Los sonidos tradicionales de Semana Santa
Entrados en Semana Santa, recordamos la importancia de los sonidos tradicionales en la configuración de los ambientes rituales en nuestro entorno cultural.
Con el mismo título de este artículo el Centro de Cultura Tradicional de la Diputación de Guadalajara ha preparado una exposición temporal en la Posada del Cordón de Atienza, que permanecerá abierta hasta el día 13 de abril, y que se complementa con la conferencia que impartí sobre el mismo tema, el pasado día 26, y que ahora resumo para los lectores.
Aunque hablamos de Semana Santa en nuestra tradición, ésta no se puede concebir sin el tiempo de Cuaresma de la que forma parte, ese periodo de preparación para el recuerdo y la celebración de la pasión y muerte de Jesús. La vida cotidiana, en un país fuertemente condicionado por la mentalidad religiosa, llegó a configurar un tiempo de austeridad festiva en el que el silencio o los sonidos vinculados a los ritos religiosos dominaron los paisajes sonoros de pueblos y ciudades.
En la Guadalajara rural, al igual que en otros lugares de nuestro entorno, era habitual que las mozas recorrieran las calles, desde el principio de la Cuaresma, portando un “ramo”, “Cristo” o “santo”, una especie de estandarte, con cruces, medallas y cintas, de diversas formas, que encabezaban sus rondas petitorias, entonando un extenso repertorio de cánticos religiosos como “El arado” o “La baraja” y otros muchos, a veces de procedencia culta, que, con distintas versiones, forman parte de los cancioneros locales tradicionales. El dinero recaudado a los transeúntes se destinaba a comprar cera para los oficios y ritos y, ocasionalmente, para hacer alguna merienda. Esos cánticos también se entonaban en las procesiones y ritos de Semana Santa, costumbre aún presente en algunos lugares, aunque, por lo general, ésta es una práctica en retroceso.
Tamborrada de Hellín. Foto: José Antonio Alonso.
También en tiempo de Cuaresma, en alguna localidad del sur de la región –Calzada de Calatrava-, varias parejas de mujeres siguen transitando las calles, haciendo sonar sus campanillas, solicitando dinero para pagar las misas por las ánimas benditas. En esa misma localidad y en otras como Chinchilla, salen unas largas bocinas con ruedas para su transporte, que, en el silencio de la noche, sobrecogen los oídos de las gentes con su sonido profundo, invitando al recogimiento y la oración.
En la provincia de Guadalajara, los aerófonos que se escuchaban con un parecido registro tímbrico, en Semana Santa, eran las caracolas que acompañaban las procesiones, en lugares como Palazuelos, Abánades y Morillejo; en la de Cuenca se tocan trompetillas de barro, por estas fechas. Tanto las caracolas como las trompetas o bocinas de barro tuvieron otros usos antiguamente, relacionados con la llamada a “dula” de los rebaños y la comunicación de pastores y segadores. Todavía se fabrican en alfares de Cuenca –Priego- y Ciudad Real –Villafranca de los Caballeros-.
Carraca de mano. Morillejo.
Otros instrumentos aerófonos tradicionales forman parte del mundo sonoro de estos ritos. En Chinchilla de Montearagón (Ab) se sigue interpretando, en Viernes Santo, una “Pasión cantada”, de origen secular, recuperada de forma plena en 1990 y que está interpretada por un grupo vocal acompañado de una chirimía.
En la ciudad de Guadalajara, a raíz de la recuperación de la dulzaina y el tambor, “Los Maurotos” acompañan alguna procesión, interpretando marchas fúnebres compuestas por el profesor Antonio Trijueque.
Otros sonidos se oían en las iglesias en el Oficio de Tinieblas, en el que la gente con sus ruidos de carracas, palmas, golpes de garrotas, etc. ponía su banda sonora a la escenificación de la muerte de Jesús, mientras se iban apagando las velas de los “tenebrarios”, triángulos de madera con 15 velas, símbolo de los 11 apóstoles, las tres marías y la Virgen María, cuya luz permanecía encendida.
En Semana Santa, enmudecen las campanas, en señal de luto. En lugares como Pastrana (Gu), Chinchilla (Ab) o Torrijos (To), las carracas o matracas de torre se encargan de llamar a los fieles. También los niños tocaban carracas de mano por las calles para convocar a los oficios, en una práctica antaño generalizada, pero que actualmente se encuentra también en retroceso.
Tal y como venimos contando, muchos sonidos y costumbres de estas fechas están en retroceso, algunos se van incorporando a los ritos, pero otros muchos están viviendo un momento álgido. Este sería el caso de muchas agrupaciones populares como las bandas de cornetas y tambores y otras de corte clásico como los coros de voces, que en estas fechas interpretan repertorios adecuados para la ocasión, y las bandas de música de mayor o menor tamaño, que interpretan distintas marchas procesionales
Cartel de la exposición: Los sonidos de la Semana Santa.
Actualmente son muy populares las grandes tamborradas de la región –Hellín, Tobarra, etc.-, que reúnen a miles de personas tañendo tambores y bombos de muy variadas formas, en distintos momentos de la Semana Santa, al igual que ocurre en muchas localidades del Bajo Aragón y en otros lugares. En estos casos el tambor se ha convertido en seña de identidad colectiva. En los momentos álgidos con mayor concentración de tambores el ruido es ensordecedor y la tierra vibra bajo los pies.
La emisión de ruidos y estruendos en ciertos ritos se ha relacionado con antiguas creencias de carácter regenerador, presentes en las culturas clásicas mediterráneas. En este sentido, resulta muy ilustrativa la lectura de la comunicación: Los tambores de Semana Santa, el sonido protector de dioses y hombres, que A. GONZÁLEZ BLANCO y J. F. JORDÁN MONTES, presentaron en las IV Jornadas de Etnología de Castilla-La Mancha.
Con los ritos del Sábado de Gloria y del Domingo de Resurrección se vuelve a escuchar el sonido de las campanas que permanecieron mudas en señal de luto.