hierba y Aurora roja  decidí el contenido de este “Guardilón” en el que vamos a revisar, de forma somera por las limitaciones de espacio, la vinculación de los Baroja con la provincia de Guadalajara, que no fue poca según veremos.

 

La primera y principal clave de la relación entre algunos de los más conocidos miembros de la familia Baroja y la provincia de Guadalajara nos la aporta Camilo José Cela en su Viaje a la Alcarria cuando, al llegar a Tendilla, pregunta en la taberna a unas chicas si conocen a Pío Baroja porque allí tiene un olivar “para poder tener aceite todo el año”. Bien es sabido que en el libro del viaje alcarreño de CJC hay personajes, escenas, conversaciones y afirmaciones que tienen un carácter estrictamente literario; no es el caso de esta cita pues, efectivamente, la familia Baroja adquirió en la posguerra una finca en Tendilla con una extensión de 57 fanegas de secano y 7 de regadío, con 1.200 olivos y por la que pagaron 60.000 pesetas de las de entonces. La propiedad de la familia Baroja en esta localidad alcarreña no se limitó a un predio rústico, sino que se amplió a una vivienda de cierto porte, situada a la salida del pueblo en dirección a Sacedón, y por la que abonaron 19.000 pesetas. ¿Y por qué eligió Tendilla la familia vasca Baroja para adquirir sendas fincas, rústica y urbana, si no tenía vinculación alguna con este pueblo alcarreño? El quid de la cuestión nos lo aporta ese alquimista de la palabra que es Francisco García Marquina, en su notable Guía del Viaje a la Alcarria, al revelar que quien dio noticias de Tendilla a los Baroja fue una criada suya, llamada Feliciana, natural de este pueblo. Aprovecho ya la referencia del libro de Marquina para decir que también en él se relatan dos circunstancias que vinculan a la familia Baroja con la provincia de Guadalajara: el profesor de Terapéutica que tuvo Pío Baroja cuando estudió Medicina fue el reputado doctor alcarreño Benito Hernando –quien da nombre oficial a la calle de la capital popularmente conocida como Museo- y otra criada de la familia, natural de Mazuecos, se granjeó las simpatías del escritor vasco y de su parentela cuando les defendió con gallardía ante una revuelta de los obreros de la panadería y confitería que regentaban en Madrid, la afamada “Viena Capellanes”.

Quien nos ofrece una larga y ancha información de la vinculación de su familia con Tendilla es el sobrino de Pío, el gran antropólogo y escritor Julio Caro Baroja, en su conocida obra Los Baroja. En ella dedica un capítulo entero, el XXX, a esa notoria relación entre ellos y Tendilla, adonde se desplazaban desde Madrid con alguna frecuencia, siempre en autobús al parecer, no solo para obtener aceite en tiempos de escasez y estraperlo como los de posguerra según reflejó Cela, sino para pasar allí días de asueto, cazar y, por supuesto, escribir. Carmen, la hermana también escritora de Pío Baroja y madre de Julio Caro, siguiendo un tanto la tradición matriarcal vasca a pesar de ser diez años más joven que el autor de La Busca” fue quien más tiró de la familia hacia Tendilla, pueblo en el que disfrutaba mucho de sus paseos hasta las ruinas del convento de Santa Ana. También le agradaban sobremanera las frutas y las verduras de la localidad alcarreña. Al morir Carmen Baroja en 1950, la familia prácticamente dejó de ir por Tendilla, algo que Julio Caro justifica como una reacción emocional pues quien más y mejor unía a los Baroja con el pueblo alcarreño era, precisamente, su madre.

En la obra literaria de Pío Baroja, la provincia de Guadalajara también aparece reflejada en varias ocasiones, especialmente en los dos primeros libros de la trilogía La Lucha por la vida y en La nave de los locos, una de las obras que conforman otra de sus trilogías más conocidas, Memorias de un hombre de acción. Nuestro admirado compañero colaborador de “Nueva Alcarria”, José Serrano Belinchón, detalla las principales referencias a nuestra provincia en la obra de Baroja en su recomendable libro Guadalajara en la literatura. En La Busca el primer volumen de la trilogía La lucha por la vida y una de las obras más conocidas de Pío Baroja al haber sido durante muchos años lectura obligatoria en los planes de enseñanza de secundaria como ejemplo del realismo social en los escritores de la Generación del 98, el literato vasco cita a Cogolludo en varias ocasiones. Primero, de manera anecdótica y recurrente, cuando emplea el nombre de esta villa guadalajareña como sustituto eufemístico de la palabra “cojonudo”, algo que repite cuando emplea “moler” para sustituir la también malsonante “joder”. Esta primera referencia, curiosa y episódica, a Cogolludo en La Busca da paso a una segunda con mucho mayor peso literario en Mala hierba”cuando, en el último capítulo de la primera parte de este segundo volumen de la trilogía La Lucha por la vida  Baroja lleva al personaje de la baronesa a vivir durante una breve temporada allí, junto con su hija Kate y Manuel Alcázar, el protagonista de la trilogía. Pío Baroja no es precisamente generoso en adjetivos con el pueblo guadalajareño: “Fueron a Cogolludo, y la baronesa se llevó el gran chasco. Creía que el pueblo sería algo así como una aldea flamenca, y se encontró con un poblachón en medio de una llanura”.

En “La nave de los locos”, perteneciente, como ya hemos dicho, a la trilogía Memorias de un hombre de acción en la que Pío Baroja novela las guerras carlistas del XIX, se hace amplia referencia a tres municipios históricos de la provincia: Atienza, Sigüenza y Molina de Aragón. Los tres salen mejor parados que Cogolludo del tintero del escritor del 98, aunque tampoco les obsequia demasiados adjetivos, concediéndoles exactamente los justos. Citemos, como ejemplo, estas palabras dedicadas a Molina correspondientes al capítulo IX de La nave de los locos: “Molina de Aragón es un pueblo de cierto empaque aristocrático, con casas hermosas, calles bastante anchas y una gran fortaleza que volaron los franceses en la guerra de la Independencia, dejando de ella solamente varios torreones, altos y dramáticos”. A Sigüenza también le escribe Baroja en un artículo publicado en “El Imparcial” el 2 de diciembre de 1901. Es muy cicatero y áspero en sus consideraciones sobre “la ciudad del Doncel”: “El pueblo apareció a lo lejos con su caserío agrupado en la falda de una colina, con las cuadradas y negruzcas torres de su rectoral y sus tejados roñosos, del color de la sangre coagulada”.

Julio Caro Baroja, por su parte, además de sus frecuentes visitas familiares a Tendilla, mantuvo siempre vinculación con la provincia dada su dedicación a la antropología y la etnología que encontraban aquí un amplio campo de estudio e investigación por la gran riqueza y variedad de ésta en manifestaciones de interés etnográfico. Caro Baroja cuajó una buena amistad con el recordado maestro, librero de viejo y también etnógrafo, Sinforiano García Sanz –“Sinfo”-, natural de Robledillo de Mohernando. Fue éste quien, precisamente, puso a Julio Caro en camino en 1965 para su célebre A caza de botargas, que primero fue un amplio artículo publicado en la “Revista de Dialectología y Tradiciones Populares” dedicado a las botargas de Beleña, Montarrón, Retiendas y Robledillo, y después el guión de un reportaje homónimo del NO-DO que llevó a dar noticia e imágenes de nuestros enmascarados pre-carnavalescos a todos los rincones de España, poniéndoles en el mapa de las tradiciones más inveteradas y singulares del país. Caro Baroja visitó en varias ocasiones nuestra provincia por razones generalmente de trabajo, aunque también de asueto, asistió a la Carta de Candelas de El Casar, estuvo presente en la salida de varias botargas en más de una ocasión y recogió y llevó varias piezas de valor etnográfico para el Museo del Pueblo Español, del que fue director diez años, entre 1944 y 1954. Incluso escribió en su libro Vidas mágicas e Inquisición sobre un escabroso capítulo acontecido en el siglo XVII entre un prior y un monje de Bonaval, mediando acusaciones de prácticas demoníacas en la abadía cisterciense de Retiendas.


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