Pablo Álvarez y Sara García: dos astronautas ante un eclipse que también les hizo mirar al cielo como cualquiera
Los dos astronautas de la Agencia Espacial Europea viven en Yebes la totalidad del eclipse entre fascinación, emoción y la espera de un viaje que todavía está por llegar.
El Sol vuelve a iluminar sus rostros. Pablo Álvarez y Sara García Alonso acaban de vivir uno de esos momentos que, pese a la formación, los conocimientos y la preparación acumulada durante años, no necesitan explicación científica. Son astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA), pero ante la sombra de la Luna se comportan como cualquier persona que acaba de contemplar algo extraordinario.
“Estoy fascinada y maravillada”, reconoce Sara García Alonso. Para ella, lo que acaba de suceder en Yebes es “uno de los fenómenos más bonitos de la naturaleza que he visto jamás”.
Pablo Álvarez comparte la emoción. Los dos llevan horas atendiendo a periodistas, repitiendo explicaciones y contando qué han sentido. Y, sin embargo, la sonrisa no desaparece. “Tienes como la dopamina muy alta y luego cuando llegas a casa duermes muy bien”, bromea Pablo sobre esa sensación que permanece después de una jornada como esta.
Astronautas, pero todavía con los pies en la Tierra
Hay algo que ambos quieren dejar claro: todavía no han estado en el espacio. Fueron seleccionados por la ESA en 2022 y desde entonces su vida ha estado ligada a una preparación continua para una eventual misión.
Pablo es ingeniero aeronáutico. Sara es biotecnóloga. Ninguno de los dos procede del campo de la astronomía y tampoco consideran que su condición de astronautas les permita comprender mejor un eclipse que cualquier otra persona.
“Un eclipse va a ser igual para nosotros que para cualquier otra persona”, explica Pablo. Sara añade que ser astronauta no proporciona “unas gafas diferentes” para contemplar el fenómeno.
Y ahí aparece quizá la parte más humana de ambos. Después de haber superado uno de los procesos de selección más exigentes de la ESA, de haber sido elegidos entre 23.000 candidatos y de llevar años preparándose, ante la totalidad se han sentido simplemente espectadores.
La otra mirada sería desde el espacio
La diferencia llegaría si algún día pudieran contemplar un eclipse desde fuera de la Tierra. Esa experiencia sí ofrecería una perspectiva completamente distinta, con nuestro planeta y la sombra de la Luna formando parte de una misma escena.
Pero ese momento todavía no ha llegado.
“Ese es el plan”, responde Pablo cuando se les pregunta si están preparados para viajar al espacio y si esperan ser llamados para una misión. La respuesta resume una carrera construida sobre la paciencia: estar preparados cuando llegue la oportunidad.
La formación, además, no tiene final. Un astronauta continúa preparándose incluso después de haber volado y regresaría después a la formación para futuras misiones. En el caso de Pablo y Sara, la espera todavía forma parte del camino.
Por eso la imagen de ambos después del eclipse tiene algo especial. El Sol vuelve a iluminar sus caras después de haber desaparecido durante la totalidad. Y ellos, astronautas de la ESA que algún día podrían contemplarlo desde mucho más lejos, acaban de vivirlo aquí, en Yebes, como dos personas fascinadas ante el cielo.
Quizá sea esa la mejor fotografía de la jornada: dos futuros viajeros del espacio mirando hacia arriba, todavía con los pies en la Tierra, después de haber visto desaparecer el Sol.