Multitudinario recibimiento de la Virgen de la Antigua por las calles de Guadalajara. Galería fotográfica.

Numerosas autoridades acompañaron a la patrona en su día grande, liderados por el alcalde, la ministra Valerio y el presidente de las Cortes regionales.


Y  llegó el día más esperado para muchos guadalajareños. El 8 de septiembre, día de la Virgen de la Antigua, es uno de los momentos más importantes de las Ferias y Fiestas de Guadalajara. Porque es cuando hay que demostrar, más que nunca, la devoción por una imagen que recorrió las principales calles del centro de la ciudad para salvar la distancia entre la iglesia del Fuerte de San Francisco y su santuario. Y un año más, sin importar que el día siguiente fuera laborable en la capital pese a que la fiesta caía en domingo, acompañaron a la patrona en ese recorrido. 

Los alrededores de la iglesia eran un hervidero de gente desde mucho antes de que dieran las 20.00 horas, momento en el que estaba prevista la salida de la patrona en su carroza. Numerosas personas se apostaron en la cuesta por la que se llega a este hermoso templo para ser los primeros en divisar la salida. Allí también se encontraban los muchos guadalajareños, vecinos de la capital o no, que se habían vestido con sus trajes de alcarreños, como manda la tradición. Esta costumbre parece que crece cada año entre los más pequeños, que lucen con gracia unos atuendos que les acercan aún más si cabe a sus raíces. Y no podían faltar, evidentemente, los vecinos de otras muchas localidades de la provincia que se acercaron ayer a la capital para entregar sus ofrendas a la Virgen. Los productos típicos llenaron cestas de mimbre. Mieles, rosquillas, embutidos pero, sobre todo, productos frescos de la huerta, fueron portados durante todo el recorrido por los que realizaban las ofrendas, que caminaban orgullosos mientras centenares de guadalajareños les hacían un paseíllo de agradecimiento. 

El paso de la procesión se fue alargando tal y como estaba previsto, pues eran muchas las personas que decidieron acompañar a la patrona en su gran día. Entre ellos no faltaron, como era de esperar, los representantes políticos. Los primeros en aparecer fueron los representantes nacionales, entre ellos la diputada Silvia Valmaña; los senadores Julio García, Rafa Esteban y Antonio Román; y el subdelegado del Gobierno, Ángel Canales. Posteriormente, el presidente de la Diputación, José Luis Vega, encabezaba la fila de representantes de la institución provincial; a quienes siguieron los del Ayuntamiento de la capital. Finalmente, la comitiva de políticos la cerraban las autoridades mayores: el alcalde, Alberto Rojo; el presidente de las Cortes regionales, Pablo Bellido; y la ministra de Trabajo en funciones, Magdalena Valerio.

También se sumaron a las autoridades otros representantes de la sociedad guadalajareña y, por supuesto, muchos vecinos anónimos que no querían perderse este momento. Muchos lo hicieron acompañados de sus familias, porque sin duda esta procesión fue el gran acto de un día reservado prácticamente a la veneración de la Virgen de la Antigua. De hecho, al margen del Desfile de Gigantes y Cabezudos y de un vermú solidario, el día estuvo dotado de un halo religioso importante. Por la mañana, la misa de las familias, pese a ser a las 8.00 horas, congregó a muchísimas personas en la iglesia. Lo mismo pasaría al mediodía, cuando tuvo lugar la misa solemne presidida por el obispo Atilano y concelebrada por una veintena de sacerdotes. Y nuevamente el obispo fue el encargado de encabezar una procesión que tuvo su principal encuentro con los guadalajareños en la calle Boixareu Rivera. Allí es donde más vecinos se apostaron a ambos lados de la carretera. Tanto en el lado del parque de La Concordia como en el contrario. Pero es cierto que los que mejor vieron el paso de la patrona y de los alcarreños convenientemente vestidos fueron los que se hicieron con uno de los lugares de mayor altura del parque. Muchos siguieron el rezo que marcaba uno de los sacerdotes gracias a un micrófono, otros preferían realizar sus plegarias a su manera, pero sin quitar la mirada a la Virgen de la Antigua. 

De esta forma, a medida que se acercaba la larga comitiva al santuario de la patrona, la noche se fue apoderando de la ciudad. A su paso por San Ginés, la campanas comenzaron a sonar, anunciando de esta forma que la llegada estaba cerca. Las luces encendidas y las velas que arropaban a la imagen, junto con numerosos ramos de flores, dotaron a la procesión de una belleza especial, que atrapaba a todo aquel que posaba sus ojos en ella.


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