Las sementeras de nuestro folklore

08/02/2026 - 13:00 José Antonio Alonso/Etnólogo

  Una nueva generación de gentes formadas en las escuelas está liderando ya proyectos de folklore que darán continuidad a la tradición cultural de nuestra tierra.

Tratábamos, el otro día, sobre la necesidad del relevo generacional y el papel de la enseñanza en el folklore. Citábamos entonces algunos ejemplos, como los hermanos Fuentes o Edmundo Cabellos, que tanto han hecho, y siguen haciendo, en el campo de la enseñanza y recordábamos el imprescindible papel de las escuelas y centros de folklore de nuestra tierra. Antes hubo otros nombres, históricos ya, como Pilar Puertas y Clodoaldo Mielgo, que tantos esfuerzos dedicaron a la conservación del folklore molinés.

El patrimonio etnográfico  es cosa de todos y en su necesaria transmisión nos implicamos  personas, familias, asociaciones, instituciones, etc. Esta tarea resulta más fácil donde hay esfuerzos aunados y con continuidad, y prácticamente imposible en los lugares donde apenas queda población estable, en los “desiertos de la cultura”, como dejó escrito Santiago Araúz. 

Los nombres que citábamos el otro día son sólo una pequeña muestra del esfuerzo que se está haciendo en nuestra provincia, porque los campos de trabajo y los ámbitos de aplicación donde se desarrollan las tareas son muy variados: investigación, museización, difusión, enseñanza y práctica folklórica y, por otro lado, los ámbitos personales, familiares, institucionales y sociales, en general, son también variados. 

Una puesta en escena de la Escuela de Folklore. Foto: José Antonio Alonso.

Tal vez el otro día afectados por las pérdidas y preocupados por una cierta falta de relevo pudimos  transmitir algún pesimismo, pero lo cierto es que también tenemos motivos realistas para el optimismo, porque también hay personas, familias y centros que están haciendo mucho por el futuro de nuestra cultura tradicional y hablaremos de ellos, conscientes de que en la cultura popular, normalmente anónima por definición, las citas personales pueden conllevar una cierto agravio comparativo, pues la lista debería siempre ser más amplia que la que se cita.

Si hablamos de centros de enseñanza del  folklore, me referiré, en primer lugar a la ESCUELA PROVINCIAL DE FOLKLORE, que es la que mejor conozco. El centro de la Diputación de Guadalajara lleva más de 40 años trabajando en la enseñanza y difusión del folklore y se ha convertido en un lugar de encuentro en el que varias generaciones de músicos, danzantes y artesanos han encontrado cobijo para desarrollar, transmitir y mejorar sus habilidades. Para preparar esa “casa del folklore” ha sido necesaria la apuesta de la Institución provincial, de sus responsables políticos, del personal técnico y administrativo y de una plantilla de profesores capaces de llevar a cabo su tarea. No puedo citar nombres porque no quiero olvidarme de nadie, pero, el resultado final es siempre fruto del trabajo en todos esos niveles.

Ya desde sus principios, había familias matriculadas cuyos miembros enseñaban y aprendían a la vez, apellidos que forman parte de la historia del centro y de nuestra cultura tradicional: Los Pérez, Trijueque, Nolasco, Moratilla, Rodríguez, Garrido, etc., que estuvieron matriculados como alumnos, pero que, con el tiempo, acabaron impartiendo clases en el propio centro y en sus extensiones de Sigüenza y Molina, en sus campañas de “Nuestra Tierra, Nuestra Cultura” por los pueblos, en otros centros, o dirigiendo rondas o formando grupos de música o baile, de todos conocidos.  De las tareas de enseñanza de la Escuela se han nutrido rondas, grupos de gaiteros y de folklore, en general; y muchas de nuestras fiestas y ritos recuperados o de nueva creación están ahora liderados por gente joven que llevan, entre otros,  algunos de esos apellidos.

Grupo de bailes 'Palacio de la Cotilla'. Foto: José Antonio Alonso.

Hablamos de profesores y profesoras de música y baile. El área de Artesanía vino rodando con las necesidades de los primeros alumnos que requerían indumentarias adecuadas para lucirlas en sus actuaciones. Y así surgieron  los talleres de Indumentaria y de Labores, que se convirtieron en lugar de documentación e intercambio. A los apellidos de profesores y profesoras, citados arriba,  habría que añadir los de muchas abuelas, madres, esposaS que, durante años, confeccionaron y confeccionan las prendas que lucían y lucen sus nietas y nietos, hijos e hijas y esposos. El resto de especialidades artesanas fueron incorporándose para rescatar del olvido muchos oficios y técnicas desaparecidos o en riesgo de desaparecer, o, en el caso del taller de Restauración Etnográfica, para detener el deterioro progresivo de las piezas etnográficas que ya habían empezado a valorarse como patrimonio material de la provincia.

Otro de los centros veteranos en la difusión y formación de los nuevos músicos y danzantes  de nuestra tierra son las ESCUELAS MUNICIPALES DE GUADALAJARA, que, desde 1987, mantienen, entre otras, un aula de “Bailes Regionales”, en estrecha relación con el GRUPO DE BAILES “PALACIO DE LA COTILLA”, que, a partir de 2021, se constituyó como Asociación cultural, manteniendo una intensa actividad formativa y de divulgación a lo largo de todo el año. El grupo realiza exposiciones, imparte charlas, recupera danzas, como la  antigua danza de zancos de Guadalajara y  organiza también el Festival Nacional de Folklore “Ciudad de Guadalajara”. Estas escuelas municipales mantienen también abiertos talleres de diferentes especialidades de música, danza y artesanía.

Otras iniciativas, públicas y privadas se preocupan, así mismo, de la formación de los nuevos músicos y danzantes que acabarán formando parte de los grupos. Las escuelas han venido a sustituir, en una importante medida, al aprendizaje de los jóvenes que se realizaba tradicionalmente por imitación y por la enseñanza de las generaciones más veteranas. Esto sigue ocurriendo todavía en los grupos de danza de ritual de nuestra provincia, que ensayan las danzas heredadas de sus ancestros, generación tras generación.

Un ensayo de los danzantes de Valverde. Foto: José Antonio Alonso.

Pero, afortunadamente, la lista de iniciativas, grupos de baile y de danza de ritual, gaiteros y tamborileros, rondas de cortejo, navideñas, etc., que siguen funcionando por estos pagos, es larguísima e imposible de relacionar, sin caer en olvidos injustos. A todo ello habría que añadir la existencia de centros de folklore, museos etnográficos, publicaciones y la tarea imprescindible de personas que se ocupan en la investigación y documentación de diversos aspectos de nuestro folklore y que vienen a sentar las bases sólidas sobre las que se sustenta la tarea de todas esas escuelas y grupos de los que venimos hablando. 

En resumidas cuentas: es cierto que se necesita un cierto relevo generacional, pero no es menos  cierto que existe ya una sabia joven, formada convenientemente en las escuelas, que circula por los árboles de nuestro folklore con una fuerza y energías renovadas y que, sin duda, seguirán manteniendo viva la llama de la cultura tradicional en nuestra tierra.