29/12/2019 / 16:03
Silvia Valmaña


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Ni santos ni inocentes

Junqueras no es inocente. Ha sido condenado por el Tribunal Supremo, en un proceso con todas las garantías, a una pena de 13 años de prisión por sedición y malversación.


Parece que el tan traído y llevado espíritu de la Navidad no ha calado en las reacciones ante la Sentencia dictada por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea con relación a la controvertida inmunidad de Junqueras tras su proclamación como diputado electo del Parlamento europeo.

Lo cierto es que la sentencia no ayuda a ese espíritu navideño; primero, porque parece que nos toman el pelo quienes afirman hoy una cuestión que va contra lo que la Unión Europea ha mantenido desde siempre en relación con la adquisición plena de la condición de eurodiputado y su vinculación a los usos y prácticas del país de origen. Lo peor es que la sentencia es opinada interesadamente o directamente tergiversada para hacer creer a la opinión pública, extranjera y española, que Junqueras es un santo, inocente, condenado por la pérfida y represora España. Y algunos, pican. Pues hay que decir, alto y claro, que no es verdad.

Junqueras no es inocente. Ha sido condenado por el Tribunal Supremo, en un proceso con todas las garantías, a una pena de 13 años de prisión por un delito de sedición y un delito de malversación. Es decir, que utilizó el dinero público de manera ilícita para cometer no sólo ese delito de malversación sino como instrumento para la sedición, para alzarse pública y tumultuariamente para impedir la aplicación de las leyes. Todos tenemos en la retina los sucesos de 1-O y, por lo tanto, fuimos espectadores de lo que los jueces han declarado como hechos probados.

Junqueras no goza ya de la presunción de inocencia, porque ha sido condenado; no pueden, ni él ni sus voceros, alzar la voz contra su situación de privación de libertad. Junqueras está en la cárcel porque ha sido condenado; punto. Y el TJUE no cuestiona esa condena ni esa situación de privación de libertad. El TJUE afirma la existencia de una situación de inmunidad por la mera proclamación como candidato electo de Junqueras, en una cuestionable interpretación del artículo 9 de una norma de la Unión Europea que, por cierto, tiene el nombre de Protocolo sobre los privilegios y las inmunidades de la Unión Europea. ¡Vaya paradoja! Los que querían acabar con el aforamiento de diputados y senadores y otros cargos públicos en España son ahora los que se rasgan las vestiduras porque Junqueras no es impune. Porque la diferencia entre aforamiento, inmunidad e impunidad es abismal y podrá ser objeto de otro comentario.

Espero que Junqueras sea capaz de arrepentirse y convertirse, porque la Navidad es época de conversión para todos, y así alcanzar la santidad que debería ser una aspiración generalizada. Pero lo que sí es cierto es que Junqueras, como el resto de los condenados del dichoso “procés”; no es inocente, porque así lo ha dicho el Tribunal Supremo y así también lo admite el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.


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